Chloe nació prematuramente, lo que le causó arritmia, hemocromatosis, diabetes y parálisis. Sin embargo, descubrió en unas fotos de su infancia podía caminar, y decidió averiguar qué es la trigoxina, el medicamento que su mamá le da para, supuestamente, tratarla. Como no tiene acceso a un smartphone ni a internet, sino sólo a un teléfono de línea, llamó al azar a alguien cualquiera para que le lea la definición: "es un fármaco de marca que trata afecciones cardíacas graves, incluyendo la fibrilación auricular, aleteo o insuficiencia cardíaca". ¿Es Chloe prisionera de su propia madre?

Este es el argumento de "Corre", el thriller número 1 en Netflix Argentina que está entre los favoritos del público. Y aunque la trigoxina que le administra el personaje de Sarah Paulson a su hija no existe, sí hay uno igual en la vida real: la digoxina. Ahora, científicos descubrieron que ese medicamento podría ayudar en el tratamiento de la obesidad y los problemas que esta enfermedad causa.

"Fue un hallazgo fortuito. Al principio, utilizamos la digoxina para tratar el cáncer de hígado en ratones, pero descubrimos que, con el medicamento, los animales no engordaban", aseguró a El País Nabil Djouder, jefe del grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España (CNIO) y líder del trabajo. 

La digoxina se utiliza para tratar afecciones cardíacas graves, como fribilación auricular o insuficiencia cardíaca. El medicamento mejora la fuerza y eficiencia del corazón, controla la frecuencia cardíaca y mejora la circulación sanguínea. Sin embargo, el ensayo español realizado por el CNIO descubrió que también ayuda a perder peso y a reducir los problemas de salud asociados a la obesidad, como los niveles elevados de colesterol, glucosa o presión arterial y, además, sin causar efectos adversos.

Cómo se realizó el estudio

El estudio fue realizado sobre ratones, a los que los científicos suministraron una dieta rica en grasas para que engordaran. Luego le aplicaron una dosis de digoxina tres veces más alta de la que se usa con los pacientes cardiovasculares. Al analizar los resultados, descubrieron algo que jamás imaginaron: la droga disminuyó un 40% su peso corporal.

El hallazgo fue sorprendente, porque los ratones no solo dejaron de ser obesos, sino que también se curaron de las enfermedades metabólicas que padecían a causa del sobrepeso. Es que, a medida que adelgazaban, también disminuían sus niveles de colesterol y tensión arterial y se normalizaba su glucosa.

Los ratones habían perdido casi la mitad de su peso gracias a la digoxina

A la vista de los resultados, los científicos decidieron esperar más de las pocas semanas que habían dejado pasar. Y con el tiempo celebraron los efectos de la digoxina, ya que después de ocho meses se habían sostenido. Esto llevó a la publicación del estudio en la revista Nature Metabolism, porque los efectos no habían sido únicamente temporales.

La actuación de la digoxina en el cuerpo

Ya se sabía que este medicamento actúa sobre la molécula IL-17A que provoca inflamación, pero su efecto sobre el peso corporal nunca se había observado. De esta manera, el nuevo trabajo relaciona la molécula como elemento causal de la obesidad. "Cuando se inhibe la producción de IL-17A o la ruta de señalización que esta molécula activa no hay obesidad", señaló Nabil Djouder.

Con el estudio, los investigadores descubrieron que la IL-17A puede actuar directamente en el tejido adiposo, "causando la obesidad y las alteraciones metabólicas graves asociadas al sobrepeso", añadieron en el comunicado. Unas patologías que forman parte del síndrome metabólico entre las que se encuentran la hipertensión, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.

Muchos pacientes cardíacos utilizan la digoxina

¿Por qué no lo habían descubierto todavía? Para Djouder, estos efectos beneficiosos podrían haber pasado desapercibidos debido a que los pacientes que la toman suelen presentar una gran retención de líquidos que ocultaría el efecto adelgazante. Otra de las hipótesis plantea que la dosis necesaria para tratar los problemas de corazón no sea lo suficientemente alta como para inducir una pérdida de peso.

Aunque las personas todavía están lejos de poder usar el medicamento para tratar la obesidad - faltan los ensayos en humanos -  Ana Teijeiro, primera autora del trabajo, ha afirmado que “es tentador proponer que los pacientes con obesidad podrían tomar digoxina durante un periodo corto, hasta estabilizar la pérdida de peso, y que después sigan una dieta saludable”.

"El fármaco podría indicarse además contra patologías asociadas a la obesidad, como la hipercolesterolemia, la esteatosis hepática o la diabetes tipo 2", agregó Teijeiro.

Otros descubrimientos por accidente

Algunos medicamentos ampliamente conocidos por la comunidad médica fueron hallados de casualidad o, como en el caso de la digoxina, cuando se buscaba otra cosa. Por ejemplo, los investigadores de Pfizer descubrieron la Viagra cuando buscaban un medicamento contra la angina de pecho y la hipertensión.

En 1956, en lugar de simplemente grabar los pulsos eléctricos, lo cual podía servir para monitorear los latidos del corazón, Wilson Greatbatch puso mal una resistencia. Esto resultó en que el dispositivo genere pulsos regulares de corriente eléctrica. Cuando se dio cuenta que había encontrado la manera tanto de simular y estimular un latido del corazón con la electricidad, Greatbatch luego recordó que “simplemente miré esa cosa incrédulo, pensando que estas eran exactamente las propiedades de un marcapasos”.

Fleming y la penicilina cambiaron la medicina gracias a un accidente

Quizás el mejor hallazgo por accidente, sin embargo, es el de la penicilina. El científico Alexander Fleming estaba estudiando la influenza. Al vovler de unas vacaciones, se dio cuenta de que en una placa de Petri las colonias de la bacteria Staphylococcus aureus no crecían en unas zonas de cultivo que habían sido contaminadas accidentalmente por un moho verde.

Entonces aisló el moho (el Penicillium notatum), lo cultivó y descubrió que producía una sustancia capaz de matar muchas bacterias comunes. Un producto de una casualidad, tanto que la Real Academia Española lo utiliza para ejemplificar la palabra serendipia, un hallazgo valioso que ocurre de manera accidental.