No importa lo que se haga en la vida, ya que por norma general habrá momentos en que las cosas no salgan según lo planeado, momentos en que todo parece estar funcionando en contra y momentos en los que se falla. Es cuando algunos tienen ganas de darse por vencidos, de abandonar su lucha. Pocas personas llegan a tener éxito cuando persiguen sus sueños; aquellas que lo hacen son las que poseen la voluntad de buscar caminos distintos para llegar a ellos. "He fracasado una y otra vez en mi vida. Y por eso, soy exitoso" afirmó convencido Michael Jordan. Nadie alcanzará el éxito haciendo lo que hace todo el mundo. El éxito, a cualquier nivel, requiere la capacidad de seguir adelante.

Sin embargo, el éxito y la obsesión por él se han convertido casi en sinónimo del valor de cualquier persona. Es como si el éxito, traducido incluso en dinero, tuviera que ser la columna vertebral de cualquier vida y en todo momento. ¿Es inherente al ser humano querer alcanzar el máximo éxito o es un condicionamiento impuesto por la sociedad? La obsesión por el éxito, ¿es natural o cultural?

Siempre se ha bombardeado a la sociedad con mensajes que hablan de un plan de vida ideal, limitando, en muchas ocasiones, una perspectiva desde otros puntos de vista. La imposición social y cultural juega un gran papel en las distintas aspiraciones sociales y personales. No existe una ley natural que afirme que el ser humano deba acumular mucho dinero ni tener una innumerable lista de propiedades. Pero, si desde pequeños se asocia el éxito con tener el mejor trabajo o la casa más linda, es probable que se crea que eso es el éxito real.

Dicen que algunas de las epidemias más extendidas del siglo XXI son la depresión y la ansiedad. La imposición de unas metas irreales produce frustración en la medida en que no se consiguen. Mucha gente afirma que su vida es un fracaso porque no tiene un buen trabajo, tiene un coche "normalito" y vive en una casa "no muy grande". Sin embargo, como decía Facundo Cabral: "No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita".

El éxito y el fracaso son dos buenas herramientas para el aprendizaje, pero en realidad de lo que se aprende es de la variada experiencia. Matthieu Ricard, doctor en biología molecular y monje budista, ha sido calificado como "el hombre más feliz del planeta". Asegura que "la compasión, la intención de eliminar los sufrimientos de los demás y las causas de su sufrimiento, vinculados con el altruismo, el deseo de ofrecer bienestar a los demás es el único concepto unificador que nos permite encontrar nuestro camino en este laberinto de preocupaciones complejas". Por lo que en lugar de mirar solo nuestro éxito, la felicidad y gran parte del sentido de la vida pasa por cuidar los intereses de los demás.

Apreciar lo que se tiene y estar encaminados en una dirección moralmente correcta es mucho más admirable que el deseo y el afán de acumular bienes materiales y prestigio. Es más, aquellos cuya obsesión por el éxito es demasiado alta, generalmente son los que más sufren. Los que se preocupan de los demás y se sienten bien con lo que tienen, gozan de mayor felicidad. No es sinónimo de conformismo, es saber disfrutar el momento presente. 

El verdadero éxito consiste en ser feliz. Y la felicidad está en los detalles, en el camino, en la actitud. Solo hay que estar atentos a las señales. Si solo se persigue el éxito, a toda costa y a pesar de todo, puede que se tenga poder, pero ser feliz es más complicado. El verdadero éxito es poder vivir como uno desea: viajar, contemplar, abrir la puerta de un hogar en calma, seguir ilusionados por comprar unos simples zapatos, conseguir mantenerse a sí mismo con una ocupación que guste. Ser uno mismo.

Cuenta la historia que Alejandro Magno quiso tener un encuentro con Diógenes, que vivía en un tonel. De hecho, este era una de sus pocas pertenencias. Unos lo consideraban un perro y otros un sabio. Cuando Alejandro Magno se presentó ante él, le hizo conocedor de su admiración y entablaron una conversación. Alejandro se dirigió a Diógenes diciendo: "Pídeme lo que tú quieras. Puedo darte cualquier cosa que desees, incluso aquellas que los hombre más ricos de Atenas no se atreverían ni a soñar".

Diógenes tenía la oportunidad de cambiar su vida de forma radical. De vivir en un palacio, de gozar de fortunas. Sin embargo, su respuesta no fue la que todos hubiéramos esperado. Diógenes le respondió: "Por supuesto. No seré yo quien te impida demostrar tu afecto hacia mí. Querría pedirte que te apartes del sol. Que sus rayos me toquen es, ahora mismo, mi más grande deseo. No tengo ninguna otra necesidad y también es cierto que solo tú puedes darme esa satisfacción".

Se dice que Alejandro afirmó que "si no hubiera sido Alejandro, me hubiera gustado ser Diógenes". Para Diógenes el éxito era estar tranquilo y disfrutar de los rayos de sol, para Alejandro era la ambición desmedida por conquistar más y más tierras.