¿Adiós a la ley de Etiquetado Frontal? Proponen un cambio de paradigma
El oficialismo propuso eliminar la ley y redactar una nueva que iguale los criterios del Mercosur. Qué dice la ley actual
Diputados oficialistas propusieron eliminar la Ley de Etiquetado Frontal y redactar un nuevo proyecto que unifique al sistema de medición del perfil nutricional argentino con los criterios vigentes del Mercosur.
La Ley de Promoción de la Alimentación Saludable N° 27.642, popularmente conocida como Ley de Etiquetado Frontal, fue aprobada por el Congreso en 2021 para advertirle a la población cuáles son los componentes que tienen en exceso los alimentos envasados a través de sellos negros en forma de octógonos.
Los impulsores del proyecto son Daiana Fernández Molero, del PRO, y Alejandro Bongiovanni, de La Libertad Avanza. Ambos puntualizan que el sistema actual "responde a un diseño técnico deficiente" porque los sellos sobre el exceso de azúcar, sodio y grasas totales son puestos según la cantidad por calorías totales.
Los legisladores hicieron hincapié en la necesidad de cambiar ese sistema de medición por el que usan los países del Mercosur que tienen vigente la Ley de Etiquetado Frontal, Brasil, Chile y Uruguay: los tres ponen los sellos según la cantidad absoluta de azúcar, sodio, grasas totales y calorías por cada 100 gramos de producto.
Ley de Etiquetado Frontal: la propuesta del cambio
El sistema actual fue establecido según el Modelo de Perfil de Nutrientes establecido por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que mira la proporción de energía que aporta cada nutriente crítico. Este modelo evalúa el criterio interno del alimento. Es decir que, si un producto es mayoritariamente azúcar, recibe el sello sin importar el tamaño y peso del paquete.
El modelo de la OPS también evita trampas de porciones pequeñas porque la industria no puede "escapar" al sello reduciendo el tamaño de la porción o diluyendo el producto en agua si la composición energética sigue siendo mala.
La desventaja alcanza a los productos de bajo valor calórico. Si un alimento tiene muy pocas calorías totales, una cantidad mínima de azúcar o sodio representa un porcentaje muy alto de su energía total. Por lo tanto, un producto con apenas cinco calorías puede llevar un sello de "exceso en sodio" por contener una pizca de sal.
El modelo que usan Brasil, Chile y Uruguay es distinto porque establece límites fijos cada 100 gramos y le permite al consumidor comprar de forma lineal dos productos distintos sobre una base estandarizada: 100 gramos es una medida universal en las tablas nutricionales. Además, premia la reformulación directa. Por ejemplo, si bajan el sodio a menos de 400 gramos por cada 100 gramos, el sello desaparece.
El aspecto negativo del criterio que utiliza el Mercosur es que invisibiliza el impacto en alimentos livianos o concentrados, que se consumen en porciones pequeñas y pueden superar ampliamente los límites por cada 100 gramos, como es el caso de, por ejemplo, los cubos de caldo. La porción real que consume una persona aporta cantidades insignificantes de ese nutriente.
Un producto lácteo bebible o un jugo líquido puede no tener los sellos simplemente porque su peso está compuesto mayoritariamente por agua, diluyendo los gramos de azúcar por cada 100ml, a pesar de que el total de azúcar ingerido en una botella sea elevado.
Tanto para Fernández Molero y Bongiovanni, la actual ley "constituye un obstáculo al comercio y a la inversión". "La coexistencia de cuatro sistemas de etiquetado distintos obliga a adaptar envases, fórmulas y líneas de producción para cada mercado, con costos que recaen especialmente sobre las pymes exportadoras y, en última instancia, sobre los consumidores", argumentaron los legisladores en el proyecto.
"Los productores, exportadores y consumidores requieren un marco normativo estable", dijeron, al tiempo en el que aseguraron que "la derogación legislativa es el único instrumento que ofrece esa certeza".

