El Gobierno había hecho una apuesta definitiva: explotar la grieta al máximo posible. Transformar las primarias en la primera vuelta y la primera vuelta en el balotaje. Y cuando se juega a todo o nada, perder implica no tener nada. Podría trazarse un paralelo con 1989, cuando la inmediatez de la crisis obligó a Raúl Alfonsín a adelantar las elecciones y los improvisados tiempos institucionales (de las elecciones en julio al traspaso de la banda en diciembre) resultaron insoportables. Ahora es peor, un Presidente creó la receta que lo dejó con las manos vacías y legalmente aún nada ha sucedido. Argentina tiene un (virtual) presidente electo.

Mientras la crisis avanza descontrolada, el Gobierno lleva tres días buscando reinventarse. Mauricio Macri prueba estrategias. Fracasa y cambia de rumbo. Como los paquetes de medidas, sus intentos de recuperar terreno (guionados siempre por Marcos Peña) fracasan antes de nacer. Sin poder político, no hay decisiones posibles. Nadie le va a dar poder político, lo dilapidó todo.

Las martingalas difundidas por chats son ridículas. Mientras algunos invitan a hacer cuentas (si Alberto baja tres y Mauricio los sube...), los intendentes amarillos que quedaron en pie o sueñan con dar vuelta desventajas, ya compraron tijeras para preparar votos con sus caras al lado de la de Fernández. Ni siquiera dudan en contarlo a quien los quiera oír. La foto de Macri estaba oculta en muchas de las mesas de las escuelas porteñas cuatro días atrás. Sus fiscales habían doblado las boletas: Rodríguez Larreta miraba al votante y el jefe de Estado miraba la fórmica...

Tarde o temprano, conforme la caída siga acentuándose, el jefe de Estado deberá entrar en razón de que no hay plan posible. Independientemente de la mayor o menor mezquindad con que se maneje la oposición, no hay acuerdo que le ceda poder a quien no lo tiene.

Las salidas a estas situaciones siempre fueron caóticas. Ser testigos del deterioro día a día (y quedan muchos) resultaría patético. La idea de adelantar elecciones y entrega del poder irá ganando terreno en la dirigencia política. El sistema sumaría un nuevo fracaso manteniendo la triste constante para las administraciones no peronistas en la democracia moderna. Trazar otro paralelo histórico es una pesadilla que nadie quiere mencionar pero que a todos aterra.

Quizás sin imaginarlo, Alberto Fernández le dio una alternativa institucional extra cuando reveló que ayer le pidió a Macri que en los próximos meses sea más Presidente y menos candidato. Tal vez el único golpe de efecto posible pase por la resignación de la postulación a la reelección.

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Gabriel Buttazzoni

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