El proceso creativo por el que surge una idea ingeniosa ha permanecido envuelto en el misterio durante siglos. Los griegos hablaron de musas; hoy sabemos que es un estado emocional subjetivo, repentino y vertiginoso. Las ideas no surgen de la nada, surgen del espacio profundo de nuestro interior. De repente, y sin previo aviso, una chispa se enciende en algún lugar de nosotros y nos sentimos inspirados. Para escribir un libro y para combinar ropa, para crear una empresa y para dar un consejo, para pintar un cuadro o para elaborar una receta sencilla. 

Los mejores líderes son aquellos que, motivados, comparten siempre su visión sobre cómo construir un mundo mejor, inspirando genuinamente también a los demás. En cada palabra y acción demuestran su pasión por lo que hacen. La expresión “a hombros de gigantes” se remonta al siglo XII y expresa precisamente la convicción de que los miembros de cada generación ven más allá que la anterior gracias a la obra de quienes caminaron por el planeta antes que ellos. Y esa es precisamente una de las cualidades más relevantes de la inspiración: es contagiosa. Muchos, a partir de un momento de inspiración, se han puesto en camino para crear algo verdaderamente grande. Han podido capturar la esencia de esta fabulosa fuerza, generadora de algunas de las obras más sobresalientes y memorables de la historia de la humanidad: Arquímedes, Newton, Darwin, Chopin, Braille y muchísimos más. 

Solamente las personas que se sienten inspiradas generan cambios. Porque la inspiración es la chispa de la motivación, es el aliento que despierta deseos e ilusiones y, también, ese motor que nunca debería faltarnos para alcanzar metas. Nos permite apasionarnos, desarrollarnos, ampliar perspectivas. Es ese motor que nos susurra ideas, metas y revolucionarios sueños que cumplir. Más allá de lo que podamos pensar, sentirnos inspirados cada día es una forma de invertir en bienestar psicológico.

Es básicamente un estado emocional y mental que requiere de equilibrio, de cierta serenidad interna. Una mente estresada o teñida por la ansiedad, rara vez es capaz de sentir auténtica curiosidad, placer, inspiración e ilusión. Un cerebro en calma permite que aparezca nuestro genio creativo, esa fuerza capaz de guiarnos hacia nuestro destino. Factores tan comunes en nuestra actualidad, como el estrés, las prisas, las presiones y las preocupaciones, no dejan espacio ni entrada para ese genio desconocido que nos permite trascender. Necesitamos un momento de claridad para seguir descubriendo qué queremos, por dónde queremos ir y con quiénes. 

Para cultivar la inspiración, el cerebro, que es una realidad plástica y sensible, requiere de condiciones favorables a fin de ofrecer máximos resultados. No se trata solamente de una competencia que incide en la actividad intelectual, sino que tiene efecto en la integralidad de la vida. La inspiración es un estado en el que se conjugan aspectos cognitivos, emocionales y de voluntad. Se trata de un fenómeno complejo, profundo y también maravilloso. Se trata de una fuerza ligera y expansiva que abre la mente y el corazón. Cuando estamos inspirados, sentimos una conexión directa y real con todo el universo. Desaparece el malestar. Es lo que han sentido quienes dieron su vida por la libertad o aquellos que fueron capaces de sufrir cualquier vejación en nombre de un propósito o una causa.

Las personas que usan el poder de la inspiración, son hombres y mujeres que interactúan con el medio, que se relacionan, que les gusta experimentar cosas nuevas, aprender, imaginar, sentir. La inspiración no llega mientras estamos relajados y casi inmóviles en un sillón, aguardando su aterrizaje. Llega con el movimiento, con el trabajo, con esa actividad cotidiana donde todo fluye. Como decía Jack London: “No se puede esperar a la inspiración, hay que ir a buscarla.” Y cada uno de nosotros la podremos encontrar en lugares insólitos. 

“Había un hombre sentado en la esquina de una calle, con una gorra a sus pies y un pedazo de madera que, escrito con tiza blanca, decía: “Por favor, ayúdame, soy ciego”.

Un creativo de publicidad, que iba de camino al trabajo, se detuvo frente a él, leyó el letrero y se quedó pensativo. Observó que sólo había unas cuantas monedas en la gorra. Haciendo caso a ese momento de inspiración, sin pedirle permiso, tomó el cartel, lo dio vuelta, tomó una tiza y escribió otra frase en la parte de atrás. A continuación volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego, y se marchó sin decir una palabra.

Por la tarde, el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna. Su gorra estaba llena de billetes y monedas. El ciego reconoció sus pasos y le preguntó con curiosidad: -¿Qué ha escrito en mi tabla?

El publicista le contestó: -Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, aunque está expresado con otras palabras inspiradoras para el corazón de los demás. El publicista sonrió y continuó su camino. 

El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel rezaba: “Hoy es primavera, y no puedo verla”. Y la inspiración de uno movió la generosidad de muchos. 

Más notas de

Lic. Aldo Godino

Los beneficios de “no tener nada para hacer”

Los beneficios de “no tener nada para hacer”

Buscando inspiración cada día

Buscando inspiración cada día

Miedo a que las cosas nunca cambien

Miedo a que las cosas nunca cambien

Aires de superioridad: los que se "creen" importantes

Aires de superioridad: los que se "creen" importantes

Ninguna gota de lluvia cree haber causado el diluvio

Ninguna gota de lluvia cree haber causado el diluvio

El perfeccionismo: mejor aliado, terrible enemigo

El perfeccionismo: mejor aliado, terrible enemigo

Hablar es, muchas veces, una medicina natural

Hablar es, muchas veces, una medicina natural

Dejar de predecir el futuro, crearlo cada día

Dejar de predecir el futuro, crearlo cada día

Creadores de instantes perfectos

Creadores de instantes perfectos

Inteligencia sin bondad, trampa para el mundo

Inteligencia sin bondad, trampa para el mundo