Unos de los parámetros sanitarios más importantes a considerar en la pandemia, además de lo infectológico, es la obesidad; es decir el problema metabólico. Se plantea cómo errores alimentarios, el estrés crónico, la disminución de actividad, la pérdida de rutinas, de la actividad socio-laboral y los trastornos del sueño, pueden impactar en el metabolismo de las personas.

Se alteran así parámetros metabólicos como el sobrepeso, la hipertensión arterial y la diabetes. Patologías claves, tanto en prevalencia como en tasa de mortalidad, como problemas  cordíacos, cáncer y los accidentes cerebrovasculares dependen fuertemente de estas alteraciones.

Diferentes encuestas muestran un aumento de peso de entre 2 a 10 kg de peso en gran parte de la población dentro de la cuarentena. La obesidad que de por sí constituye una patología globalizada se presenta como una situación a seguir muy de cerca. Según la OMS, 2,8 millones de personas mueren anualmente por esta causa.

Una endemia que aqueja a cerca de un tercio de personas en el mundo. Según la cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de Argentina presentada en abril de 2019, el 61,6% de los argentinos tiene exceso de peso (36,2% de personas con sobrepeso y 25,4% con obesidad).

Un estudio realizado en Francia por la organización Darwin Nutrition revela que en ese país el 56% de los hombres entrevistados  aumentó en la cuarentena promedio 2,7 kg y el 58% de las mujeres consultadas tuvieron  un aumento de peso promedio de 2,3 kg. 

Aumento de peso en la cuarentena


La Sociedad Argentina de Nutrición  realizó una encuesta on-line en adultos de 18 a 70 años que describió que casi 6 de cada 10 argentinos (56,9%)  habría subido de peso durante la cuarentena. El 78,5% aumentó de uno a tres, mientras que el 18% incrementó de tres a cinco, y un 3,5%  más de cinco kilos. 

Esto suma un problema asociado al COVID-19, los mayores riesgos de tener una evolución grave se asocian especialmente a la hipertensión arterial, la diabetes y la obesidad, todas las enfermedades generadas por el sobrepeso. En varios estudios en diferentes regiones llamó la atención que algunos pacientes jóvenes también tenían formas graves de Covid-19 igual que los de edad avanzada, una de las explicaciones más plausibles fue el exceso de peso.

Se han descubierto genes relacionados con la gordura y la diabetes (tipo 2, relacionada con la obesidad). Es un gen muy presente en la población, de ahí lo frecuente de la obesidad y de la diabetes en la comunidad. 

Consumo de alcohol y obesidad

Otra de los problemas relacionados con trastornos metabólicos es el aumento de consumo de   alcohol en  cuarentena,  utilizados  como   entretenimiento  o peor aún como psicofármacos para calmar la ansiedad o la angustia que produce el encierro. El consumo de bebidas alcohólicas genera un incremento desmedido del peso y en consecuencia de problemáticas  metabólicas y sobrepeso.

También lo es el consumo  de  la  comidas  rápidas y/o  industrializadas, que además llegan a domicilio con facilidad y constituyen un combo metabólico de gran riesgo.

Es interesante observar cómo en otras pandemias pasadas las sociedades no tenían acceso al alimento, incluso podían padecer hambrunas. Sin embargo, esta pandemia caracteriza por la globalización y las redes  permiten un acceso diferente. Cabe remarcar que el aumento de peso sucede especialmente en poblaciones empobrecidas, en donde el exceso de los hidratos de carbono pueden exceder  sobremanera a la dieta proteica, con el impacto calórico que ello denota.
Se debe considerar  especialmente  en el confinamiento  las características psicológicas de la persona que padece problemas nutricionales, estudiando los procesos psíquicos  que influyen en el apetito como la ansiedad o la depresión. Pero fundamentalmente patologías alimentarias como la bulimia o la anorexia, que pueden alterarse por el confinamiento y el estrés cronificado.
El humano debe camina mucho más que otras especies.

El homo sapiens adquirió evolutivamente nuevos requerimientos fisiológicos. Uno de ellos es la necesidad de movilizarse, dada su nueva característica de cazador-recolector. Esta necesidad de desplazamiento se asoció al crecimiento cerebral, acompañado de sistemas de cooperación y de una dieta omnívora. Comer carne requirió de mayor esfuerzo, traslado y cooperación.

El antropólogo Herman Pontzer del Colegio Hunter de New York plantea que evolucionamos así al género Homo, con grandes caminatas, generalmente de más de 10.000 pasos por día aproximadamente. Con esta conducta-actividad se pudo conseguir alimento, cubrir grandes territorios y casar a las presas; así sobrevivió el más apto.

Caminatas y ejercicios físicos

El humano requiere de grandes caminatas diarias que le organizan su salud. Se generaron necesarias, en cuanto cazador-recolector, que quedaron genéticamente implantadas en la evolución. Cuestión limitada en la cuarentena prolongada.

Existe actualmente otra idea metabólica de importancia, que es cómo procesa el intestino la absorción de alimentos y la secreción de sustancias. Se conoce que existen miles de millones de bacterias en el intestino grueso, que constituyen el microbioma corporal.

Estos gérmenes simbióticos ayudan a la digestión de los alimentos, pero que se comunican con el sistema nervioso central y el inmunológico, siendo el intestino una especie de segundo cerebro y un sistema inmunológico que secreta sustancias protectivas y neuroquímicas. Actualmente existen varios estudios que investigan el impacto del microbioma en el COVID-19.  

El comer mal y la falta de ejercicio también puede impactar en el cerebro de adultos mayores. Un trabajo alimentario pionero en deterioro cognitivo fue el realizado por Dale Bredesen de la Universidad de California, dentro del llamado MEND (Metabolic Enhancement for Neurodegeneration).

Observó mejoría clínica en pacientes con Alzheimer, trabajando sobre muchos parámetros metabólicos, varios acá mencionados. El científico Cyrus Raji, de la Universidad de Pittsburgh, dirigió un estudio donde plantea la importancia del ejercicio para el cerebro del   adulto mayor,  actualmente  confinado. 


La importante revista de Lacent en la Editorial de agosto 2020 reseña la postura del gobierno del Reino Unido con respecto a la obesidad y la pandemia, que lanzó la nueva estrategia nacional para combatir la obesidad. En letra grande el título del comunicado de prensa oficial insta a las personas a “Bajar de peso para vencer al COVID-19 y proteger al sistema de salud”.

La nueva estrategia de obesidad, dirigida por el Public Health England, tiene la intención de “restringir promociones de alimentos no saludables, mejorar el etiquetado nutricional  y expandir los servicios de control de peso”. Pero la revista hace hincapié en no culpabilizar a los pacientes obesos que son personas vulnerables.

La sugerencia es mantener las rutinas diarias, sustentar cuatro moderadas comidas sanas, disminuir el consumo de alcohol, realizar ejercicio aeróbico dentro de la posibilidad  individual, controlar el ritmo de sueño y mantener ambientes soleados . Actitudes claves que se deberán mantener para evitar una fenómeno secundario factible,  que es el aumento de la prevalencia de obesidad con los problemas subsecuentes.

*Neurólogo cognitivo y doctor en Filosofía. Prof. titular UBA. Conicet

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Ignacio Brusco

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