El mundo en el que vivimos no es ni por asomo perfecto. Nunca lo será ni tiene por qué serlo, por mucho que nos moleste o nos disguste. Desgraciadamente, hay muchas personas que esto no lo comprenden ni lo toleran y en consecuencia lo pasan muy mal. La vida tampoco es perfecta ni controlable. Está repleta de situaciones y desenlaces que se alejan, en gran medida, de nuestras expectativas. Forma parte de nuestro proceso madurativo aprender a aceptar y gestionar esta realidad. No obstante, cuando esto no se logra y crecemos con una baja tolerancia a la frustración, habremos de hacer frente a mucho sufrimiento.

La realidad no pregunta si nos parece bien o mal lo que está sucediendo, simplemente sucede y es uno el que tiene que adaptarse para sufrir en menor medida. Las personas que son capaces de mantenerse sosegadas cuando sus deseos no son satisfechos han desarrollado una alta tolerancia a la frustración. Es decir, saben aceptar que a veces las cosas salen y a veces no salen, y que al final uno sigue viviendo. El concepto de baja tolerancia a la frustración se refiere a la escasa o nula capacidad de algunas personas de aceptar las circunstancias desagradables de la vida o aquellas cosas que no nos gustan. 

Cuando algo no sucede del modo esperado tenemos dos opciones: aceptarlo y seguir adelante o estancarnos en la negatividad y el rol de víctima. En ningún caso cambiar lo sucedido es una opción: la rigidez trae malestar, la flexibilidad oportunidades. El nivel de tolerancia a la frustración depende de cada persona y cuando es bajo se manifiesta de muchas formas y modalidades. Suele expresarse cuando la persona se enfrenta a una situación de estrés, en cuyo caso reacciona con ira, rabia o melancolía desmedida ante situaciones que la mayoría de las personas son capaces de resolver en su interior. Sus reacciones ante un deseo no satisfecho se manifiestan con una explosión de sentimientos que oscilan entre la insistencia desmedida y la cólera, llegando incluso a agredir verbalmente a la persona "encargada" de cubrir sus necesidades no satisfechas.

La frustración aparece cuando un deseo, un sueño, un objetivo o una ilusión no pueden conseguirse, al menos en ese momento, por mucho que alguien se esfuerce. Es una de las emociones más poderosas que afecta a la construcción de la autoestima, la que nos hace plantear nuestra valía y nos muestra aquellos aspectos en los que podemos mejorar. La baja tolerancia a la frustración se ha definido como un importante trastorno emocional. Los que lo sufren, consideran absolutamente necesario que la vida sea siempre fácil y cómoda. Confunden un deseo con una necesidad. Tienen que obtener siempre todo lo que quieren y para ello exigen, ordenan e insisten. No quieren soportar ninguna dificultad, demora o fracaso.

Es normal que a nadie le guste sentirse frustrado o fracasado. Sin embargo, "la vida no es como nosotros queremos que sea, la vida es como es". Tendríamos que aprender a tolerar la desobediencia de la realidad, el hecho de que no siempre se pliegue a nuestros deseos, por muy nobles que sean. El psicólogo Albert Ellis dejó escrito: "Mientras que la persona menos perturbada desea firmemente lo que quiere y lo siente de forma apropiada y se molesta si sus deseos no quedan satisfechos, la persona más perturbada exige, insiste, impera u ordena dogmáticamente que sus deseos se satisfagan y se pone exageradamente angustiada, deprimida u hostil cuando no quedan satisfechos".

Ni las personas ni los acontecimientos giran alrededor de nuestra persona y hemos de tener la suficiente madurez para aceptar este hecho. Es ingenuo creer que podemos obtener todo lo que deseamos en cada momento y que nunca enfrentaremos una adversidad. Por ello, al generar nuestras expectativas, habrá que adoptar una perspectiva más amplia, que tenga en cuenta la realidad y no solo el ideal de la misma. No querer controlarlo todo ni intentar predecir cada pequeño suceso de nuestra vida. No tener miedo a la incertidumbre ni al cambio. Permitir que todo siga su curso sin apegarnos al resultado. Establecer metas realistas y flexibles. No mantenernos rígidamente estancados y encontrar siempre una alternativa.

"Un hombre decidió cavar un pozo en un terreno que poseía. Eligió un lugar y profundizó hasta los cinco metros, pero no encontró agua. Pensando que aquel no era el sitio idóneo, buscó otro lugar y se esforzó más, llegando hasta los siete metros, pero tampoco esta vez halló agua. Decidió probar una tercera ocasión, en distinto lugar, y cavar aún mucho más, pero cuando llegó a los diez metros, concluyó con amargura que en su terreno no había agua. Frustrado por cada uno de sus intentos y enojado porque sus planes no habían resultado, decidió que lo mejor era venderlo.

Un día fue a visitar al hombre al cual había vendido el terreno y se encontró con un hermoso pozo.

-Amigo, habrás tenido que cavar mucho para encontrar agua. Recuerdo que yo piqué más de veinte metros, y no encontré ni rastro, dijo el recién llegado.

-Te equivocas, contestó el aludido. La verdad es que yo sólo cavé doce metros, pero a diferencia de ti, y sin hacer caso a las dificultades, siempre lo hice en el mismo sitio."

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Lic. Aldo Godino

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