Informe de la UCA

La precarización reemplaza al desempleo: la nueva cara del mercado laboral argentino

Un relevamiento del ODSA advirtió que el mercado laboral profundizó su deterioro en los últimos 15 años. Cada vez más personas sin empleo terminan en ocupaciones precarias.

La precarización del trabajo se profundizó en la Argentina durante los últimos 15 años. Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), cada vez más personas que pierden su empleo encuentran refugio en el autoempleo informal y son pocos quienes logran acceder a un puesto registrado.

El deterioro del mercado laboral ya no se expresa principalmente en un aumento de la desocupación, como ocurrió en otras crisis, sino en un avance acelerado de la informalidad.

El mercado de trabajo argentino enfrenta dificultades estructurales para generar empleos productivos y de calidad, en un contexto marcado por el estancamiento económico, la baja productividad, la inestabilidad macroeconómica y la fragmentación regulatoria.

Aumentó el paso de la desocupación al trabajo informal

Entre los trienios 2011-2013 y 2023-2025, la proporción de personas que pasó de la desocupación al autoempleo informal aumentó de 24,1% a 29,5%.

En el mismo período, la transición hacia un empleo asalariado formal o un puesto en el sector público cayó de 24,1% a 19,6%, lo que refleja una menor capacidad del mercado para generar trabajo protegido.

El estudio también registró un deterioro entre quienes ya tenían empleo formal. La movilidad desde un puesto asalariado registrado hacia el autoempleo informal subió de 4,8% a 6,2%

La economía crece, pero no crea empleo de calidad

El informe indicó que la recuperación posterior a las crisis de 2018-2020 no logró recomponer la calidad del empleo. La mayor participación laboral registrada desde 2017 ocurrió sobre una estructura productiva con escasas oportunidades para crear puestos formales.

Según el ODSA, la mejora del PBI no garantiza una recomposición del empleo registrado. En los últimos años, el crecimiento económico convivió con una destrucción neta de puestos formales y con una recomposición del empleo hacia sectores de menor productividad y menor protección.

Como telón de fondo, los investigadores señalaron que la economía alterna entre actividades intensivas en mano de obra, pero de baja productividad y orientadas al mercado interno, y sectores de alta rentabilidad -como recursos naturales, finanzas y servicios empresariales- que generan un impacto limitado sobre la creación de empleo.

La desocupación fue reemplazada por una "absorción laboral regresiva"
La desocupación fue reemplazada por una "absorción laboral regresiva"

Los trabajadores más afectados

El estudio advirtió que el deterioro se concentra en el sector microinformal, donde predominan los ingresos más bajos y la menor cobertura laboral. Entre los grupos más afectados aparecen:

  • Microestablecimientos de hasta cinco ocupados
  • Trabajadores por cuenta propia no profesionales
  • Asalariados de pequeños establecimientos
  • Trabajadoras del servicio doméstico

En este sector hubo un avance de modalidades vinculadas al trabajo en plataformas digitales, utilizadas por muchos trabajadores que perdieron un empleo formal o buscan complementar ingresos. Sin embargo, estos mercados también comienzan a mostrar signos de saturación, con menores remuneraciones y beneficios.

La reforma laboral, insuficiente por sí sola

Para Ramiro Robles, investigador del ODSA, mejorar la calidad del empleo requiere fortalecer la coordinación salarial, promover la formalización y ampliar las oportunidades productivas para quienes hoy trabajan fuera de los sistemas fiscales, previsionales y laborales.

El especialista sostuvo que la informalidad no responde únicamente a una decisión de los trabajadores, sino que muchas veces refleja las limitadas posibilidades productivas de pequeños emprendimientos y actividades de baja escala.

En ese sentido, consideró que una eventual reforma laboral difícilmente genere por sí sola más y mejores empleos si no se acompaña con crecimiento económico, aumento de la productividad e inversiones capaces de expandir los sectores que crean trabajo registrado.

En este escenario, la movilidad laboral dejó de funcionar como un mecanismo de ascenso social para convertirse en una estrategia defensiva, en la que cada vez más trabajadores pasan de un empleo formal o de la desocupación hacia ocupaciones más precarias, con menores ingresos y menor protección.

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