Cristina había movido primero. Sabía que iba a ser muy difícil ganar un balotaje con ella a la cabeza. Más importante, que gobernar sería imposible. Macri quedó perplejo. Su reacción se demoró. Como a ella, había que hacerle entender que su plan era sinónimo de derrota. Y ayer, después de años de negación, se divorció finalmente de Marcos Peña. El jefe de Gabinete es el verdadero rostro del Presidente. Y ayer Macri claudicó y aceptó someterse a una cirugía estética de cara a las presidenciales. Es el precio de querer sobrevivir.

Alberto Fernández edulcoró al kirchnerismo de cara a la sociedad y los mercados. A partir de ahí, los dos sectores fuertes de poder en la Argentina salieron a jibarizar Alternativa Federal hasta reducirlo a su mínima expresión. Cambiemos, o el nuevo nombre que inventen para presentarse en sociedad, necesitaba venderse para algo más que los votantes con los que ya cuentan. No importa que los radicales tengan que tragarse el sapo de ver a un peronista en la fórmula. ¿Acaso no querían ampliar el frente con peronistas? La presidencia de la Cámara de Diputados para Alfredo Cornejo es el único premio consuelo para el centenario partido. En el Gabinete, ni con reformulación tendrán reservados lugares centrales en una eventual nueva gestión. A lo sumo, Martín Lousteau podría probarse una vez más en Economía.

No importa que Pichetto no ofrezca votos. El Gobierno necesita profundizar la división de la sociedad. Llevar a cada argentino a la disyuntiva de “populismo o república”. No lo plantea en término de nombres, sino de sectores. Es el voto peronista cordobés, podría decirse en términos paradigmáticos, el que está en juego.

En ese contexto, no es trascendente que Juan Manuel Urtubey y Roberto Lavagna se mantengan en pie, juntos o separados. Su presencia no superará las PASO. Cuanto más cerca quede Cristina de ganar en primera vuelta en la encuesta a escala real de agosto, más se convertirá la primera vuelta en un balotaje anticipado entre las dos alternativas que se disputan el poder desde hace más de una década. Con trajes distintos, pero con la misma esencia. Hasta es posible que alguno se consagre por el solo hecho de alcanzar el 45% de los votos.