Existen muchos debates estériles y confusos sobre los accidentes viales. Muchos faltos de conocimiento científico, otros tratados directamente con liviandad y desconocimiento. En los últimos tiempos se observa una característica bastante generalizada, que es la ausencia de médicos en las discusiones mediáticas sobre estos accidentes.

Pareciera incluso que la medicina se ha devaluado tanto, que nos habíamos quedado sin ministerio de salud en la Argentina. Por suerte hoy recuperado, siendo el único conducido por un médico, de todos los ministerios existentes.

Con la temática de los accidentes viales sucede algo parecido, pocos médicos son consultados para generar las leyes. Existiendo un rutinario desfile mediático de abogados, víctimas, criminólogos y opinadores de turno, con profesión desconocida.

Es sabida la influencia que medios y redes tienen sobre la opinión pública, legisladores y jueces. Es hora de posicionar algunas cuestiones, especialmente sobre el alcohol, manejo y su asociación con los accidentes o mejor "ataques viales", pues la mayoría son prevenibles. Uno de los factores para su prevención es el manejo del consumo de sustancias. En la mayoría de los países desarrollados, con muchos menos accidentes, NO se puede tomar una gota de alcohol cuando alguien conduce un vehículo.

Pasaré a explicar por qué:

1) Porque concentraciones menores de las permitidas pueden afectar el tiempo de reacción, el humor, el control conductual y las tomas de decisiones inmediatas.

2) Porque con mínimas concentraciones se afecta también la funcionalidad corporal, como la frecuencia cardiaca, la respiración y el sueño.

3) Porque las concentración de alcohol en sangre es sólo una medida de un conjunto de variables, que detectan el impacto del alcohol sobre el cerebro, su reacción y su conducta. Por ejemplo, las personas presentan diferentes capacidades de metabolismo hepático y características reactivas individuales. Pueden reaccionar de diferentes maneras ante la exposición al alcohol. Existen además alcoholismos patológicos, que con muy poca ingesta del mismo, estos metabolizadores lentos presentan gran afección, cognitiva y conductual.

4) Porque muchas veces el alcohol es mezclado con otras drogas psicotrópicas, legales e ilegales, que no se miden en los exámenes de alcoholemia en sangre. Esta combinación potencia en forma inconmensurable la depresión del sistema nervioso y su fallas cognitivas.

Existe un gran consumo de psicofármacos ansiolíticos en la población argentina, uno de los medicamentos más vendidos del país. Mucha veces incluso automedicados y que no son generalmente mensurados. Aún peor sucede con la asociación con drogas ilegales como marihuana, cocaína u otras.

El alcohol impactará alterando y enlenteciendo la atención, el tiempo de reacción, la toma de decisiones y la ubicación temporo-espacial de la persona.

Existe un proceso clave en el funcionamiento psíquico que es el tiempo de reacción y que condiciona la capacidad de respuesta que el cerebro maneja. Trabaja cuando un policía dispara, un automovilista evita una colisión o un animal escapa de una presa, entre muchas posibilidades.

Es la base de la toma de decisión a corto plazo, teniendo más frecuentemente un comienzo inconsciente y un devenir consciente controlador que fijará la posibilidad de inhibición o de la realización de un acto.

La reacción comienza muchas veces como un proceso inconsciente, para luego hacerse consciente. El tiempo que se tarda en hacer consciente un evento le adjudica también la carga de libre albedrío o responsabilidad sobre el suceso.

Sin embargo, el proceso inconsciente de reacción tiene también un punto crítico en la solución de muchos problemas que se resuelven. Muchas veces es muy poco el tiempo para evitar un choque, caernos ante un tropiezo o meter un gol en una jugada repentina, no preparada.

La conocida periodista científica Rita Carter, en su libro The Brain Book plantea que recién pasados los 0.280 segundos del comienzo del estímulo, comenzará un programa consciente motor ante la ejecución de un movimiento. Es decir que existiría una demora de un poco más de un cuarto de segundo, entre la programación del acto y el ingreso del mismo. El cual se verá francamente retrasado y también distorsionado por el consumo de sustancias psicoactivas como el alcohol.

En este proceso es importante considerar la trascendencia de la capacidad atencional y los efectos externos distintivos. La atención es una función clave del sistema cognitivo y desarrollada fuertemente en el humano adulto.

Dos científicos Noruegos y uno de EE.UU. describieron la capacidad GPS del cerebro. Por este descubrimiento estos investigadores recibieron el premio nobel 2014. Estos investigadores observaron un tipo de neuronas que nos ubican en el espacio, las cuales trabajan en red; constituyendo un real sistema de posicionamiento global biológico.

Estas neuronas de orientación espacial se encuentran especialmente en el hipocampo. Generando una malla reticular del espacio que permite orientarnos. Esto se repite en animales con cerebro mucho más básico como las abejas o las aves; lo que le permite migrar o volver al panal.

Los conceptos del tiempo se mezclan con el espacio cuando el sistema nervioso evita una colisión. Aquí, se combina el reconocimiento del espacio, con la capacidad de detección y reconocimiento temporal. Se han generado estudios claves con este tema. En los que se observa cómo el sistema nervioso reconoce mínimas situaciones de segundos. Ya se sabía que las abejas o las aves permiten reconocer al tiempo en forma muy veloz y evitar golpes.

Esta función clave que evita las colisiones en el humano en forma temporal y espacial, en forma inconsciente, se alteraría también ante el consumo de sustancias psicotrópicas.

Dicho esto, el accidente vial es la principal causa de muerte de jóvenes en el mundo y también en nuestro país. La argentina según diferentes estadísticas, tiene uno de los mayores registros de muertes por estos accidentes. Aproximadamente mueren 20 personas por día, sin contar los lesionados graves, que quedan afectados durante toda su vida.

Con la tragedia familiar, social y económica que esto implica. Debe tomarse conciencia de la real de la catástrofe de salud que implican los accidentes de tránsito.

En un puesto de exámenes, algunos agentes y comunicadores se vanagloriaban este fin de año con que aproximadamente de 3000 autos observados, sólo 53 se habían excedido de la concentración de alcohol permitida, como una mejoría de lo sucedido otros años.

Esta grave estadística es de 20 cada 1000 conductores, que se encontrarían directamente alcoholizados. Imaginemos, por ejemplo, que en una clínica de cada 1000 cirugías 20 las realicen cirujanos borrachos. El conductor necesita de una actividad cognitiva similar, además con mayor cantidad de posibles de afectados; terceros y sí mismo. Todo esto sin contar los conductores que presentaban concentración alcohólica permitida en su sangre , con los riesgos ya comentados.

Muchos médicos y especialistas en salud estamos cansados de esta situación. Muchas familias han sufrido y sufren grandes pérdidas en nuestro país, por cuestiones evitables.

No queremos más estrellas amarillas en las calles por situaciones prevenibles. Sino, tendremos todas las calles marcadas por esta situación, la mayoría de las veces controlable.

La mayoría no son accidentes, son "Siniestros viales" subsanables, sobre una población desprevenida. Es necesario cero alcohol para quien maneja y penas más duras para quienes no lo cumplan.

*Neurólogo y psiquiatra. Prof. titular de psiquiatría y salud mental, UBA. Doctor en medicina y en filosofía. Investigador del Conicet