Guerra en Irán

El 66% de los argentinos rechaza la postura de Milei sobre Medio Oriente

Una encuesta reveló que dos de cada tres argentinos no se sienten representados por el alineamiento del Gobierno con Estados Unidos e Israel.

El conflicto en Medio Oriente llegó a la política argentina por la vía menos esperada. No por sus consecuencias económicas -aunque las tiene, y el propio Gobierno las reconoce-, sino por la forma en que Javier Milei decidió hacer de ese enfrentamiento una bandera propia.

El presidente no se limitó a emitir una declaración de respaldo protocolar. Salió a defender con entusiasmo la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, la llamó "el lugar correcto de la historia" y la incorporó como parte central de su identidad política.

Esa decisión, según una encuesta reciente, choca frontalmente con lo que piensa la mayor parte de la sociedad.

Según el estudio de la consultora Zuban Córdoba, realizado durante los primeros días de marzo, el 66,4% de los argentinos considera que la postura del presidente no los representa. El 72% se manifestó en contra de la guerra en general.

Solo el 20,17% avaló la posición del Gobierno, mientras que el 13,1% no supo o no quiso responder. Los números son contundentes y plantean una pregunta que la oposición ya empieza a instalar: ¿hasta dónde puede sostener Milei un alineamiento geopolítico tan marcado sin que eso tenga costos políticos internos?

El rechazo llega incluso desde su propia base

El dato más llamativo del estudio no es la magnitud del rechazo general, sino que ese rechazo se replica -aunque en menor medida- dentro del propio electorado del presidente.

Entre quienes votaron a Milei en el balotaje presidencial, el 53,4% también consideró que su postura en el conflicto no los representa. Apenas el 29,2% la respaldó y el 17,4% no supo responder.

Esto significa que ni siquiera entre sus propios votantes logra mayoría el alineamiento geopolítico que el presidente convirtió en una de las marcas distintivas de su gestión. 

El fenómeno no es del todo sorprendente. El voto a Milei en 2023 estuvo traccionado principalmente por el hartazgo con la situación económica y el rechazo a la clase política tradicional. No necesariamente implicó un consenso sobre política exterior, un terreno donde históricamente los argentinos muestran posiciones más heterogéneas y donde la tradición de no alineamiento tiene raíces profundas.

Convicción ideológica, no cálculo electoral

Frente a estos números, el Presidente no solo no moderó el tono, sino que lo profundizó.

Desde Nueva York, donde expuso durante más de una hora ante la comunidad de la Universidad Yeshiva, Milei calificó a Irán directamente como un "enemigo" de la Argentina. Su postura se asienta en los dos atentados terroristas que sufrió el país, el de la AMIA en 1994 y el de la Embajada de Israel en 1992, ambos con vínculos investigados con el régimen iraní.

"Nos han metido dos bombas. Por lo tanto, son nuestros enemigos", afirmó ante el auditorio

El argumento tiene peso propio y conecta con una herida real de la historia argentina. Pero también es cierto que los gobiernos anteriores, que igualmente reconocían esa responsabilidad iraní, no habían llegado al punto de respaldar explícitamente una ofensiva militar en la región ni de hablar en términos de "ganar" una guerra.

En declaraciones radiales previas, Milei había desarrollado con más detalle su análisis del conflicto. Sostuvo que la ofensiva responde a una estrategia de Estados Unidos para afianzar su hegemonía global y que Irán estaba desarrollando capacidad nuclear de forma irregular.

También acusó al régimen de financiar el terrorismo internacional a través de Cuba y Venezuela, aunque sin aportar ejemplos concretos sobre este último punto. Y elogió la decisión del presidente Donald Trump al frente de la operación, al asegurar que sin su "decisión y coraje", Irán hubiera alcanzado un poderío militar que implicaría un riesgo para toda la región.

"Apoyo total y absolutamente la posición de Estados Unidos y de Israel", había resumido días antes, con una claridad que pocos mandatarios del mundo -y prácticamente ninguno en América Latina- se animaron a sostener en público.

Un alineamiento que tiene costos y también beneficios

El Presidente apuesta a que la cercanía con Washington y con la comunidad judía internacional le genera dividendos en términos de acceso a financiamiento, credibilidad ante inversores y respaldo político en foros globales.

Pero el conflicto también tiene consecuencias concretas sobre la economía argentina. El propio Milei lo reconoció en sus declaraciones: la escalada militar genera presión sobre los precios internacionales, con suba del petróleo y riesgo de desaceleración de la actividad global.

Para un país que todavía transita un proceso de estabilización frágil, esa turbulencia externa es una variable que el Gobierno no puede ignorar. Tanto es así que la Casa Rosada decidió suspender el viaje que el Presidente tenía previsto a Israel para abril, como consecuencia directa del estado del conflicto.

La encuesta de Zuban Córdoba instala, en ese contexto, una tensión que el oficialismo deberá administrar. La de un presidente que encuentra en la política exterior un espacio de identidad y visibilidad internacional, pero que en ese mismo terreno acumula un desacuerdo mayoritario en casa. 

Esta nota habla de: