"El cuerpo es el instrumento del alma"
Aristóteles

Muchos son las investigadores de la conciencia humana que piensan, que las emociones y el razonamiento no se producen sólo en la el cerebro, sino en el resto del sistema nervioso y en parte del cuerpo. Plantean que corazón, intestino (segundo cerebro) y sistema hormonal, entre otros, condicionan la percepción y la representación de la realidad y la toma decisiones.

El psiquiatra y filósofo Thomas Fuchs del Hospital Clínico de Heidelberg plantea que existe una zona central específica en el sistema nervioso, que llama "Conciencia Nuclear" donde funcionaría una especie de autosensación corporal. Esta función estaría ligada, en un ida y vuelta, con los procesos cognitivos de la conciencia.

Con este sistema se coordinarían sensaciones en el cerebro, generando un espacio de coordenadas y trabajo computacional de la conciencia de realidad. Se reciben así, aferencias de la sensibilidad que aporta el cuerpo (externas e internas) generando respuestas específicas.

Si nuestra conciencia funcionara aislada de lo corporal, como en la película Matrix o como si estuviera el cerebro en una cubeta, separada del cuerpo, no se recibiría la esta impronta corporal.

Entonces si el ingreso de lo sensorial interno y externo se realizara desde una máquina, es probable que no pudiéramos sentir las cuestiones subjetivas, tal cual se producen con normalidad. Pues presidiríamos de los miles de millones de mensajes que nos otorga el cuerpo, desde su interior y desde los ingresos exteriores.

Suponer que sólo el cerebro maneja nuestras respuestas emocionales, racionales y sociales es una posición un tanto simplista y posiblemente pseudocientífica.

Actualmente muchos estudios muestran al cerebro recibiendo información corporal, no sólo desde los sentidos, sino de toda la actividad motora consciente e incluso inconsciente. Le da órdenes al cuerpo pero además recibe información del mismo sobre cómo se encuentra y trabaja, en un especie de círculos vicioso.

El medio ambiente que se relaciona con nuestro organismo actúa sobre nosotros.

Sentidos como el tacto y la visión influyen muy activamente en el sistema nervioso. Sirviendo para la actividad cotidiana del niño, pero también en el desarrollo de la actividad motriz sensorial y cognitiva. Pues con cada movimiento e imagen el bebé produce premisas espaciales, ya desde el comienzo de la vida.

Los sistemas motores, que manejan todos los movimientos de los músculos reciben también información silenciosa (propiocepción) que sin embargo condiciona la actividad cognitiva.

Así es muy frecuente utilizar metáforas corporales para entender o aprender consignas racionales. Por ejemplo, es muy común en los cálculos utilizar los dedos para llegar a un resultado. O escribir un número telefónico en el aire para recordarlo.

El arqueólogo cognitivo Emiliano Bruner, junto a otros grupos de neurocientificos ha postulado una estructura cerebral que constituiría el puente de esa relación cuerpo-mente. Correspondiendo a un sector de asociación y conexión entre la sensorialidad corporal y la visión.

Adjudicando a la parte superior del lóbulo parietal llamado precúneo (y al surco intraparietal) la características de este puente entre funciones vitales claves: la de la mano (destreza y captación sensorial muy fina), la vista (el humano es macro óptico) y la emoción.

Siendo funciones claves en el desarrollo del homo sapiens. Esta área parietal superior imbricaría a la visión con la sensación corporal. Facilitaría así la interface entre los sectores que más se han desarrollado en el humano

La fusión entre la destreza de la mano y la vista llevan a desarrollos tecnológicos y culturales. Pero otorgando además generan al self, que otorga esta funcionalidad; que además aumenta la posibilidad gregaria e intersubjetiva.

A esta área parietal los arqueólogos cognitivos la han descrito con un gran aumento de tamaño en el ser humano. Comparado tanto con los primates existentes, como a nuestros antecesores.

Asimismo al actuar corporalmente un texto, los alumnos aprenden más y mejoran la comprensión de los mismos. Incluso se ha observado que diferentes instrumentos como el lápiz o la tiza, cuando son usados con habitualidades, son registrados en el cerebro como una extensión de la extremidad. Quizá actualmente el celular ocupe también este rol.

Es muy interesante el cruce corporal que sucede con la evaluación de la cuestión temporal y el cuerpo. Se ha estudiado con diferentes experimentos que las personas piensan el pasado hacia la izquierda y el futuro hacia la derecha. Se piensa que quizá la escritura occidental esté basada en ese concepto, en donde se escribe desde el pasado al futuro: de izquierda a derecha.

Esto se aprecia también desde el punto de vista corporal. Lynden Miles de la Universidad de Aberdeen, detectó en un experimento que cuando las personas pensaban en el pasado se inclinaban levemente hacia atrás y cuando pensaban el futuro, hacia adelante.

Metáforas motoras sintetizan también expresiones emocionales, como por ejemplo levantar el pulgar en mensaje de aprobación o fruncir el ceño, enojo. Expresiones especialmente atávicas que puede observarse en animales posición de agresión.

Otros estudios muestran que si una persona se sienta sobre una silla dura será más agresiva con un interlocutor, al igual que si se encuentra con una temperatura ambiental incomoda. El contacto con objetos no confortables durante una entrevista produce que juzguemos inconscientemente a los otros de manera más severa.

También es interesante la relación con el agua: cuando se actúa mal las personas se consideran sucios. Existen así procesos de limpieza corporal instalados metafóricamente. La mayoría de las religiones tiene al agua como limpiadora y purificadora de lo malo. En general la limpieza está relacionada con la pureza moral. Puede haber surgido con el desagrado consecuente que nos comenzó en un momento evolutivo sobre los alimentos sucios, que en general producen enfermedades y se enfrentan a la supervivencia del más apto.

A partir de trabajos muy importantes de Joseph E. LeDoux de New York, se describió que nuestro cuerpo se entera antes de las emociones que nuestra propia conciencia. Se producen entonces una serie de respuestas emocionales y motoras que pueden detectarse en estudios muy sensibles de los músculos. Y aunque sean imperceptibles, una contracción de los músculos de la cara y los de morder (maseteros) sucede ante una situación negativa, aunque la persona no se dé cuenta. A la vez esos músculos retroalimentan sensaciones negativas al cerebro generando un círculo vicioso. Entonces poner buena cara no sólo servirá socialmente, sino que mejoraría la emoción.

Son muchos los experimentos que se detectan como experiencias corporales modifican la percepción y la representación de las sensaciones. Por otro lado, son estudiadas conocida las modificaciones cognitivas que generan latidos cardíacos, el sudor, o la propiocepción.

Muchas de estas sensaciones son provocadas por los órganos internos; distensión, dolor, pinchazos, etc.; todas estos impulsos modifican en milisegundos la respuesta cognitiva.

Con electromagnetografía, un método muy rápido de evaluación de la respuesta cognitiva cerebral; el grupo de Catherine Tallon-Baudry , de la escuela superior de Paris, describió la respuesta subjetiva asociada muy prontamente al estímulo corporal cardíaco. Es decir que a la dualidad mente/cerebro se le agrega la necesidad del cuerpo. Pareciera ser que sin esta unidad funcional, nuestra subjetividad y la sensación individual serían totalmente diferentes.

* Doctor en Medicina y en Filosofía. Director INEAAR. Prof. titular UBA. Conicet