“Una mentira nunca puede deshacerse. Ni siquiera la verdad es suficiente”
Paul Auster

La infodemiología es una rama de la salud pública que utiliza la información de redes y medios  para evaluar y actuar en contextos epidemiológicos. Nace como una epidemiología de la información, especialmente como control de la mala información. Estudia tanto la metodología de comunicación, como la utilización de las redes y buscadores. Entonces puede testear comportamientos comunitarios con respecto  a los problemas de salud.

El investigador Gunther Eysenbach de la Universidad de Toronto, fue el pionero en utilizar este término para la búsqueda de datos y  la utilización de los mismos. La infodemiología permite conocer información  a partir de la lectura de datos y la utilización de algoritmos bioinformáticos.  Permite descubrir o por lo menos acercarse a la discriminación de ciertos problemas sanitarios, que estén preocupando a la población. El uso de estos datos de buscadores  fue muy útil en la epidemia de gripe A, así como también en otras patologías como la epilepsia, enfermedades cardiovasculares o esclerosis múltiple.

Entonces, se utiliza la Big Data para recabar información poblacional, dando resultados estadísticos muchas veces mejores y más rápidos que cualquier otro estudio epidemiológico. A partir de la búsqueda y la demanda de información de salud  que  las personas realizan, así como de la oferta de la misma en internet, se coligen conceptos sanitarios y posibles actuaciones en consecuencia.

Otra alternativa es la utilización productiva de las redes, que se van modificando cada vez más rápidamente y  puede ser una herramienta de comunicación de organismos oficiales,  así como generar plataformas oficiales, de sociedades científica o la construcción de APP serias que ayuden en epidemias. Por ejemplo, en esta pandemia muchos organismos oficiales en el mundo utilizan plataformas, que correctamente permiten el acercamiento a datos confiables, que pueden ser utilizados por la población, por medios de comunicación  y por organizaciones intermedias. Sirven además para desmentir información errónea o falsa. Sea que se haya generado confusamente o porque maliciosamente se genera en las redes por grupos “non sanctos”.

Infodemia y recomendaciones de la OMS


Se ha generado en este contexto un nuevo término, llamado “infodemia”, que la OMS designa como la información falsa de salud.  Esta problemática puede producirse especialmente en las redes sociales, por fake news o información excesiva que abruma.
La gran cantidad de información permite usar una minería de datos e influir en una “Big nudging” o macroinsinuación, influencia que se genera a través de análisis supertinteligentes de los datos e impactando a partir de la potencia social que las redes tienen cada vez más sobre nosotros.

Estos momentos de incertidumbre son muy sensibles como para generar confusión en la gente. Un combo de riesgo dada la susceptibilidad  de la población por el estrés de una pandemia, así como por la incertidumbre que producen huecos informativos y normativos, invadidos por noticias falsas o confusas.

A esto se suma el encierro en las casas, lo cual aumenta el tiempo de exposición a medios y redes.  La población se encuentra más sensible  a la sobreinformación, por más tiempo de observación de noticias, así como mayor atención por el temor, que “todo lo puede”. El miedo, es un gran caldo de cultivo para la aparición de personajes omnipotentes que creen tener toda la verdad o también para malintencionados.

Combo de riesgo: a la susceptibilidad  de la población por el estrés

de una pandemia se le agregan huecos informativos y normativos,

invadidos por noticias falsas o confusas

Este tipo de crisis genera incertidumbre, nunca tendremos el total de información de variables que condiciona un evento. Además, muchas veces, se deben tomar conductas rápidamente y no habrá certezas absolutas de la posible asertividad de la misma.

Se plantea que la infodemia se basa en posverdades en las que  interviene  el “razonamiento motivado”, que podría asemejarse al funcionamiento de los sistemas de creencias.
Nuestro pensamiento tendrá así, dos sesgos importantes, como sostiene el investigador en “resolución de problemas”, el psicólogo y filósofo Joachim Funke, de la Universidad de Heidelberg.

Pandemia, creencias y sesgos de confirmación

El “sesgo de confirmación”, con el que valoramos como más certero a lo que se adecúa a nuestro pensamiento previo y la “ley de pequeños números”, cuando sacamos en forma apresurada e inductiva conclusiones generales, con muy pocos datos, defecto por cierto muy común. Este tipo de pensamientos se basa especialmente en los sistemas de creencia previos. Es decir, ideas que tiene algo de razón pero que contienen componentes emocionales, como la identificación con  cuestiones como la salud u otras, preconcebidas.

Los sistemas de creencias  producen la expectativa de confianza, impactan sobre la función emocional, racional y corporal de las personas. Se generan sobre alguna idea, es decir, creer en algo o por lo contrario, la idea negativa. Por ejemplo, creer que un medicamento será efectivo. Este sistema puede generarse sobre algo visible o también sobre cuestiones no observables. Funciona especialmente a través de la amígdala, que abre la emoción inconsciente y del lóbulo prefrontal, que permite concientizar las creencias.

Podría decirse que la infodemia maliciosa se basa en la post verdad, que es la mentira repetitiva, que trata de convencer de algo que es irreal; a sabiendas de ello. Son posverdades sobre el tema de salud,  una metodología muy utilizada, pero no novedosa.  

Una pandemia es un fenómeno no sólo infectológico. Es una crisis social, psíquica, cultural, económica y política de gran impacto, con posibles víctimas, no sólo infectadas, sino de múltiples enfermedades no pueden prevenirse o  tratarse, que hoy retrasaron su atención y/o su diagnóstico precoz  o directamente enfermedades psíquicas y/o físicas sean causadas por el mismo estrés.

La influencia que realiza las redes, la bioinformática maliciosa y la Inteligencia Artificial apela a funciones instintivas primarias; desde la agresividad, el miedo, la intuición y el altruismo, entre otros  Desinformar, desunir grupos, ocultar datos, generar sofismas y posverdades rompe los lazos, desunen a la población en un momento tan necesario de organización como éste.

La abundante y heterogénea sobreinformación, con gran dispersión de temas que se ofrecen en muy poca unidad de tiempo a nuestro cerebro es problemática. Esta “dispersión cognitiva” dificulta la toma de posición específica sobre contradicciones. Especialmente aquellas que coincidan con el pensamiento de la persona que recibe la misma, pues serán menos críticos.

Su cognición muy frecuentemente tratará amablemente a la noticia más por la familiaridad emocional, que por la razón. Queda así mucha población desprotegida.

Es una peligrosa situación la que genera la sobreexposición a la información, que si bien puede ser usada correctamente por el sistema sanitario; puede, por otro lado, hacernos víctimas de la infodemia.  Tener una conducción centralizada, basada en evidencias, ordenada y flexible, es central.  Debemos ser comprensivos y tolerantes a las decisiones de la dirigencia, dentro del estado de derecho. Aún más, de los errores comprensibles que se generan en una pandemia por un virus nuevo. Discriminar noticias falaces, es una de las bases para surcar este proceso con la menor cantidad de víctimas posibles.

*Prof. titular de Psiquiatría y Salud Mental, Facultad de Medicina, UBA. Doctor en Filosofía, Conicet.