Si bien el ser humano es el ser biológico más gregario que ha construido las urbes más grandes, complejas y estructuradas, existen relaciones conductuales con posibilidades de mayor sociabilidad.

Esta característica es marcada en el perro, especialmente en su simbiosis con el humano. Incluso existiría un gen que condicionaría esta característica perruna, base de esta profunda simbiosis, antigua y arraigada en el tiempo.

Por otro lado, existe una patología humana llamada síndrome de Williams, en la que una modificación genética genera una conducta hipersociable, con aumento de la necesidad intersubjetiva, buen humor, con un apego y afecto excesivo. Situación que además se acompaña de otras posibles problemáticas corporales.

La conducta social existe necesariamente en los animales y en las especies más diversas. Además de los canes, insectos, perros, peces, aves y primates que nos preceden detentan conductas sociales. Pero se observa una gran variedad de posibilidades, dependiendo de cuál especie hablemos. Por ejemplo, nuestros primos los chimpancés y gorilas se comportan en manadas. Diferentes a los orangutanes, que solitarios sólo buscan pareja para reproducirse y luego seguir su vida en soledad.

Sin embargo los perros ocupan un lugar esencial. En algún momento de la evolución sucedió que un nuevo lobo se relacionó con el humano: ese animal simbiótico al homo-sapiens fue el canis lupus familiaris o, como lo conocemos habitualmente, el perro.

Se conocen varios estudios en los que se describió que esta relación entre dos animales trasciende lo racional. Fue desarrollado un sistema de comunicación visual, emocional y endócrino entre los perros y el humano. ¨Como ejemplo, ambos se comunican visualmente, aumentando la secreción de la hormona oxitocina en las dos especies.

La oxitocina es regulada por el sistema nervioso central y se relaciona con el comportamiento social y el placer conecta especialmente ambas especies. Se establece así una relación entre ambos cerebros, mediante el contacto visual. Esto es descripto también con otros animales domésticos, como el gato, con el cual sucede algo parecido, aunque en menor escala.

Hace tiempo se planteó al lobo como el antecesor del perro y se pensó que el perro había surgido de una de las ramas de la evolución del mismo. Se piensa que en la evolución del humano, desde nuestors antecesores "homos" (que ya eran cazadores recolectores), dejamos restos alimentarios que los lobos seguían. Este prehumano habría establecido un fuerte contacto con los animales carroñeros, estableciendo una simbiosis clave para evolucionar conjuntamente: el primate prehumano en homo sapiens y el lobo en perro. Se ha planteado actualmente que el lobo en realidad no es un precursor del perro, sino que es un primo evolutivo. Es decir que tuvieron un ancestro común y, a través de una mutación de hace entre 18.000 y 32.000 años, nació una nueva especie, un animal que podía obedecer más al hombre.

La agricultura comenzó hace aproximadamente 12.000 años; la domesticación del perro habría precedido al fenómeno de sedentarismo agricultor del hombre.

La relación entre el can primitivo y el homo sapiens podría haberse producido cuando el humano cazador-recolector era seguido por este animal, predecesor del perro, que tenía un aplanamiento de hocico, dando la impresión de un animal menos feroz que el lobo. A diferencia de este último que, aun domesticado, no obedece al humano, el nuevo animal obedecía al hombre. Pudo haber sucedido que no sólo lo acompañó, sino que lo ayudó a descubrir, cazar y recolectar a las presas. Algunos científicos plantean que este hecho fue definitorio para que el hombre pudiese sobrevivir, contrariamente al neandertal que hoy ya no existe.

Se han encontrado muchos entierros de humanos con su perro acompañante, en una especie de importante simbiosis muy aferrada a ambas especies. Se han encontrado esas características tumbas de humanos de más de 14.000 años, fenómeno que no pudo describirse posteriormente, a partir que el hombre se convierte en sedentario. Quizá como consecuencia que el perro acompañante ya ocupaba un territorio fijo donde yacería el difunto.

Debería replantearse el concepto de que estos animales son predominantemente olfatorios, típico de los mamíferos inferiores, pues en su comunicación con el humano la visión es un elemento esencial. Se ha demostrado que el perro genera una clara identificación visual, como una especie de pensamiento abstracto que consiste, por ejemplo, en una capacidad de clasificación: el reconocimiento de otros perros a través de fotos y sin la utilización del olfato.

El rol de la genética en la evolución del comportamiento perruno es poco conocido tanto como su diferencia con el de los lobos. Algunas hipótesis sobre el distinto comportamiento en perros y lobos dicen que los primeros serían más proclives a la solución de problemas sociales. Sin embargo otros estudios sugieren que los lobos socializados por el hombre pueden tener resultados similares aspectos socio-cognitivos.

Bridgett von Holdt de la Universidad de Princeton, estudió el sector genómico posiblemente implicado en la sociabilidad canina y cuya eliminación en humanos causa el síndrome de Williams, que se caracteriza por un comportamiento hipersocial. Se describe que variaciones en los genes GTF2I y GTF2IRD1 parecen estar conectados con la hipersociabilidad en perros, un elemento clave de la domesticación que los diferencia de los lobos.

Al realizar un scan cerebral a los perros, varios estudios describen que sus cerebros reaccionan a las voces de la misma forma en que lo hace el cerebro humano, especialmente cuando escuchan sonidos con carga emocional. Se ha descripto que las mismas regiones dentro del lóbulo temporal se iluminaron tanto en las personas como en sus mascotas, cuando se activaron grabaciones de una misma voz o risa humana.

Sin embargo son muchas las hipótesis de la neurociencia que avalan al instinto gregario. Sectores como el lóbulo cingulado posterior y el lóbulo prefrontal anterolateral serán los que nos acerquen para analizar al otro y socializar, como postula el neurocientífico Michael Gazzaniga en su libro "El cerebro social".

El perro es el animal con mayor simbiosis con el humano. Esta unión puede investigarse y ser utilizada en la enseñanza y en terapias con pacientes. Estas características supersociales llevan a valorar al apego como punto de partida instintivo gregario en las relaciones humanas y con nuestras mascotas, especialmente con los perros.