Negociación por la reforma laboral

El Gobierno pagó los precios y se rindió a la política

La Libertad Avanza negoció a varias bandas y se ganó el derecho a mostrarse victorioso

Ganó la política. La reforma laboral llegará al recinto del Senado con los votos contados para su aprobación. El Gobierno tomó la lección de lo sucedido durante el primer capítulo de las sesiones extraordinarias y, como con el Presupuesto, saldrá a la cancha mostrándose victorioso aun cuando el análisis fino llena de grises el resultado final.

El primer gran aprendizaje lo había tenido en diciembre, cuando la oposición le metió por la ventana la validación de las leyes de Financiamiento Universitario y de Emergencia en Discapacidad. Apenas unos meses antes, la aprobación de esas normas habían hecho estallar de furia a Javier Milei. Los proyectos "golpistas" que buscaban voltear al Gobierno quedaron intactos tras una votación que, en vista de los antecedentes, solo podían traer frustración al Ejecutivo sobre la sanción de la ley de leyes.

Sin embargo, alcanzó con poner cara de contentos y recalcar que el país tiene Presupuesto luego de tres años para que la sociedad asumiera el resultado como una victoria. Solo había que saber interpretar los momentos y adueñarse del resultado.

Aquel triunfo contó, es cierto, con la inestimable colaboración de la oposición, que no supo capitalizar el daño ocasionado al prioritario equilibrio fiscal. En especial del peronismo, que a la hora de festejar se sumerge primero en un debate sobre quién está habilitado a correr con los brazos en alto y la boca llena de gol.

Aprobado aquel trance, la reforma laboral fue pan comido. Antes de exponerse a sinsabores a la hora de la votación en particular, se pactó de antemano con los gobernadores eliminar la reducción en Ganancias a los empleadores. Una concesión a los bancos por el pago de sueldos y apenas unas migajas ante los reclamos gremiales.

La modernización debía salir. Y se pagó el precio para asegurarse la aprobación. Bajo la batuta de Patricia Bullrich, el oficialismo negoció y se ganó el derecho a mostrarse victorioso.

Para contentar a los fieles más ortodoxos está el orwelliano ministerio de la Verdad creado la semana pasada. Al final, no era tan nocivo jugar a la política. Sus reglas, buenas o malas, resultan imprescindibles.

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