El impacto del coronavirus sobre empleo registrado y en negro no alcanzó grado de cataclismo del 20 de marzo al 30 de abril. Sí desde los datos oficiales se aprecia nítida la progresión crítica rumbo a mayo y el corriente. La medicina vía suspensiones, y luego de ATP,  amortiguaron el capítulo devastador pero el final sigue abierto.

Aclaración necesaria es que por cada trabajador registrado con riesgo de cesantía o despido efectivo, y si se pretende realidad de mensura, es necesario multiplicar a cada afectado por al menos 5 “en negro”. Con estadísticas del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) para marzo y la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) de abril, el Centro de Estudios Metropolitanos (CEM) presentó su informe “El impacto de la pandemia sobre el empleo formal argentino, marzo/abril 2020”.

Allí describen que en marzo el SIPA reflejó que la cantidad de asalariados disminuyó un -0,8% respecto al mes anterior y un -3,2% en relación al mismo mes de 2019. Para ese tercer mes del año también es relevante la contracción de monotributistas, su variante “social”  y los autónomos:  -2,5% en comparación con la caída de -0,5% del total de registrados privados, públicos y empleados de casas particulares.

Para abril la EIL señala que el nivel de empleo cayó un -0,6% en los aglomerados urbanos. A excepción de 2002, cuyo descenso llegó a -0,8%, es el guarismo negativo histórico más contundente. Ese  -0,6% es superior al -0,5 de marzo, donde se reveló también que “algo” se amortiguó la corrosión laboral. La “contracción  abril”, a criterio del CEM, se explica por la decisión empresaria de suspender contrataciones y no por el aumento de despidos.

“El ATP y  la prohibición de cesantías, fueron herramientas para contener la caída del trabajo formal y atenuar impactos de la crisis”, argumentan. Va de suyo que "la pandemia después de la pandemia”, como define a la cuarentena el titular de Smata Ricardo Pignanelli, repercute con más potencia en los trabajadores de mayor vulnerabilidad, léase monotributistas y/o autónomos o informales. De allí que el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) o los créditos a tasa cero se destaquen en en el informe en pos de sostener los ingresos de estos sectores.

Datos duros

Tanto la CABA como el GBA muestran una evolución de los indicadores laborales similar al total nacional. Los datos más relevantes surgen del SIPA para marzo y de la EIL de abril.

En marzo los registrados del sector privado disminuyeron un -0,8% afectando a 47.900 trabajadores. En total, se perdieron 195.700 empleos (-3,2%) en comparación a marzo 2019. Respecto a febrero, para los monotributistas la reducción fue de 44.400 trabajadores (-2,8%), y los/las trabajadores de casas particulares llegaron a la merma de 7.600 (-1,6%),  para los autónomos la pérdida de empleo alcanzó a 6.800 (-1,8).

Hubo pocas excepciones de impacto de la caída de actividad/empleo bajo Covid-19, sólo se la apreció en electricidad, gas, agua y salud. La pesca tuvo un -5,3%, la construcción -4,6%, hoteles y restaurantes -1,7%, servicios sociales - 1,4%, la industria -0,4  y comercio -0,4%.

En CABA para marzo la cantidad de asalariados registrados/privados registra fue de -58.400 (-4%) en comparación con el mismo mes de 2019. Respecto al mes anterior la variación es de -8.300 (-0,8%).

Para abril, según consignó el CEM, que está conformado por 3 universidades (UMET, Hurlingham y Jauretche), 7 municipios adheridos y 25 profesionales, la EIL que confecciona la cartera laboral a cargo de Claudio Moroni, mostró que a nivel nacional, el empleo registrado en empresas cayó un -0,6% en relación a marzo.

Y configura el mayor deterioro para abril, a excepción de dicho mes en 2002, cuyo descenso llegó a -0,8%. A pesar de ello, “no se refleja un agravamiento de la situación laboral con respecto a marzo de ese año, cuando la reducción del empleo formal llegó al -0,5%”, apuntaron.

Del total de las empresas relevadas por la EIL el 19% no estuvo en operaciones y el 38% lo hizo a menos del 50% de su capacidad.

Mientras que el nivel de empleo para el Gran Buenos Aires mostró una variación de -0,6%, similar a la nacional. En términos interanuales la contracción es de -3,1%.

La tasa de entrada fue de 0,4%, registrando así su nivel más bajo de toda la serie y en comparación con abril 2019 se redujo un 75%. La tasa de salida fue del 1%, evidenciando una contracción del 50% en relación al mismo mes del año anterior. “En pandemia, las empresas optaron por congelar las contrataciones y contraer el volumen de desvinculaciones, que se encuentra en su mínimo histórico”.

Asimismo en el cuarto mes del año la tasa de suspensiones alcanzó un 7,5% cada 100 trabajadores, el nivel más alto en toda la serie. El 14% de las empresas aplicaron suspensiones, superando los valores históricos. El dato evidencia la dinámica de acuerdo para el “parate” pactado entre empleadores y sindicatos para hacer frente a la crisis, evitando las desvinculaciones.