Las consumimos sin darnos cuenta. Las noticias tristes o preocupantes ocupan la cotidianidad de lo social. Hay una reciente obsesión por leer noticias negativas o deprimentes. Desastres naturales, enfermedades, hechos alarmantes de última hora. En un contexto lleno de cambios e incertidumbres constantes es común que estemos más pendientes que nunca de los noticieros y de las redes sociales. Y aunque parezca contradictorio, nos enganchan las malas noticias. 

Lamentablemente lo que “vende” es el colapso de un mundo en crisis: nuevas muertes, niveles de desempleo y hambre, manifestaciones callejeras. Tenemos una propensión “normal” a prestar más atención a las noticias negativas. No se trata de no estar informado, pero no se cuida suficientemente el bienestar mental.

El gesto tan simple de ir bajando y bajando con nuestro dedo las informaciones que van apareciendo en la pantalla de nuestro teléfono se conoce como “doomscrolling”. Es un término en inglés que se ha puesto de moda hace relativamente poco y que significa algo así como “ir cayendo o rodando hacia la fatalidad”. 

La cantidad de noticias negativas supera a las positivas. Estamos expuestos, casi sin darnos cuenta, a este tipo de estímulos adversos y los hemos normalizado. Sin embargo, el cerebro sigue sufriendo, porque el número de trastornos de ansiedad y depresiones se elevan cada vez más. Hay síntomas de estrés, humor voluble, comportamiento agresivo. Las personas se quejan de falta de sueño o de pesadillas constantes, sensación de decaimiento o desánimo, poco interés en general por otras cosas. 

Informaciones de corte negativo, triste o alarmista. La noticia, en general, suele tener un impacto emocional breve. El problema aparece cuando la exposición es continuada, llegando a generar una acumulación de emociones negativas. Inconscientemente, y sin poner filtros, la mente hace acopio de un cúmulo inmenso de datos, imágenes y relatos que afectan al bienestar psicológico. 

Hay un hecho evidente: nos sentimos más preocupados, la incertidumbre pesa y queremos saber qué sucede en nuestro mundo casi a cada segundo. Por lo general, el cerebro tiene mayor tendencia a buscar “lo malo” antes que lo “positivo”. Desde los problemas sociales, las crisis económicas y la emergencia sanitaria mundial, es prácticamente imposible que una gran mayoría de los contenidos que recibimos no sean oscuros y estresantes. Prensa amarillista, curiosidad morbosa, placer por lo macabro… Pero, leer más noticias no nos hará sentir mejor. 

La exposición a las malas noticias hace pensar que el mundo es más peligroso de lo que realmente es y puede tener graves consecuencias a largo plazo. Los pensamientos negativos, generados por las malas noticias, terminan volviéndose el centro de nuestras vidas y nos generan malestar. Comienzan a ganar terreno en nuestro día a día y se convierten así en dictadores que nos dominan. Suelen hacerse invasores más fuertes si dejamos que sean los protagonistas, incluso, de nuestro discurso. La multiplicación de medios masivos obliga a transformar en noticias lo que no son noticias; sólo hechos triviales sin relevancia o invenciones del aburrimiento. 

Quienes tienen un pensamiento catastrófico elegirán la peor de todas las opciones para imaginar el futuro. Esto, por supuesto, tendrá consecuencias muy negativas en su estado emocional y en sus patrones de comportamiento. “Cuando jugamos, bromeamos y reímos, nuestro cerebro recibe un mensaje de retroalimentación de que todo está bien… Si queremos mantenernos mentalmente sanos, necesitamos tener tiempo para jugar y saborear las cosas buenas de la vida”, afirma Lewis Presnall.

“Un pueblo muy pequeño. Una señora está sirviendo el desayuno a sus hijos con una expresión de preocupación en su rostro. Le preguntan qué le pasa y ella responde: -No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

El hijo comenta en sus redes sociales: -Estoy preocupado porque mi madre dijo esta mañana que algo grave va a sucederle a este pueblo. Todos se ríen de él, pero, a la vez, multiplican con memes la noticia: algo grave va a ocurrir. La madre de uno de los amigos dice: -No se burlen de los presentimientos de los mayores porque a veces se hacen realidad. 

Y aprovecha para contar a sus amigas, por mensaje de celular, lo que pasa. Una amiga lo lee y lo comenta. Y cuando va a comprar carne le pide al carnicero: -Deme dos kilos de carne porque andan diciendo que algo grave va a pasar y es mejor estar preparado. El carnicero despacha su carne y pide abastecimiento porque hasta la radio local dice que, según los rumores, algo muy grave va a pasar. 

Toda la gente en el pueblo, con el móvil en las manos, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades. Es tal la tensión de los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse. Finalmente uno grita: -¡Me voy! Y empiezan todos a desmantelar literalmente el pueblo. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra. La señora que tuvo el primer presentimiento le dice a su hijo : -¿Viste que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?”