Las toallitas descartables y tampones son los elementos más utilizados durante la menstruación, y se consiguen de forma más fácil en los supermercados. Sin embargo, constituyen un factor de desigualdad y contaminación: desde la deforestación para producir su materia prima, sus costos para el bolsillo, hasta la basura que se genera al tirarlos tras pocas horas de uso. ¿Cómo pueden ayudar la copa menstrual y las toallitas de tela a resolver estas problemáticas?

El 75% de las bonaerenses utiliza o utilizó productos descartables durante la menstruación, según la Primera Encuesta de Gestión Menstrual realizada por la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires en 2020. De ellos, las toallitas son el método más popular (60%), mientras que entre los elementos sustentables, el más utilizado es la “copita”, utilizado por 23% de las personas encuestadas. Sólo 2% contestó que usa toallas de tela reutilizables.

Fuente: Defensoría del Pueblo bonaerense

“Con el tema del impacto ambiental, lo importante es pensar que cada producto descartable es un producto de muy poquitas horas de uso con un gran impacto ambiental, porque tardan 500 años en biodegradarse, y también tiene impacto en su fabricación, que es muy masiva. Las toallitas reutilizables son de tela, e incluso puede usarse tela recuperada. Con la copa, comprás una y podés llegar a tener 10 años el mismo producto. Reducís mucho el impacto ambiental individual”, explicó la activista de la menstruación sustentable Carolina Zotta.

Zotta comenzó a interesarse hace años por la menstruación sustentable y hoy tiene su propio emprendimiento de venta de copas y toallas de tela, Viva la Copita. Además, a partir de él generó una comunidad en redes sociales en la que se comparte información y consejos sobre estos métodos.

Los costos de la gestión menstrual son un factor de desigualdad clave, ya que usar toallitas implica un gasto anual de al menos $2.000. Los productos sustentables también permiten ahorrar dinero: una copa menstrual vale en promedio $1.500 y dura entre 5 y 10 años. Las toallas de tela pueden durar hasta 3 años y un paquete de tres sale entre $600 y $1.200, según el primer informe de Justicia Menstrual. “Hacés una inversión en los productos reutilizables, que son más caros, pero en el largo plazo no volvés a comprar. Una vez que te armás un kit ya está, no es un gasto mensual”, señaló Zotta.

Sobre el impacto en la salud “no hay suficientes estudios”, indicó la activista en diálogo con BAE Negocios, “pero se sabe que todo lo que es la pasta fluff que tienen estos productos descartables tienen glifosato”. Se trata de celulosa en copos, extraída de pinos, proceso que genera "desmonte de la selva nativa", según datos recopilados por la Red Federal de Activismos Menstruales (AM Red). Una persona que deja de usar productos descartables y se pasa a los reutilizables "reduce la huella de carbono de su gestión menstrual 16 veces", agrega el espacio.

Por otra parte, está el efecto de los materiales de los descartables en el cuerpo. “Nos acostumbramos a vivir con las paspaduras, irritaciones, infecciones. Te estás metiendo un algodón por la vagina que absorbe toda la humedad de la zona, produce sequedad y altera toda la microbiota. Una de las cosas más interesantes de la copa es que no absorbe, entonces esa humedad sigue de forma natural; solamente junta el sangrado menstrual, no desprende químicos, no tiene blanqueadores ni nada que pueda alterar el entorno vaginal, cosa que sí tienen los descartables”, y esto incluso lleva a mejorar la salud vaginal.

El viernes del 28 de mayo fue el Día Internacional de la Salud Menstrual, una fecha que apunta a tomar consciencia sobre estos factores y también a plantear la necesidad de que todas las personas cuenten con recursos básicos como el agua para garantizar su higiene durante el periodo.

Para Zotta, es importante que, por un lado, avance un proyecto de ley para que Anmat “califique a la copa menstrual como producto médico” y así pueda contar con regulaciones confiables, como ya sucede con las toallitas descartables y tampones. Pero también que se tenga en cuenta el trabajo conjunto con espacios autogestivos y Pymes que se dedican a la producción de toallitas de tela y copas menstruales, respectivamente.

“Ahora que el Estado se empezó a interesar por la problemática de la menstruación, se abren un montón de puntos a tener en cuenta sobre cómo van a abordar la implementación de las políticas. Por eso desde el activismo pedimos una mirada integral sobre la menstruación”, incluyendo la educación y el aspecto económico, además del impacto ambiental, el costo y la salud. “En esto se incluye la producción en conjunto con cooperativas o espacios de mujeres que puedan fabricar las toallitas de tela y que eso sea un sustento. La fabricación de la tela es un terreno muy fértil para eso”, consideró.

En cuanto a la producción de las copas, “hay Pymes que se dedican a esto desde hace mucho tiempo y estaría buenísimo que sea una forma de impulsarlas, en vez de grandes corporaciones”, subrayó. Esto es abarcado por dos proyectos presentados por diputadas: uno de Daniela Vilar y otro de Gabriela Estévez; este último implica promover la producción nacional de PGM sustentables mediante diversos incentivos económicos, así como la “comercialización y utilización de productos de gestión menstrual respetuosos del medio ambiente y de la salud” de los cuerpos.

“Que hoy la menstruación sea parte de la agenda política es gracias a espacios autogestivos que hace un montón de tiempo está empujando para que se tenga en cuenta. Ojalá ahora se los tenga en cuenta a ellos. Se tiende a pensar que es una entrega de productos y nada más, siendo que hay un mapa mucho más amplio para abarcar”, afirmó Zotta.

Además de todo esto, también cambia la forma de percibir la propia menstruación. “Lo que tiene de lindo la copa es que permitió ver la sangre en vivo, contenida en un ‘vasito’, y la ves distinta que en toallitas y tampones. Te permite ver que eso de que ‘tiene olor’ o que ‘es un asco’ es una construcción, y que eso tiene que ver con lo descartable. La sangre en descartables huele, pero por culpa de todos los químicos que tienen”, planteó la fundadora de Viva la Copita. “Lo reutilizable permite volver a ver la menstruación desde otro lado”.

En la siguiente nota, un detalle sobre algunos de los proyectos que avanzan en el Congreso para reducir las desigualdades de la gestión menstrual:

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