El fiscal de la Unidad Especial AMIA, Sebastián Basso, reconoció este lunes que "después de 25 años es muy difícil encontrar evidencias que modifiquen la prueba consolidada", mientras que remarcó que el ataque a la mutual israelí "fue un atentado terrorista" y que "la bomba fue colocada por un grupo operativo de la organización Hezbollah".

"La AMIA fue volada producto de un coche bomba. El último tenedor del motor de la Renault Trafic fue (Carlos) Telleldín, quien está en juicio oral y se espera para este año una sentencia", agregó el fiscal sobre la marcha de la causa.

Basso ocupa desde enero de 2019 el cargo que ejerció durante años el fallecido fiscal Alberto Nisman, quien tras su muerte había sido sucedido primero por Alberto Gentili y Roberto Salum.

"El juicio por encubrimiento terminó en condenas para jueces, fiscales y policías. Eso determina que hubo irregularidades, delitos y cosas mal hechas. Algo de la prueba está contaminada", sostuvo Basso sobre la causa en declaraciones a El Destape Radio.

Y remarcó que "los documentos desclasificados de la AFI o SIDE no han arrojado ninguna novedad que modifique el curso de la investigación".

A su vez, dijo que "está probada la conexión local, con la participación de Telleldín, (Mohsen) Rabbani (en aquel entonces agregado cultural en la embajada de Irán en Buenos Aires y presunto cerebro del atentado a la AMIA) y el embajador (Hadi Soleimanpou)", aunque subrayó que "hay, por supuesto, puntos oscuros" en la causa.

Por último, Basso evitó referirse puntualmente al documental sobre el fallecido fiscal: "No vi el documental de Nisman", respondió al ser consultado al respecto.

Desde la muerte de Nisman en 2015, pasaron por la Unidad Fiscal de Investigaciones AMIA siete fiscales, mientras que Basso comenzó a desempeñarse sobre la causa con dedicación parcial en enero del año pasado y desde septiembre, con dedicación exclusiva.

La pista invisible

Entre las pistas que no se siguieron sobre el atentado en la AMIA se encuentra la declaración de un ex policía federal que se infiltró en la colectividad judía, se preocupó en aprender y dominar el idioma, así como conocer las costumbres de esta comunidad para pasar desapercibido, al punto que fue dirigente de instituciones judías, se movió por los pasillos de la Embajada de Israel y hasta se casó con una mujer que trabajó de secretaria en distintas organizaciones comunitarias y daba clases de hebreo.

Consustanciado con el espíritu de esta colectividad pero al mismo tiempo dispuesto a cumplir estrictamente sus obligaciones de espía, Iosi fue prosecretario de la Organización Sionista Argentina, con funciones de seguridad en la propia AMIA y acceso incluso a las llaves del edificio y también llegó a entregar los planos de la histórica sede de la AMIA a sus superiores, antes del fatídico atentado del 18 de julio de 1994.

"Creemos que lo que Iosi sabe puede ser la puerta a la identificación de la conexión local del atentado a la AMIA, una pista largamente ignorada por negligencia y por el predomino de intereses inconfesables", han afirmado Miriam Lewin y Horacio Lutzky, quienes publicaron un libro con la historia Iosi: El espía arrepentido.