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Néstor Kirchner y Javier Milei, ¿dos caras de una misma moneda?

¿Son Néstor Kirchner y Javier Milei las dos caras de una misma moneda política? En el debate contemporáneo sobre la naturaleza del poder en la Argentina, el politólogo y docente Diego Sztulwark plantea una sugerente hipótesis sobre el decisionismo político y las diferencias de fondo que separan a dos de los liderazgos más disruptivos de las últimas décadas.

Aunque a primera vista ambos mandatarios comparten la impronta de ser liderazgos fuertes capaces de concentrar la iniciativa política, Sztulwark advierte que comparar sus figuras de forma lineal resulta superficial si no se analizan los contenidos y los contextos históricos opuestos en los que emergieron.


El Decisionismo Político: La concentración del liderazgo fuerte

Para Diego Sztulwark, tanto Néstor Kirchner como Javier Milei se proyectan en el escenario nacional como figuras que concentran un marcado decisionismo político. Se trata de liderazgos que se caracterizan por:

  • Torcer la historia: Figuras percibidas como capaces de cambiar el rumbo del país a partir de grandes determinaciones.
  • Concentración del poder de decisión: Lideres que asumen la responsabilidad total de las medidas que adoptan y se muestran capaces de sostenerlas frente a las resistencias.
  • Proyección de fortaleza: Liderazgos que se consolidan ante la sociedad como conductores fuertes en momentos de crisis o de transición.

Sin embargo, Sztulwark subraya que definir esta similitud a nivel puramente formal resulta insuficiente. La verdadera clave para comprender a ambos fenómenos radica en los contenidos de sus proyectos y, fundamentalmente, en la naturaleza del hastío social que los impulsó al poder.


Néstor Kirchner: De la insurrección social a la organización popular

La llegada de Néstor Kirchner a la presidencia en 2003 se dio en un contexto extremo que el politólogo califica de insurrección social. Tras el estallido de diciembre de 2001, la Argentina experimentó una seguidilla de cinco presidentes y una profunda deslegitimación institucional bajo la consigna colectiva del "que se vayan todos".

En ese escenario, el descontento de la sociedad civil se caracterizó por:

  1. Ocupación del espacio público: Un hastío social que tendía decididamente hacia la calle.
  2. Organización popular: El protagonismo de movimientos sociales y populares que impedían la normalización tradicional del sistema político.
  3. Ausencia de plataformas digitales: En un mundo previo a la masificación de las redes sociales, la movilización física y colectiva era el canal exclusivo de expresión ciudadana.

Kirchner debió gobernar y reconstruir la autoridad presidencial dialogando y negociando con esa movilización callejera preexistente.


Javier Milei: El hastío virtual y la demanda de orden

La irrupción de Javier Milei presenta un reverso absoluto de la experiencia de 2003. Según Sztulwark, el descontento que acompaña al actual mandatario posee dinámicas radicalmente distintas y adaptadas a la era digital

  • Un descontento virtualizado: A diferencia del activismo territorial de 2001, el hastío contemporáneo pasa mayoritariamente por las redes sociales.
  • La demanda de orden: Mientras que la crisis de 2001 abría un espacio de cuestionamiento y experimentación popular, el malestar actual se canaliza como un pedido explícito de orden y normalización.
  • Desmovilización callejera: El espacio de organización popular en la calle es reemplazado por la interacción digital individualizada, donde el "ruido" de las redes sociales articula el consenso libertario.
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