No hace falta viajar a lugares recónditos del mundo para que el cuerpo entre en ese incómodo estado llamado jet lag, una mezcla de mareo con horarios de sueño y apetito cambiados: todos estamos expuestos al jet lag social, que se produce cuando los horarios de sueño del fin de semana -o de los días libres- son muy diferentes a los horarios de los días laborales. Esa interrupción en los patrones naturales del sueño puede repercutir en la salud de diversas formas, provocando desde mal humor o menor rendimiento académico y cognitivo hasta enfermedades cardíacas u obesidad.

Un equipo de investigadores del CONICET liderados por la neurocientífica María Juliana Leone comprobó que los adolescentes argentinos que concurren al turno mañana de la escuela secundaria son quienes más perjudicados se ven con este estado, y padecen hasta cuatro horas de jet lag social, lo que puede resultar nocivo para su proceso de aprendizaje. El trabajo acaba de publicarse en la revista Nature Human Behaviour.

"El sueño está subestimado, y en la adolescencia es fundamental", advierte Leone, que trabaja en el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes y en el Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella. El cronotipo, explica la científica, es el horario biológico interno de una persona, que está regulado por un reloj que se aloja en el cerebro, y va cambiando con la edad. En el caso de los adolescentes, su cronotipo tiende a ser más nocturno.

Para comenzar el estudio, en 2015, 753 estudiantes argentinos del Carlos Pellegrini completaron un cuestionario. Al evaluar el rendimiento académico en función del cronotipo, los científicos arribaron a diversas conclusiones. "En primer lugar, en cuanto a los hábitos de sueño, vimos que los adolescentes que asisten al turno mañana duermen muy poco y tienen niveles altísimos de jet lag social", señala Leone, y agrega que "vimos que ese efecto está exacerbado, sobre todo, en los adolescentes de quinto año, que son los más nocturnos y que acá son particularmente más nocturnos que en otros países".

En síntesis, los adolescentes de cronotipo más matutino tenían mejor rendimiento al concurrir por la mañana, especialmente en matemáticas. El rendimiento académico mejora cuando los horarios escolares están mejor alineados con los ritmos biológicos de cada adolescente y que sería mejor que matemática no estuviera en las primeras horas.

"Se podría recomendar, en base a nuestro estudio, que la escuela empiece más tarde: eso es algo que beneficiaría a todos los adolescentes, si bien este experimento es investigación básica y se necesitan más estudios para poder hacer una recomendación práctica acabada", aclara Leone. "También podría revisarse que al menos empiece más tarde a la mañana, al menos para los adolescentes de los últimos años de la escuela secundaria, que son los que tienen en general los cronotipos más nocturnos. O asignar a los estudiantes al turno según su cronotipo. Más del noventa por ciento de los estudiantes del turno mañana duermen menos de las ocho horas recomendadas, y eso es preocupante", concluye Leone.

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