Reforma laboral, Presupuesto y otras yerbas: el Cisne Negro autoinfligido

La torpe maniobra de designar auditores entre gallos y medianoches, defraudando a los aliados, puso al gobierno al borde del colapso legislativo, cuando tenía todo ganado.

El Congreso había pasado a ser, para el gobierno, una suerte de Jardín del Edén. Después de atravesar un averno plagado de torturas, salvadas sobre la hora y derrotas consecutivas, las elecciones legislativas de octubre y las subsiguientes maniobras de desguace de otras fuerzas como el PRO, ofrecían garantías parlamentarias.

Para mejorar todavía más el clima, la “muñeca” de Patricia Bullrich en el Senado la había llevado a tener entre manos, la friolera de 44 votos disponibles para darle media sanción a la reforma laboral, con pitos y matracas.

Pero no pudo ser. La vocación autodestructiva pudo más. Lo acontecido pasadas las tres de la madrugada del jueves en la Cámara de Diputados, cambió el curso de las cosas. Sería interesante hablar con el probabilista libanés Nassim Taleb, autor de “El Cisne Negro, el impacto de lo altamente improbable”, para preguntarle si su teoría es aplicable cuando uno mismo crea, alimenta y desarrolla ese cisne.

Los hechos fueron los siguientes: el bloque libertario es la primera minoría en diputados, pero incluso así, requiere de la ayuda de aliados para sancionar las normas. La tuvo en con el proyecto de Ley de Presupuesto.

El PRO, los radicales y varios bloques de gobernadores estuvieron ahí, al pie del cañón. Lo de los amarillos también es un caso de estudio: habría que revisar en la historia democrática argentina si alguien fue traicionado tantas veces como Mauricio Macri en solamente dos años e, incluso así, volvió para recibir el próximo “bife”. Dicen que es bravo “el Calabrés”. Parecería más bien, que padece una suerte de síndrome de Estocolmo político del que no hay antecedentes.

Volviendo a la sesión del miércoles y jueves a la madrugada, el gobierno consiguió la media sanción del Presupuesto y de la Ley de Inocencia Fiscal.

Es cierto, en la Ley de Leyes, les faltaron un par de artículos que los libertarios consideraban importantes como la derogación de los financiamientos a la discapacidad y las universidades. Pero se encaminaba a tener la primera Ley de Presupuesto de su gestión.

Mientras tanto, Bullrich avanzaba como una tromba en el Senado y planeaba darle dictamen a la ley de reforma laboral esta semana y traer a los legisladores a votar la media sanción el 26 de diciembre, con la panza inflamada y alguna copa de más, después de los festejos navideños. “Pongan los aviones de Aerolíneas que los traigo a todos”, bramaba fervorosa la ex ministra.

Sin embargo, esa noche de jueves ocurrió un evento altamente improbable. Algo de lo que tampoco ha de haber antecedentes en la historia legislativa. El oficialismo terminó de “usar” a sus aliados para sancionar las dos normas mencionada, e inmediatamente, en las tinieblas de una noche calurosa, se alió a los “kukas”, traicionó a sus aliados, con el solo fin de designar tres auditores en la Auditoría General de la Nación. Los rostros en el PRO y la UCR eran de absoluta incredulidad. El desparpajo y la soltura con los que se ejecutó la felonía no tienen precedentes.

Seamos claros, la política es un mar de traiciones, pero hasta los más descarnados consejos de Maquiavelo reclaman cierta prudencia, un mínimo de pudor. Especialmente cuando de esos radicales y de esos amarillos se depende luego para la otra media sanción y para la reforma laboral. 

Profundicemos mínimamente lo de los auditores. La AGN es un organismo de control dependiente del Congreso que analiza ex post (cuando ya ocurrieron) las contrataciones y rendiciones de cuentas del Poder Ejecutivo. Por cierto que es importante. Pero su formación estaba incompleta desde hace dos años y nada demasiado grave ocurrió.

¿Era realmente necesario romper todas las alianzas previas, para coaligarse con quienes jamás volverán a apoyarlos, para designar auditores, en medio del tratamiento de normas que el gobierno considera esenciales para la segunda mitad de su gestión?. La respuesta es obvia, no.

Fue un gesto de mala praxis política, otra vez, sin antecedentes. No puede negarse que los libertarios son una innovación. Se crearon su propio cisne negro, y todo lo que parecía ganado se puso en duda. Bullrich pasó de la euforia a la depresión en el Senado.

El jueves, esa reforma laboral que tenía media sanción asegurada, estuvo al borde de no tener siquiera dictamen de Comisión, y lo terminó teniendo en base a los ruegos libertarios y el compromiso de tratar la cuestión en el recinto recién en febrero.

Claro, la cuestión numérica en la Cámara Alta es compleja. La primera minoría sigue siendo el bloque Justicialista de José Mayans que además tiene otros bloques aliados. Para los solamente 19 senadores de LLA, los 10 de la UCR y los 3 del PRO, son sustanciales. Justamente los dos espacios a los que decidieron traicionar gratuitamente, ganando nada, pocas horas antes en Diputados.

La presidenta del bloque libertario consiguió dictamen y aplazó el combate en el recinto a febrero, con el fin de reconfigurar la estrategia y volver a convencer a los aliados de que están “arrepentidos” y que no volverán a tratarlos con sadismo.

Confían en que el macrismo siempre vuelve y en que “¿los radicales adónde van a ir?”, se escuchó decir en las huestes violetas. Incluso así, habría que valorar, cuando se hacen estos movimientos estrambóticos, la inseguridad política, que influye en los inversores y en el clima comercial y financiero. Si cuando todo está servido para una victoria ineludible, el gobierno decide sistemáticamente autoflagerlarse, las certezas se diluyen y el país entra en zona crítica innecesariamente.

 

*Director de Relaciones Institucionales de Grupo Crónica

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