Muchas personas transcurren sus días con monotonía y sin entusiasmo. Pueden repetir una rutina a lo largo de mucho tiempo, pero llegará un momento en que esto no alcanzará. Habrá que cambiar el camino y comenzar a vivir la vida con pasión. Me refiero a tener una vida satisfactoria en la que cada circunstancia sea más motivadora que la anterior.

Siempre encontraremos motivos para enojarnos, estar tristes o darnos por vencido. Pero vivir la vida con pasión exige que nos obliguemos a sonreír cada día. No para engañar a los demás; sonreír porque estamos vivos, agradecer que hemos despertado a una nueva jornada y que tenemos la oportunidad de hacer algo importante. Vivir a plenitud porque sabemos que quizás no haya un mañana; disfrutar el hoy a pesar de lo malo que pueda pasar en el mundo.

"La vida es aquello que pasa mientras haces otros planes" decía John Lennon. Muchos maestros de la filosofía oriental afirman que si vives en el pasado encontrarás depresión, si vives en el futuro tendrás ansiedad. Cuando nos centramos en el presente, la vida se llena de energía y comenzamos a ser plenamente conscientes del ahora. Aunque no es fácil concentrarse en el hoy. Recuerdos del ayer, angustia paralizante del mañana. "Adictos al miedo del futuro y al dolor del pasado".

Cuando nos encontramos con ese futuro, al que siempre hemos temido, surge la pregunta de si valió la pena tanto pánico. Tanta pérdida de momentos, de risas, de aprendizaje, de nuevos lugares, por un miedo continuo a nuestro porvenir. "Profecías" que se acumulan en nuestra cabeza, impidiéndonos ser personas capaces de disfrutar la vida, aquí y ahora. Es el riesgo de preocuparnos y no ocuparnos; le damos a nuestros miedos la capacidad de guiar nuestra vida.

Anticipar cosas que aún no han sucedido es una forma de sufrimiento muy comúnmente construida. Al fin y al cabo, las auténticas oportunidades se inscriben en el "ya". Por eso es bueno que evitemos predecir el futuro, que dejemos de anticipar cosas que aún no ocurren. No hay mayor irracionalidad que torturarse por un horizonte inventado. Tristemente, pasamos largas épocas atrapados por el laberinto de la preocupación y el torbellino del pensamiento excesivo.

La vida real acontece en nuestro presente inmediato, pero la mente humana es una acróbata incansable: en segundos, y con una rápida pirueta, se traslada al futuro. Y es que anticipar lo que va a pasar e imaginar lo peor, es una costumbre muy nuestra. La obsesión por predecir el futuro es un intento casi desesperado de la mente por tener las cosas bajo control. Sin embargo, nuestro cuerpo y nuestro espíritu nos necesitan aquí y ahora. En lugar de "adivinar" lo que vendrá, es conveniente transformar nuestro presente, o mejor aún, crearlo. "La mejor manera de predecir el futuro es crearlo" dijo Peter Drucker.

"Aprovecha el día, no confíes en el mañana". A priori, resulta más fácil eso de dejar pasar el día y esperar que venga el mañana, en lugar de «aprovechar el momento». Para nosotros, occidentales que vivimos en la era del consumismo y la productividad a cualquier precio, la búsqueda del momento presente parece casi un lujo. Todos tenemos la impresión de correr constantemente. Soñamos con el fin de semana, las próximas vacaciones o incluso la jubilación. Vamos a trabajar pensando en la cena. El domingo está poblado de ansiedades pertenecientes al lunes. Muchas veces tendremos la impresión de que nuestra vida carece de contenido. 

El hoy es el tiempo de un suspiro en nuestras manos; recibimos un mundo que mañana se convertirá en nuestra herencia personal. Vivir en el presente implica ser consciente de cada situación y encontrar nuestra eternidad en cada momento. Nunca hubo un momento en el que nuestra vida no fuera "ahora" y tampoco lo habrá. 

No podemos perder la esperanza. Sin embargo, existe lo que se conoce como "el síndrome de las falsas esperanzas", un comportamiento que, lejos de describir trastorno alguno, define una costumbre casi inconsciente en la que muchos caemos. No hacer, en este preciso instante, nada concreto para alcanzar lo que anhelamos. Toda esperanza verdadera, factible y saludable, evita la pasividad. Es un sentimiento constructivo: saber que, en buena medida, lo que sucederá está, hoy, en nuestras manos.

"Un hombre se le acercó a un sabio anciano y le dijo: -Me han dicho que tú eres sabio. Por favor, dime qué cosas puede hacer un sabio que no está al alcance de las demás de las personas.

El anciano le contestó: -Cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo, y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo.

-Pero eso también lo puedo hacer yo y no por eso soy sabio, le contestó el hombre, sorprendido.

-Yo no lo creo así, le replicó el anciano. -Pues cuando duermes recuerdas los problemas que tuviste durante el día o imaginas los que podrás tener al levantarte. Cuando comes estás planeando lo que vas a hacer más tarde. Y mientras hablas conmigo piensas en qué vas a preguntarme o cómo vas a responderme, antes de que yo termine de hablar. El secreto es estar consciente de lo que hacemos en el momento presente y así disfrutar cada minuto del milagro de la vida."

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Lic. Aldo Godino

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