"Todo hombre puede ser,
si se lo propone, escultor de su propio cerebro."

Santiago Ramón y Cajal

Hace varios años se está trabajando en el proyecto Conectoma Humano, que muestra cómo las aproximadamente cien mil millones de neuronas que tiene el cerebro, se conectan estructuralmente entre sí.

Esta importante investigación describe cómo la anatomía cerebral se conecta entre sí en forma estática y fisiológica. Se observó que las conexiones de semejante cantidad de neuronas genera un altísimo número de contactos interneuronales: un billón de conexiones neuronales.

Cada neurona de la corteza del niño al nacer tiene 2.500 sinapsis pasando a 18.000 a los 6 meses. Esta arborización es clave para constituir las redes que conforman la función cerebral, pero se genera en los primeros meses de vida.

El cerebro humano cuenta entonces con aproximadamente 100.000 millones de neuronas conectadas miles de veces. Esto todavía le otorga una situación astronómica a la capacidad cerebral, mayor que los sistemas actuales. Sin embargo, ya existen programas que buscan la copia cerebral; como el proyecto Blue Brain, que trata de emularlo. Su creador el neurocientífico Henry Markham estima que la memoria necesaria para simular el cerebro es 500 petabytes.

Cada persona responde en forma subjetiva ante cualquier situación, sea social, cultural o ambiental e incluso con diferentes reacciones ante enfermedades clínicas y psiquiátricas. Cuando las miles de millones de variables que conforman una personalidad se cruzan con otras tantas de otra persona, se genera una compleja intersubjetividad. Lo cual multiplica enormemente las posibilidades y resultados.

El resultado final de esas múltiples relaciones será muy complejo. Mucho más cuando el cerebro urbano conforma los mayores conglomerados sociales y que más interaccionan. Pues cuanto más cerebro más urbe y cuanto más cogniciones interactúan, más variables se producen.

Así, el humano, el mayor ser biológico invasor y social, genera un espacio altamente complejo, con resultados muchas veces muy difíciles de predecir.

El cerebro humano triplica en tamaño al de los simios de similar tamaño corporal (chimpancé), también triplica al de nuestro primer antecesor en el linaje bípedo, el Australopithecus Afarensis. Se piensa que en este crecimiento el lóbulo parietal superior es uno de los sectores que más se ha desarrollado en el humano, especialmente el precúneo, lugar que nos diferenciaría en las funciones con los otros primates y además entre humanos. Sería un lugar de encrucijada y comunicación especial entre el tiempo y el espacio, que daría independencia al yo.

En el precúneo se unen la función del tacto fino, tan desarrollado en el ser humano, con la otra función evolucionada en el homo sapiens, la visión. Generando un espacio interior de unión de actividades claves, que hacen a nuestro yo. Esta zona parietal pareciera darle integración individual a esta identificación visoespacial; integrando el self al mundo y a nuestro interior.

Se abren así las puertas de la Inteligencia Artificial ( IA) quecintenta emular al cerebro humano, generándose un problema de estado. Se crean así el Proyecto Conectoma y el Proyecto  Cerebro de EE.UU., el Programa  Cerebro de la Comunidad Económica Europea y el Proyecto  Cerebro de China

Uno de los proyectos más importantes que muestran la independencia de cada cerebro es el que se deriva del Proyecto Conectoma Humano, que estudia las conexiones estáticas del cerebro y que ha permitido descubrir nuevos cableados de zonas cerebrales, antes inesperadas.

Estos estudios se realizan con resonancia magnética nuclear de cerebro (con tensor de difusión) que ha permitido descubrir casi todas las redes dentro del cerebro. A ese trabajo Emily Finn y su grupo de la Universidad de Yale le agregaron la posibilidad de observar esas conexiones mientras funcionan, es decir en forma dinámica y temporal.

Este grupo indicó a los pacientes que realicen funciones, como mover los dedos, reconocer caras o analizar actividades lingüísticas. Fueron observando así diferentes nodos y sus conexiones que dependen de cada función activada. Estudiaron especialmente conexiones de áreas visuales, de reconocimiento y motoras complejas.

Así descubrieron que cada persona tiene patrones independientes de funcionalidad y que la difieren del resto. Lo que llamaron impresión dactilar cerebral. Esto lo observaron especialmente en las cortezas cognitivas, que al ser las últimas en desarrollarse, son más modificables por factores externos; dado el mayor tiempo de exposición mientras maduran. Así obtienen patrones muy singulares, dependiendo fuertemente de su estímulo externo e interno, que variará en cada persona.

Este científico pudo identificar después de dos días de realizado el estudio y a través de un patrón, a las mismas personas que habían realizado las pruebas; como una huella funcional individual del cerebro de cada sujeto.

Otra cuestión importante es que con el tiempo este patrón cambia, por lo cual no puede ser un código de identificación permanente como una real huella dactilar.

El punto que se plantea actualmente es además investigar cómo funcionan esos contactos en forma dinámica posiblemente on-line e incluso predecir como funcionarán. Se utilizan con ese propósito metodologías matemáticas aplicadas a la neurociencia. Específicamente el método de "grafos" para analizar y predecir actividad del cerebro; así el grupo de Danille Bassett de la Universidad de Pensilvania y Maxwell Bertolero del mismo proyecto, estudian y grafican como descodificar matemáticamente 100 billones de mensajes, trazando un mapa o grafo.

Estos investigadores utilizan estas metodologías de estudio matemático del funcionamiento cerebral; implica diferentes criterios modulares en funciones específicas: límbica (emocional), frontoparietal (ejecutiva), somatomotora (coordinación motora), visual, defecto (introspección y múltiples funciones cognitivas), notoriedad (múltiples respuestas a nuevos estímulos) y atencional. Modelos de funciones complejas y diferentes a la clasificación clínica. Se enmarcan así matemáticamente nodos funcionales cerebrales, que concentran un pool de mayor funcionamiento sináptico y que implican esos grandes módulos. Existiendo además zonas de concentración de funcional que interrelacionan activamente a los mismos. Basset y Bertolero plantean una genial y verídica reflexión de la neurociencia "Una lista de las regiones del cerebro y sus funciones no nos informa sobre cómo trabaja el mismo, como tampoco un inventario de instrumentos nos permite conocer una sinfonía".

Todavía el cerebro es más poderoso que Internet y acumula más capacidad que el mayor servidor. Pero la cantidad de información cibernética se duplica cada año. Es decir, la información de un año acumula todo lo generado desde la existencia del hombre.

La IA genera dilema éticos y bioéticos y prácticos, que serán muy difícil predecir en el futuro; cuando sea una "superinteligancia artificial".

La IA no es empática, toma decisiones económicas, eficaces e independientes. Sin embargo, cuesta pensar que sea ética a pesar que controla sociedades, armas e inteligencia militar.

Este idioma dinámico encuentra una interfase entre la neurociencia, la psicología y la matemática. Aplicando mapas funcionales o grafos al Conectoma humano estructural.

Se establece un idioma nuevo, aún para los que utilizamos las clasificaciones cognitivas más recientes. Deberemos conocer las nuevas características cognitivas, estructurales, fisiológicas y ahora matemáticas, los que deseen adentrarse más profundamente en el conocimiento nuestra conciencia.

*Doctor en Medicina y en Filosofía. Director Ineaar. Prof. Titular UBA. Conicet