“Si fueses a morir mañana, ¿qué te gustaría hacer hoy?” Este planteamiento, que puede resultar un tanto extremo, nos ayuda a descubrir lo alejados que estamos de nuestro verdadero ser y de la tranquilidad. 

La serenidad es una fuente de calma ante la complejidad de la vida. Es ver las cosas desde el equilibrio y la paz, para poder actuar mejor, decidir con mayor acierto y regular dimensiones como el miedo o la ansiedad. Más que una actitud es una competencia que adquirimos con el tiempo, con la sabiduría que llega desde la experiencia. Porque la serenidad necesita práctica, para que nuestra vida, y la de todos quienes nos rodean, también se contagien de los beneficios de vivir en armonía y sosiego.

Decía la escritora francesa Françoise Sagan que para ella “la felicidad era gozar de buena salud, dormir sin miedo, despertar sin angustia y tener serenidad para actuar”. El auténtico bienestar es más simple de lo que creemos y la mayor parte de las veces, reside en el equilibrio emocional, en la tranquilidad interior. Sin embargo, el nerviosismo y la ansiedad, cohabitan con nosotros, llenando de ruido la mente y de miedos nuestro descanso nocturno. 

Cuando el ser humano se encuentra estresado, agobiado por los problemas cotidianos y superado por un contexto y unas emociones que no sabe manejar, actuará de forma errática y poco acertada. Porque la mente ansiosa engaña, nos hace pensar lo que no es, ve amenazas en casi cualquier sitio y nos obliga a actuar por impulso. Solo la mente en calma navega por esa claridad interna desde la que se observan todas las perspectivas posibles. Ese enfoque relajado permite a la persona decidir sin improvisar y resolver problemas de manera más acertada.

La persona serena conecta, comprende y siente en piel propia las dificultades o desafíos que le rodean, pero elige no dejarse llevar por las emociones negativas. Se libera del miedo, maneja bien la frustración y mantiene el control de las preocupaciones. No solo asume con tranquilidad la incertidumbre que respira nuestro presente y nuestro futuro; acepta también que, en esta vida, hay muchas cosas que no se pueden controlar.

Este enfoque relajado requiere trabajar en el autoconocimiento y la capacidad de autocontrol, dimensiones que tienen mucho que ver con la inteligencia emocional. Se trata de ser capaces de conocernos a nosotros mismos desarrollando una buena regulación de las emociones para evitar actuar por impulsos o automatismos. Ahí solo hay armonía, conexión con el propio interior y lucidez para mirar alrededor con claridad. El filósofo del siglo XII, Yoritomo Tashi, decía: “La condición esencial del dominio es la serenidad, que permite ver las cosas en su aspecto verdadero y nos impide dorarlas y ensombrecerlas según sea nuestro humor.” 

El sosiego y la serenidad nos obligarán a estar en conexión con nosotros mismos y a vigilar la cantidad y el sobrepeso que acumulamos de miedos y culpas que tanto daño nos producen. Apreciar la vida de una manera ecuánime, considerar nuestras relaciones de forma lúcida y mantener nuestra actitud y pensamiento libres de elementos nocivos. La serenidad del alma permitirá ver y entender de una manera mucho más clara lo que ha sucedido en nuestras vidas y lo que está sucediendo. 

“Un anciano samurái había ido de viaje y tuvo que pedirle posada a un buen hombre en el camino. Llegó a su humilde casa y fue atendido muy bien. Sin embargo, cuando ya iba a dormirse apareció una rata enorme, que lo desafiaba con su mirada.

El dueño de la casa trajo un joven gato, muy ágil. Sin embargo, la rata lo enfrentó y salió muy lastimado. Luego trajo a un nuevo gato, pero sucedió lo mismo.

Al fin, el anciano samurái decidió enfrentar por sí mismo a la rata. Sacó su sable y la encaró, pero la rata se le lanzó con una rapidez impresionante. Incluso lo mordió. Así estaban las cosas cuando, de pronto, apareció un gato anciano, que apenas si tenía dientes. Se aproximó a la rata tranquilamente y esta se quedó quieta. El viejo gato la engulló.

El anciano samurái casi no sale de su sorpresa aquel día. Se fue a dormir, pero entre sueños escuchó que los gatos estaban en una asamblea. Todos querían aprender del viejo gato que había vencido a la temible rata, sin saber cómo.

El viejo gato quiso escuchar a los gatos que habían enfrentado inicialmente a la rata. El primero dijo que llevaba años ejercitándose y desarrollando todas sus habilidades. Se consideraba el felino más ágil de la comarca y no entendía por qué la rata lo había vencido. El segundo gato dijo que era un experto en poder mental. Tampoco entendía por qué no lo había logrado.

El viejo gato hizo una serie de interesantes razonamientos y luego realizó un diagnóstico. Dijo que el primer gato no había vencido a la rata porque estaba concentrado en su habilidad física y esto no era suficiente. Y que el segundo se sentía superior y no supo qué hacer cuando encontró a alguien mejor que él.

Luego señaló que el secreto para vencer en todas las circunstancias era hacer de la serenidad una forma de ser y de vivir. El que está tranquilo deja fluir la realidad. Su misión como gato era ir a la rata y eso había hecho. La rata no pudo reaccionar porque no comprendió su tranquilidad.”