Una de las críticas más comunes que se le hacen al populismo es su tendencia al personalismo. En especial se sostiene que, en materia económica, si un presidente o ministro influye demasiado en la toma de decisiones de otros poderes llevará indefectiblemente a que las instituciones sigan la voluntad particular de quien ostenta el poder, y donde el Estado terminará asfixiando al mercado. Sin embargo, suele escucharse entre hombres de negocios y analistas económicos un permanente reclamo por la falta de un “superministro” de Economía, que vuelva a reunir en su fi gura lo que la política partió en dos ministerios: Hacienda y Finanzas. Una demanda que colisiona con los intereses de la administración Macri, que ha mudado el poder del Palacio de Hacienda a la Jefatura de Gabinete, acaso siguiendo el espíritu original de la reforma constitucional de 1994. Un espíritu que en la city porteña es cada vez más visto como un espectro que como una simple entidad abstracta del derecho.