Desde sus épocas de militancia en el comedor comunitario "Monseñor Angelelli" de la villa 1-11-14 del Bajo Flores está en contacto con el hambre de muchas y muchos. Aún cuando asegura que "las mujeres con nada hacen magia para alimentar a los pibes", la secretaria de Inclusión Social del ministerio de Desarrollo Social, Laura Alonso, -"la buena" como la apodó la propia vicepresidenta Cristina Fernández- tiene por delante la compleja tarea, esta vez desde el Estado, de ayudar a resolver la problemática referida a la inseguridad alimentaria, que padece más del 30 por ciento de las niñas, niños y adolescentes menores de 17 años. La ex diputada nacional y militante de La Cámpora sostiene que "la tarjeta alimentaria nos tiene que obligar a pensar un conjunto de políticas públicas que la rodeen y acompañen". Y adelanta que con el objetivo de mejorar la nutrición durante la infancia impulsarán "un fuerte plan de cambio de hábitos alimentarios".

—¿Cuáles son los primeros resultados que observaron a partir de la implementación de la tarjeta alimentaria?
—Aún estamos completando la entrega de la tarjeta. Tenemos previsto entregar un 1.400.000 tarjetas que van a alcanzar a más de 2.600.000 pibes en todo el país y estamos en la tarea de concretar ese cronograma. En los primeros reportes, más de un 40 por ciento de los productos comprados con la tarjeta corresponden a los rubros que se vienen planteando desde el ministerio. Además de la tarjeta, estamos por lanzar un fuerte plan de cambio de hábitos alimentarios para tener una alimentación más saludable. Nos parece fundamental que la tarjeta funcione como un instrumento que nos permita construir una política pública integral en relación a lo alimentario, que no sólo asegure el derecho básico elemental del acceso a la alimentación, sino también que sirva para empezar a discutir cuáles son los hábitos de alimentación. No sólo de aquéllos que tienen necesidad de recibir asistencia sino del conjunto de la población.

—¿Qué políticas se llevarán adelante para lograr un cambio de alimentación?
—La Dirección de Políticas Alimentarias es una dirección que existe desde 2002 y tiene un equipo de nutricionistas muy consolidado, que viene trabajando en la elaboración de distintos materiales. Ahora se nos abre una oportunidad de sensibilización de distintos actores respecto a este tema, que se reunieron en el Consejo. Pero esta cuestión también será abordada con nutricionistas para darnos un trabajo de conjunto de capilaridad de estas políticas. No sólo es muy importante sostener el discurso y las políticas desde el Estado nacional sino también articular con las provincias y con los municipios. En provincia de Buenos Aires, ya hemos tenido charlas y talleres de intercambio con los nutricionistas de los municipios, que después son los que se hacen cargo de replicar eso en el territorio.

—Entonces, por un lado, están enfocados en terminar con el hambre a través de la tarjeta alimentaria y, por el otro, en modificar los modos de alimentación...
—Terminar con el hambre y/o la malnutrición no es solamente garantizar el acceso a la compra de alimentos. Hay un porcentaje importante que no requiere esa asistencia pero sí precisa una política de educación alimentaria. Esta es una discusión que se abre a partir de empezar a hablar del hambre. Desde ya, el principal objetivo, el primario, el fundamental es resolver el hambre y garantizar el derecho a la alimentación.

—¿Esa alimentación más saludable contempla la idea de impulsar un mayor consumo de frutas y verduras libres de agrotóxicos?
—Como dijo el Presidente, el Plan Argentina contra el Hambre tiene que tener un fuerte complemento vinculado a la generación de empleo, promover la producción de alimentos y también empezar a pensar otra forma de producción. Tenemos un programa muy emblemático que es el Pro Huerta, que es una herramienta muy poderosa para la autoproducción de alimentos para aquellas familias que la tarjeta no sea un instrumento. Es una forma distinta de promover la producción de alimentos, vinculada a la producción familiar.

—Los modos de alimentación están atados a la identidad cultural, entre otras cuestiones, ¿cómo se hace para promover hábitos alimentarios más saludables sin dejar de lado esa dimensión?
—Lo cultural es insoslayable. No se puede desconocer la cultura, la idiosincrasia. Los cambios alimentarios no son negando las cuestión cultural, ni de los migrantes que están en la Argentina, ni los usos y costumbres de nuestro pueblo. Sólo se quiere abrir el abanico de posibilidades de consumo de algunos productos que no se consumen tanto, pero de ninguna manera promover formas de cocción. No se trata de una visión hegemónica de qué es lo que hay que consumir, sino de sumar productos a la mesa.

—¿Qué productos son los que hasta ahora más se consumen con la tarjeta?
—En general, todo el mundo, si tiene la posibilidad de darle leche a sus hijos, va a comprar leche. Lo que creemos es que hay que trabajar la incorporación de otro tipo de alimentos, como las frutas. Una posibilidad sería incorporar la fruta en el desayuno. En vez de un panificado una fruta.

Juan Grabois hizo algunas críticas referidas a que con la tarjeta alimentaria se favorece a los monopolios y las multinacionales porque muchos comercios de barrio no tienen posnet, ¿cómo se podría evitar esto?
—De forma inmediata, la tarjeta va a ser utilizada en los lugares que ya tienen posnet. Como no queremos favorecer ningún tipo de concentración ni hacer una transferencia económica masiva a lugares donde esté concentrado el dinero, estamos haciendo un laburo muy fuerte para poder armar, junto con la dirección de comercialización, ferias de productores donde haya posnet y la tarjeta pueda ser utilizada. También se invita a los gobernantes locales a promover dentro de sus distritos la posibilidad de acceso al posnet.

—¿Con esas ferias se verían favorecidos los pequeños productores familiares?
—A las ferias populares suelen ir esos pequeños productores. En algunos casos cada uno tiene su posnet y en otras ferias hay un posnet único que la persona pasa la tarjeta y se le debita el conjunto de la compra. También estamos trabajando con el Banco Nación para que los comercios más chicos tengan acceso al posnet. Es muy importante el rol que cumplen las intendencias con el sector de comerciantes que interlocutan permanentemente.

—¿En qué medida la Ley de Góndolas favorece a estos pequeños productores en las grandes cadenas de supermercados donde se usa la tarjeta alimentaria?
—Es una herramienta que nos permite que en los grandes supermercados haya una variedad mayor de productos de esos pequeños productores.

—¿Hay algún otro aspecto de la tarjeta alimentaria que es preciso corregir?
—Tenemos la obligación de hacer en los próximos meses una evaluación del impacto de la tarjeta. No sólo en relación a en qué se gastó sino fundamentalmente ver si sirvió para bajar o frenar el deterioro social en cuanto a lo alimentario. La tarjeta es un instrumento que nos tiene que obligar a pensar como Estado un conjunto de políticas públicas que la rodeen y acompañen.

—La tarjeta aparece como una herramienta en una situación de emergencia, ¿cuál será el parámetro para establecer que no es más necesaria?
—Estamos en un momento en el que estamos rediscutiendo y tratando de reinstalar un paradigma distinto en relación a cómo se ejecutan las políticas sociales, No creemos en un ministerio de Desarrollo Social que sea la ambulancia de los heridos que el sistema deja afuera. Estamos retomando el enfoque para restablecer derechos pero eso no lo garantiza un instrumento como la tarjeta. El proyecto político y económico que encara el Presidente va a generar un montón de otras condiciones en las que esperamos que el salario se vaya recuperando, que se pueda recuperar el poder de compra, que los jubilados no tengan que destinar tanto dinero a los medicamentos, etc.

—¿Qué otras medidas se tomarán para resolver la problemática del hambre?
—La tarjeta alimentaria es una política muy fuerte pero en otros sectores no es válida como instrumento, por lo que hay una compra importante de alimentos por parte del ministerio para llegar donde la tarjeta no llega y hay una apuesta muy fuerte al programa Pro Huerta. Pero si eso no va acompañado de un cambio en el modelo económico y productivo del país, la cuestión del hambre será compleja de resolver.

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Gabriela Vulcano

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