No es fácil vivir en medio del caos. No es sencillo mantener el equilibrio cuando llegan al oído mensajes de miedo, con sabor a incertidumbre. Estamos diseñados para responder, emocionalmente, de manera precipitada cuando el pánico nos asalta. Sin embargo, lo ideal en medio de estos escenarios es la calma, una actitud que llega cuando aceptamos que no podemos controlarlo todo.

Señalaba el psiquiatra Karl Menninger que los miedos pueden y deben educarse para poder dar pasos más firmes. Es fácil decirlo, pero llevarlo a cabo es posiblemente el acto más complejo y traumático en el ser humano. Porque cuando el caos llama a la puerta y nos arrebata la calma, la mente se desboca y, lo que es aún más peligroso, contagia a otros hasta hacer del miedo un enemigo de dimensiones extraordinarias. Urge, entonces, aprender a contener la ansiedad y los comportamientos irracionales; en estos contextos, debe germinar la serenidad.

Tristemente hemos llegado a un punto en que estamos enfermando (metafóricamente) de «malas noticias». La televisión, la radio, los medios de comunicación, nuestras redes sociales. Los datos inquietantes, los hechos preocupantes y los mensajes negativos están ganando terreno en nosotros. Las malas noticias siempre se comparten antes que las esperanzadoras. No saber qué puede suceder mañana es, sin duda, lo que más nos asusta y limita. Experimentar de pronto que estamos en medio de un torbellino imparable, que lo que ayer dábamos por seguro hoy es incierto o ya no está, nos duele y nos perturba.

Todos hemos vivido momentos caóticos, días complicados y hasta etapas existenciales verdaderamente difíciles. A pesar de que la mente nos demande calma y sosiego, nuestro cerebro está inmerso en otro tipo de discurso. La activación, propiciada por el estrés y la ansiedad, nos aleja de ese punto de sutil equilibrio. Somos incapaces de encontrar una sintonía plena para situarnos por encima de las presiones de lo que nos envuelve.

Actuar con calma es la mejor actitud. Es el enfoque mental con el que podemos responder de manera más acertada, razonable y ajustada. Es necesario limpiar la mente y eliminar pensamientos catastróficos que no ayudan. En medio de las dificultades, dudas o problemas, la mente debe ser nuestra aliada y no una adversaria que nos entorpece a cada paso. Decía Séneca que la adversidad es la mejor ocasión para que emerjan nuestras fortalezas. 

En escenarios de crisis, la tranquilidad es una buena compañera, capaz de trazar caminos más serenos y acertados. Con ella de la mano, las cosas adquieren mayor nitidez, aprendemos a reaccionar, a ser proactivos y responsables. La persona que opta por adquirir una actitud calmada y tranquila ante las dificultades de la vida no se está "dando por vencida". Al contrario, trata de encontrar esa armonía interior donde los pensamientos, deseos y capacidades logran actuar en congruencia y con sabiduría. 

Cuesta muchas tormentas encontrar la calma, es todo un arte que necesitamos descubrir. Dice una máxima Samurai: "Las batallas del mañana se ganan con la práctica del hoy". No tenemos otros enemigos que el miedo, el estrés, las preocupaciones. A veces, habrá que entender que la adversidad solo es parte necesaria del paisaje.

Cuando nuestra realidad se pone árida, cuando las cosas van mal, de nada vale huir o tomar un camino contrario. La dificultad hay que transitarla, caminar con ella el tiempo que sea necesario, hasta que se disipe. Hay que hacerlo de manera activa y proactiva, despertando esas fortalezas psicológicas que todos tenemos en nuestro interior. "La cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor", decía Winston Churchill.

Una pequeña oruga caminaba un día en dirección al sol. Una langosta le preguntó: -¿Hacia dónde te diriges?

Sin dejar de caminar, la oruga contestó: -Tuve un sueño anoche: soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que ví en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendida, la langosta dijo, mientras su amiga se alejaba: -¡Debes estar loca! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? ¿Tú? ¿Una simple oruga? …. una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable. Del mismo modo la araña, el topo y la rana le aconsejaron a nuestra amiga desistir. -¡No lo lograrás jamás! 

Después de un buen trecho, agotada la oruga, y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar. -Estaré mejor. Fue lo último que dijo.

Todos los animales fueron a mirar los restos del animal más loco del campo. Había construido un duro refugio y allí había muerto por querer realizar un sueño irrealizable. 

Sin embargo, una mañana aquel caparazón duro comenzó a quebrarse y aparecieron unos ojos y unas antenas; poco a poco, fueron saliendo unas hermosas alas de mariposa con las que la oruga realizaría su sueño. Todos se habían equivocado. 

"El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino".

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Lic. Aldo Godino

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