Boleta Única de Papel: la revolución más vintage en las elecciones 2025

Argentina habilitó la BUP y Uruguay se transformó en el único país latinoamericano que mantiene la boleta “sábana”. El sistema cambió después de 103 años y supone una importante inversión en tecnología 

En octubre del año pasado, el Congreso aprobó la ley 27.781 que reglamenta la Boleta Única de Papel (BUP) como herramienta de votación en la República Argentina. Con esta decisión, la forma de sufragar en el país cambió por primera vez desde la sanción de la Ley Sáenz Peña, que instauró el voto secreto, masculino y obligatorio en 1912. Atrás quedó la clásica boleta "sábana” por partido. A partir de ahora, los argentinos entran al cuarto oscuro con una gran planilla en la mano, en la que deben elegir a sus representantes, según el casillero.

La BUP ya se utilizaba en las elecciones locales de Córdoba (2011), Santa Fe (2011) y Mendoza (2023), todas con diferentes diseños, pero con el mismo objetivo: la transparencia y la agilidad, además de un bajo nivel de costo de impresión y sostenibilidad ecológica, en comparación al formato anterior. 

La Boleta Única de Papel se usa en muchos países de Latinoamérica. Argentina cruzó de vereda y Uruguay se transformó en el único país latinoamericano que mantiene en vigencia la boleta “sábana”. Aunque la BUP se presenta como una novedad en el proceso electoral argentino, es en realidad un sistema con décadas de historia en el mundo: una suerte de “revolución vintage”. La primera Nación en habilitarla fue Australia, en 1856. 

Diferencias con la boleta "sábana" y cómo votar con BUP

El sistema tradicional de votación reúne a los candidatos de todas las categorías de un mismo partido, por eso la referencia a “sábana”: todos están en un mismo lugar. En la BUP esto es diferente porque todos los partidos y sus candidatos están en una misma planilla.

En la “sábana”, cada partido debe imprimir una cierta cantidad de boletas para cubrir el mínimo requerido por la Justicia Electoral. Se trata de un número de impresiones que debe alcanzar a todos los cuartos oscuros del país, más un porcentaje de reposición. Este formato obliga a los partidos a asumir los costos de impresión y la logística de distribución en las mesas, en coordinación y control general con la Justicia Electoral. Esta dinámica generó históricamente gastos muy altos y, a veces, manejos cuestionables de esos fondos. 

 

Con la vieja boleta, los partidos políticos contrataban las imprentas y manejaban el proceso. La Justicia Electoral y el Ministerio del Interior, a través del correo y el Comando General Electoral, se encargaban de la distribución de las urnas, padrones, actas y de elementos de seguridad. Los fiscales tenían un rol clave para garantizar que haya boletas de su partido en el cuarto oscuro durante toda la jornada electoral, reponiéndolas cuando faltaban y denunciando irregularidades.

La Boleta Única de Papel simplifica todo el proceso de impresión y distribución al centralizarlo en la Justicia Electoral. El Estado asume la total responsabilidad de la impresión, provisión y distribución de una cantidad suficiente de boletas únicas por mesa, prescindiendo del trabajo de los fiscales por partido en el cuidado y reposición para evitar “robo” o “destrucción” de boletas de su partido.

Puntos en contra

Si bien la BUP promete más democracia y sostenibilidad, y menos costos, no todo es color de rosa. El sistema necesita de una gran capacitación ciudadana para evitar confusiones e hipotéticos votos en blanco o nulos. También es un sistema que requiere mayor inversión para contabilizar los votos en el escrutinio final para que sea transparente y eficiente.

Es difícil estimar el costo exacto de la inversión en infraestructura. De hecho, no existe una cifra publicada en fuentes oficiales. Sin embargo, depende de qué tipo de eficiencia tecnológica se desee lograr dentro de los componentes clave del proceso de escrutinio. 

La contabilización por mesas sigue siendo manual. Los fiscales y presidentes de mesa cuentan uno por uno los votos a cada partido, pero la eficiencia y la transparencia también se traslada al proceso posterior, que incluye la transmisión y la digitalización. El cambio en el sistema de votación incluye una inversión en el largo proceso en el que es sometido el voto ciudadano:

  • Digitalización de actas: equipos y software de transmisión segura.
  • Infraestructura de los centros de cómputos: es importante una buena señal a internet o conectividad satelital, en el caso de las zonas rurales o remotas. Hay alrededor de 17.000 centros de votación en todo el país. La BUP incluye una modernización de la infraestructura, servicios de comunicación y capacitación de personal técnico.
  • Escrutinio definitivo: cambios en los escáneres de alta velocidad y software de reconocimiento de marcas, como el Reconocimiento Óptico de Caracteres (OCR) y el Reconocimiento Óptico de Marcas (OMR) para agilizar el conteo final. Esto depende del nivel de automatización que se requiera introducir.
  • Capacitación del personal: inversión en el costo operativo, fundamental para la eficiencia. Se trata de una financiación a gran escala, que incluye a autoridades de mesa y personal de carga de datos sobre el nuevo procedimiento de escrutinio manual y la operación de los equipos de transmisión.

La Cámara Nacional Electoral habilitó simuladorbup.electoral.gob.ar, un simulador oficial, en donde el usuario puede seleccionar su provincia y ver un formato similar al que se encontrará al momento de emitir su voto el domingo 26 de octubre.

 

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