Hoy fue el turno del jefe de Estado. En el juego de presiones que mantiene con el kirchnerismo en torno al rumbo que debe tomar el Gobierno tras la derrota en las primarias, el presidente Alberto Fernández exhibió el respaldo de los gobernadores peronistas, difundió una serie de tuits en los que reafirmó su autoridad y, luego, intentó seguir como si nada, la estrategia original que adoptara el lunes por la mañana tras los resultados adversos de las urnas.

El stand by se mantendrá hasta que el sector comandado por la vicepresidenta Cristina Fernández decida cuál será su próxima jugada en su intento por forzar cambios, para lo que consideran impostergables renovar parte del gabinete. En especial al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, sobre quien se ha centrado toda la coyuntura

Con la eventual continuidad consensuada de Martín Guzmán, los reclamos por las salidas de Matías Kulfas y Claudio Moroni se mantienen, pero inevitablemente el kirchnerismo se sentiría perdidoso si el nieto del referente de la renovación peronista mantiene sus funciones.

Sobre el mediodía, Alberto lanzó un hilo en su cuenta de Twitter, en el que llamó a todo el oficialismo a mantener la unidad al tiempo que se sintió con poder para mostrar los dientes. "La altisonancia y la prepotencia no anidan en mi. La gestión de gobierno seguirá desarrollándose del modo que yo estime conveniente. Para eso fui elegido. Lo haré llamando siempre al encuentro entre los argentinos", sostuvo.

Minutos después, la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, salió a desmentir versiones que indicaban que el primer mandatario le había aceptado la renuncia al hasta hoy ministro del Interior, Wado de Pedro. El juego de operaciones y lenguaje simbólico continúa dominando la escena.

El impasse podría prolongarse indefinidamente. Desde Presidencia volvieron a informar ayer sobre actividades de agenda del jefe de Estado. En un foro sobre Energía y Clima, volverá a hablar como si nada anormal sucediera en su administración.

A esta altura, la ecuación sin resolver es aquella que pueda lograr mostrar que la tormenta pasó y todos tiran para el mismo lado. Pueden intercambiar alfiles (Cafiero por Wado) o dejar caer algunos peones por lado.  Romper es más fácil. Explota todo y ya. La ficción de montar un escenario de tablas es posible. La cuestión seguiría siendo la misma: ¿quién manda? Por ahora, definitivamente, todo es daño pensando en el camino hacia las urnas.