Horarios desordenados, insomnio, actividades escolares y laborales en casa, incertidumbre y encierro. La rutina cambió por completo desde que se desató la pandemia y con el contexto inquietante en que nos toca vivir, los hábitos alimenticios también pueden verse modificados. Surge el deseo no del todo saludable de comer a toda hora.

Especialistas en nutrición explican cómo diferenciar el hambre real del hambre emocional y brindan algunos consejos para combatir este último. Una alimentación consciente para darle al cuerpo los nutrientes necesarios es clave, para quienes tienen la fortuna de contar con los medios para comer, en un país con niveles de pobreza dramáticos.

“El hambre física responde a una necesidad propia del cuerpo para cargar energía, se siente en el estómago. El emocional, en cambio, aparece como una salida de escape a las emociones. Comés por ansiedad, aburrimiento o porque tenés mucho trabajo, etc. Surge de repente y está ligado a alimentos que nos resultan reconfortantes como grasas y procesados ricos en azúcares. Luego suele venir acompañado de sentimientos de culpa”, explica a BAE Negocios la Lic. Daniela Sánchez, nutricionista de CRENYF. Frente a esto propone, detenerse unos segundos para pensar si es hambre de verdad.

Agustina Murcho, Lic. en Nutrición especialista en trastornos alimenticios, y creadora de @nutricion.ag, elaboró un informa al respecto en el que distingue las dos variables. Según puntualiza, el real se manifiesta a veces con dolor de cabeza o con el típico mal humor.  “En estos casos, comeríamos cualquier cosa, desde una ensalada a una milanesa con puré, porque lo que necesitamos es calmar esa sensación.  El emocional es más difícil de combatir. Hace que tengamos hambre todo el tiempo y que nada nos llene, porque el cerebro utiliza a la comida para evadir problemas, emociones y pensamientos. Suele darse con atracones, comidas de mala calidad, comer de más o picoteos”, describe.

 

En momentos en que las emociones están a flor de piel por la pandemia, esta última modalidad gana protagonismo. “Tenemos que aceptar aquello que nos pasa y tratar de no volcarlo y traducirlo en comida. Calmarnos con cosas que nos hagan bien, porque de lo contrario le estaremos enseñando al cerebro a comer cada vez qué hay una emoción que nos perturba, poniendo comida en la boca cuando el cuerpo no la necesita. Esto, sin duda, podría llevarnos a un atracón”, explica Murcho.

 

En la misma línea, Sánchez recomienda, cuando surja el hambre emocional, realizar otra actividad que nos saquen de la sensación de encierro y nos resulte reconfortante como hacer yoga, ver una película, bailar o pintar. Probablemente, más tarde nos demos cuenta de que las ganas de comer ya no están.

 

Consejos para no desesperar

La nutricionista de CRENYF comenta que a sus pacientes les resulta muy útil anotar cuando se presentan las emociones que nos llevan a comer. Por otro lado, sugiere tener a mano alimentos saludables preparados y tratar de no tener almacenar muchos productos procesados y ricos en grasas o azúcar. Destaca además la importancia de mantener una dieta equilibrada, dormir bien y permitirse algunos gustos.

Por su parte, la Lic. Murcho sugiere:

  • Tratar de cumplir con las cuatro comidas, tratando de cocinar lo justo, donde haya vegetales, proteínas, hidratos y grasas saludables. Comer lo que se puede midiendo porción.
  • No privarse de aquello que te genera placer. Esto, muchas veces, nos causa angustia..
  • Hacer ejercicio en casa, alguna clase divertida o rutina que nos motive.
  • No obsesionarse: si se sube algunos kilos de más, luego se vuelve a la rutina y el cuerpo se acomoda
  • Tratar de calmar la emoción haciendo algo que nos despeje, que no sea comiendo.

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Paula Boente

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