"Hay una grieta en todo, así es como entra la luz"
Leonard Cohen

Es difícil pensar la conducta de una especie con cerebro desarrollado, sin considerar que existan peleas entre sus miembros.

La grieta no es nueva, describen los etólogos, por ejemplo, dos grupos de hormigas egoístas o altruistas (estas últimas son las obreras, que dan la vida por el grupo, aún sin detentar capacidad reproductiva). También diferentes manadas luchan entre ellas; en especies cercanas al humano, como los chimpancés, el nuevo mono alfa expulsa del grupo al anterior alfa, ya vencido.

En cuanto a nosotros, desde que comienza la civilización sedentaria en Mesopotamia, los primeros asentamientos como el de Ur y luego los Asirios y Babilonios conquistaron al resto de sus vecinos. Romanos contra Cartagineses, Unitarios contra Federales, Republicanos contra Monárquicos y podríamos seguir; desde siempre ha habido diferencias, que se presentan entre personas o grupos de ellas.

Estas divisiones se enmarcan en emociones y pensamientos. Estas conductas contienen impulsos instintivos que compartimos con los animales y que en el homo sapiens se complejizan. Agregándole racionalidad, inhibiciones y controles cognitivos que, sin embargo, no soslayan diferencias insalvables, a veces peligrosas.

Diferencias por el territorio (propiedad), de creencias (religiosidad) o de pertenencia tribal ( nacionalismo, club de fútbol, etc.) pueden ser evocadas, como instancias que generan tomas de decisiones diferentes, denotando ideas y sentimientos incoercibles. Pudiendo llevar a guerras o su sublimación: una competencia deportiva, por el nobel o de belleza.

Varios autores observan que la objetividad de las ideas padece en la actualidad una cuestión muy crítica sobre la veracidad. La gran polarización política está sucediendo a gran escala, llamada en la Argentina "grieta" pero que existe e intensamente en países como EE.UU., Inglaterra e Italia, entre otros. Al defender posturas extremas se van generando argumentos que finalmente cambian la comprensión subjetiva de la verdad, peligrosamente. Se genera así un relativismo a lo que algunos cognitivistas llaman el "tribalismo de la verdad".

En esta instancia de discusión se plantean dos posturas "debatir para aprender", algo parecido a un diálogo que refuerza las ideas relativistas pudiendo aceptar al otro; lo cual termina en una confluencia de pensamientos para llegar un acuerdo dentro del consenso. Por lo contrario, "debatir para ganar", es la otra postura y en ella no importa cuál se la verdad.

Existe abundante y heterogénea información específica con gran dispersión de temas que se ofrecen en muy poca unidad de tiempo a nuestro cerebro. Esta "dispersión cognitiva" dificulta la toma de posición específica sobre contradicciones, especialmente aquellas que coincidan con el pensamiento de la persona que la recibe, pues serán menos críticos. Su cognición muy frecuentemente tratará amablemente a la noticia más por la familiaridad emocional que por la razón. Queda así mucha población desprotegida.

Se plantea que en las ideas de posverdad interviene en el "razonamiento motivado", que podría asemejarse al funcionamiento de los sistemas de creencias. Es decir, posturas que tienen algo de razón pero que contienen componentes emocionales como la identificación partidaria, religiosa o de otro tipo de cuestiones como la política, el deporte o la ecología.

Los sistemas de creencias que producen la expectativa de confianza, impactan sobre la función emocional, racional y corporal de las personas. Se generan sobre alguna idea, es decir, creer en algo o por lo contrario, la idea negativa. Por ejemplo, no creer que un medicamento será efectivo. Este sistema puede generarse sobre algo visible o también sobre cuestiones no observables. Funciona especialmente a través de la amígdala cerebral, que abre la emoción inconsciente y del lóbulo prefrontal, que permite concientizar las creencias. En los sistemas de creencia existen dos procesos claves: el del placebo y el religioso/política.

En cuanto a la territorialidad, el humano nómade o sedentario se comporta como gregario, sin embargo el sedentarismo será la máxima expresión de lo comunitario; creando grandes conglomerados.

El sedentarismo irá agregando la necesidad de apropiarse del territorio, pues ya el humano comenzó a dedicarse a su tierra y ganados, pasando de cazador recolector a sedentario.

Es interesante percibir que algunas de las pocas tribus cazadoras recolectoras que sobreviven actualmente en el África, como los Hadzas de Tanzania Central, sin el concepto de propiedad territorial, llegan a solucionar sus diferencias con menos violencia.

Los conflictos son generalmente producidos por cuestiones de disputas familiares, sexuales o de alimentos. La gravedad de las riñas y las venganzas son mínimas, comparativamente a los sedentarios. A veces son luchas simbólicas o rituales que simulan una disputa, sin graves consecuencias lesivas.

El concepto de guerra estructural nacerá en asociación al sedentario agricultor y a la creación de grupos establecidos que se apropian de territorios.

Las diferencias entre individuos serán entonces condicionadas por el tribalismo, la territorialidad y las creencias. Drew Westen de la Universidad Emory de Atlanta observó cómo reaccionaban ante los discursos de los candidatos los votantes de un partido político. Evaluó la diferente reacción cuando escuchaban contradicciones del candidato propio o del contrario. Entonces cuando la persona escuchaba una contradicción discursiva se observó en resonancia magnética funcional del cerebro la activación de la corteza cingulada anterior y del lóbulo prefrontal ventromedial. Estas zonas de la corteza se activan ante el procesamiento de emociones negativas de dolor o situaciones estresantes, cuestión que se explica neurológicamente y describe cómo las opiniones del candidato contrario sensibiliza a los sujetos; a diferencia de las cuestiones con los candidatos de referencia, al que se le perdonan controversias similares, percibiéndose a ellas como menos graves.

Hasta en animales pequeños como insectos existen conductas altruistas y de egoísmo: ésta quizá sea una de las primeras grietas. Incluso se pueden estudiar genes relacionados con conductas de cooperación, como por ejemplo, el del receptor de la hormona oxitocina, modificando un solo nucleótido de ADN del mismo, se cambia la conducta de cooperación.

Este bagaje genómico fue trasladado a los animales con cerebros más desarrollados y en forma mucho más compleja aún, al humano. Donde la genética impactará en el sistema nervioso, pero también en los patrones sociales y culturales, que modifican a la misma recíprocamente.

Querer soslayar estas diferencias puede ser sólo una utopía. Además si pensáramos todos igual, se acabaría la riqueza social y el control que aporta el debate. Lo importante es racionalizar las divisiones, manejar los sentimientos excesivos y poder controlarlas cognitivamente. Así, buscar puntos de coincidencia, que también pueden y deben existir. Igualmente prefiero los altruistas.

*Neurocientífico. Doctor en medicina y en filosofía. Investigador del Conicet. INEAAR