BAE Stream

La paradoja del líder inestable

Mirá el análisis de Alejandro Estévez en BAE Stream sobre el auge de los líderes inestables

En la era digital, las reglas de la representación y el análisis político tradicional parecen haber quedado obsoletas.

Como señala Alejandro Estévez, doctor en políticas públicas y analista internacional, la velocidad de los cambios actuales ha provocado que "se nos quemen los libros" a los analistas al intentar explicar las dinámicas contemporáneas .

El centro de este fenómeno radica en la emergencia de un liderazgo rupturista e inestable que desafía el orden institucional establecido.


El surgimiento del liderazgo rupturista

El panorama político global muestra el avance de líderes de "nuevas derechas", tanto en América Latina como en Europa, que adoptan un estilo marcadamente disruptivo. Figuras como Donald Trump, Nayib Bukele o Javier Milei se caracterizan por una confrontación activa con sectores tradicionales, peleándose abiertamente con periodistas y empresarios, y rompiendo con los modales predecibles de la diplomacia clásica.

Este modelo populista no busca la estabilidad institucional, sino que se nutre de la disputa constante para mantener movilizada a su base social.

El "algoritmo" y la muerte de los intermediarios

Este cambio estructural no es casual; está fuertemente impulsado por la aceleración tecnológica y las redes sociales. Anteriormente, un mandatario requería de los medios masivos tradicionales (diarios, televisión, cadenas nacionales) para difundir su mensaje.

Hoy en día, herramientas como Twitter (ahora X) y los algoritmos digitales permiten a líderes como Trump o Bukele establecer un contacto directo, inmediato y sin filtros con sus audiencias. Esto no solo redefine la comunicación gubernamental, sino que debilita el rol mediador de los partidos políticos tradicionales [1].

Las "ideas zombi" y la impredecibilidad internacional

Una de las consecuencias más notorias de estos liderazgos es el resurgimiento de lo que Estévez define como "ideas zombi": conceptos que la teoría política o económica consideraba enterrados, pero que son reanimados con fuerza. El ejemplo más claro es el proteccionismo arancelario impulsado por Trump, el cual obligó a la dirigencia europea -acostumbrada a la previsibilidad y la diplomacia de "buenos modales"- a bailar al ritmo de decisiones unilaterales e imprevistas.

Esta impredecibilidad también se traslada a la geopolítica. Estévez describe cómo las alianzas se tensionan: Trump ha mantenido relaciones difíciles con socios históricos como Canadá, Alemania, Francia, el Reino Unido y los países nórdicos, mientras muestra gestos de acercamiento hacia líderes tradicionalmente distantes como Vladímir Putin.

Asimismo, las formas de intervención internacional han mutado. En lugar de los bombardeos o golpes militares clásicos de la "vieja época", Estévez ejemplifica el caso de Venezuela como un modelo de intervención quirúrgica destinada a descabezar un liderazgo molesto y dejar en su lugar lo que denomina un "traidor controlado" para evitar el descontrol absoluto del territorio.

La paradoja del votante: Lo pintoresco vs. lo predecible

El núcleo de esta dinámica descansa en la psicología y las emociones del electorado moderno. Estévez advierte que las emociones han llegado para quedarse en el escenario electoral. Actualmente, las sociedades tienden a premiar la excentricidad y lo llamativo: "cuanto más pintoresco mejor, cuanto cosas más raras haga mejor".

Sin embargo, este deseo de disrupción encierra una profunda paradoja:

  • La atracción inicial: Se vota con entusiasmo al candidato extravagante, inestable y rupturista.
  • El agotamiento posterior: Al poco tiempo de gestión, el electorado se agota de la tensión constante y declara: "Ahora me cansé, quiero algo predecible".
  • La contradicción: El votante se pregunta luego para qué eligió a un personaje tan inestable, repitiendo cíclicamente el mismo patrón emocional.


¿El regreso de los partidos políticos?

Frente a la inestabilidad de estos liderazgos individuales y pintorescos, surge una nostalgia por los viejos partidos políticos. Aunque la idea de la "casta" y la rigidez de las dirigencias tradicionales desgastaron su legitimidad, Estévez subraya que el partido político tradicional cumplía una función vital: ordenaba el sistema y filtraba la aparición de liderazgos excesivamente disruptivos o impredecibles.

Aunque recuperar la centralidad de los partidos parece difícil en el corto plazo debido a su profundo deterioro, la necesidad de previsibilidad y tranquilidad democrática podría forzar, eventualmente, un retorno a estructuras más estables y colectivas

Esta nota habla de: