Se llama "posverdad" a la distorsión deliberada que se hace de la realidad con el fin de moldear la percepción y la opinión de la gente. Los hechos objetivos pasan a ser menos influyentes en la formación de la opinión pública que la apelación a la emoción y la creencia personal. Se "crean verdades" que no corresponden a los hechos, pero que terminan siendo validadas por las mayorías en función de su repetición incesante.

Es un fenómeno preocupante. Dice Noam Chomsky: "La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos". La mayoría de la gente ha perdido calidad de vida en las últimas décadas. Un público indignado por la crisis, experimenta una mezcla de enojo y miedo que termina convirtiéndose en desconfianza y escapismo. Por eso, en la posverdad, lo emotivo juega un papel muy importante. Las personas creen en aquello que mejor satisface sus emociones básicas, aunque esto riña con los hechos probados y la evidencia. De este modo, cuanto más asociada esté una idea con los sentimientos humanos, más poder de arraigo tendrá. 

Desde tiempos inmemoriales el prejuicio ha tenido mucha más fuerza que la verdad científica o evidente. Sin embargo, en los tiempos actuales esto ha adquirido una nueva dimensión, debido al enorme poder de los medios de comunicación y de las redes sociales. Hoy la difusión de una información falsa se hace en segundos, y masivamente. Se crea el efecto de "son muchos los que dicen lo mismo, por lo cual, debe ser verdad". Un fenómeno de realidades tergiversadas en lo político, en la economía, en lo sociológico y en el estilo de vida de muchos. Se camuflan los hechos y se cambian los pensamientos de aquellas personas que se sienten confundidas, desorientadas y con poca capacidad de pensamiento crítico. 

Valiéndose del crecimiento de las redes sociales e internet, han cobrado importancia las "fake news". Son noticias falsas que normalmente se usan de forma deliberada para desinformar. Y hay tanta información que es muy complicado certificar si es cierta o no. Internet ha democratizado la información, pero también ha traído consigo fenómenos como el del engaño masivo. Por un lado, se calumnia y se desprestigia, favoreciendo los intereses propios. Por otro, resulta ser un negocio lucrativo para quien produce estas falsas novedades. 

La información precisa y verificada es la fuente principal para la toma de decisiones acertadas. También es a partir de las noticias como configuramos una visión acerca de lo que ocurre en el mundo. Los grupos de interés detrás de las fake news las convierten en un elemento de manipulación. Ayudan a reforzar prejuicios y a formarse una idea equivocada de algunos grupos humanos, organizaciones, países, personas. Generalmente, lo que queda es una poderosa semilla de sospecha. Casimir Delavigne, a comienzos del siglo XIX decía: "Mientras más increíble es una calumnia, más memoria tienen los tontos para recordarla".

La Organización Mundial de la Salud habló de la "infodemia" para referirse a la epidemia de noticias falsas; tema preocupante en épocas de crisis pues tienen un impacto mucho más grave. Buena parte de esas informaciones buscan directamente incrementar el temor. Una sociedad asustada es más maleable y propensa a recibir medidas extremas como una solución a sus problemas. 

Lamentablemente esas noticias falsas no se propagan solas, necesitan del concurso de muchas personas que quieran "pasar la voz", aunque "la voz" no esté confirmada, de la misma manera en que se propaga un chisme. Ese "tener algo fantástico que contar" es algo que seduce a muchos y lleva a comportamientos irresponsables.

Para desenmascarar una fake new tenemos que lograr que la reflexión prime sobre la emoción. Esto debería ser una tarea de toda la sociedad si no queremos que los acontecimientos reales queden opacados por las noticias falsas. El empeño por distinguir la verdad de la mentira será lo que finalmente marcará la madurez de nuestra sociedad. Una mentira puede dar media vuelta al mundo mientras la verdad se está poniendo las botas.

Jaime Dueñas escribe: "En la fábula El pastorcito mentiroso, un pequeño que cuida un rebaño, engaña tantas veces a los habitantes de su pueblo alertándolos sobre la presencia de un lobo, que cuando la fiera llega de verdad y devora las ovejas nadie acude a ayudarlo, porque ya nadie le cree su pedido de auxilio.

Ojalá lo que sucede actualmente en los medios digitales tuviera el mismo 'final feliz' que la fábula de Esopo, pero no es así. Quienes se benefician de difundir noticias falsas se aprovechan del hecho de que siempre hay personas que creen sus mentiras, de que no son pocas y de que siempre están dispuestas a ayudar a difundir su mensaje. Tan grave como el exceso de mentirosos es el exceso de crédulos que no se toman diez segundos para darse cuenta de la completa falta de lógica de algunas de las "verdades" que creen a ojo cerrado, sobre las que ni siquiera hacen uso del derecho a dudar. Esas personas son el nuevo rebaño del cuento."