Millones de personas autoconvocadas y diferentes organizaciones salieron a reclamar, una vez más, mayor compromiso socioambiental por parte de los gobiernos en Argentina y en el mundo. Nuestro país tiene puntos de encuentro en más de 20 ciudades y en CABA la concentración fue en Plaza de Mayo, para marchar luego al Congreso de la Nación. 

La convocatoria fue mucho más masiva que las anteriores y eso tiene que ver con que los efectos del calentamiento global, además de estar claros en los datos científicos, son cada vez más palpables en la realidad y los eventos climáticos y sus consecuencias son más y más extremos; sequías, incendios, inundaciones y olas polares, cuyo perjuicio en la sociedad varía según las condiciones económicas de las personas que los sufren. Esto se da en un contexto mundial en el que el 1% más rico contamina el doble que la mitad más pobre (Oxfam-Intermón). 

En ese sentido, el integrante de Jóvenes por el Clima, Nicolás Gallardo, considera que el #24S tuvo “un condimento particular” porque “el ambientalismo puede estar en un punto de inflexión para pasar de ser una agenda de nicho a una agenda política”. El movimiento de Fridays For Future (Viernes por el Futuro) iniciado por la activista sueca Greta Thumberg es cada vez más amplio y los últimos años en nuestro país demostraron que la sociedad, con protagonismo de la juventud, no es ajena a las desigualdades profundizadas por los sistemas de producción y consumo que además, aceleran el calentamiento global. 

No sólo va a ser masiva sino que va a ser más heterogénea en términos de partidos políticos”, había adelantado a BAE Negocios Gallardo, en relación a la presencia de organizaciones que integran tanto el Frente de Todos como Juntos por el Cambio, además de los partidos de izquierda que, en general están desde el inicio de las movilizaciones climáticas en Argentina. “Necesitamos que pese a las contradicciones que pueden ostentar esos partidos políticos, sus bases empiecen a tomar la agenda ambiental”, reclamó. 

Heterogeneidad política

La polémica se da de un lado y del otro de la grieta: por una parte, la paradoja de que organizaciones que integran el bloque oficialista se reúnan a reclamarle acción climática al Gobierno y por la otra, que el ambientalismo no es de derecha. A pesar de ello, desde Jóvenes por el Clima, una de las organizaciones apartidarias pioneras en estas movilizaciones, entienden que de la crisis se sale “con más política” y no se muestran con rechazo a la presencia de los partidos en tanto funcione como un instrumento para modificar la realidad. 

Realidad, que, según la referenta de Rebelión o Extinción (XR) Argentina, Flavia Broffoni, demuestra que lo único que cambió con respecto a las movilizaciones anteriores es “la profundización de las evidencias de que ya estamos transitando el colapso de los ecosistemas y el clima”. Julio fue el mes más caliente desde que hay registros, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. 

“El IPCC dice que tenemos menos de una década para llevar a la mitad nuestras emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y lo que hacemos es fogonear una ley que durante 20 años va a promover seguir quemando combustibles fósiles (Ley de Hidrocarburos, recientemente presentada en el Congreso por el oficialismo). Entonces, en los hechos no se está haciendo absolutamente nada para atender la dimensión de la emergencia”, advirtió Broffoni.  

Desde XR entienden que la heterogeneidad del #24S da cuenta de que “la justicia climática es justicia social”, en vez de considerarse a lo ambiental siempre como una cuestión aislada de lo económico, político y social, y eso se refleja en que “los movimientos sociales de base ya están también acompañando las demandas ecológicas y climáticas”. Pero, “hasta que no veamos en la agenda políticas públicas reales, no hay ningún tipo de presión que esté ocurriendo en materia real”, aseguraron con respecto a las repercusiones políticas de la convocatoria. 

Transición energética

Entre los reclamos concretos que demuestran que lo que se exige en verdad es un cambio sistémico, el sector energético se encuentra entre los ejes por ser el mayor emisor de gases efecto invernadero que proliferan el calentamiento global. “Es imperioso abandonar los combustibles fósiles hacia no sólo nuevas fuentes energéticas sino también nuevas formas de organización social asociadas a esas nuevas fuentes”, enfatizó el integrante de Ahora Qué?, una organización que media con ciencia, Juan Ignacio Arroyo

Nuevamente, surge la conexión entre la justicia ambiental y la justicia social ya que según Arroyo la transición energética “no es sólo una oportunidad para combatir el cambio climático sino que también al encararla desde una perspectiva regional viendo cómo el proceso puede ser beneficioso para nuestra sociedad, podemos verlos como una oportunidad para reducir la pobreza y la desigualdad”. 

De igual forma, así como se presenta a la crisis ambiental como uno de los resultados del sistema de organización político mundial, desde Ahora Qué? advirtieron que el viraje hacia energías limpias “no es sólo cuestión de usar más el sol o el viento para producir electricidad sino cómo se accede a las tecnologías que permiten hacerlo”, y en esa línea destacaron el dominio tecnológico y la necesidad de pensar un modelo de matriz energética “dentro de las capacidades nacionales industriales, tecnológicas y científicas”. 

Demandas concretas

Son muchas las demandas en el plano nacional, pero el consenso entre las organizaciones que convocaron a la movilización está en las siguientes: 

  • Plan de acción y financiamiento para la adaptación al Cambio Climático
  • Ley de Humedales: se encuentra aún en estudio en la Cámara de Diputados. Tanto allí como en Senadores hubo proyectos ingresados en 2020 que lograron media sanción pero caducaron porque se vencieron sus plazos. 
  • Implementación del Acuerdo de Escazú: ratificado por Argentina, el tratado internacional entró en vigencia el 22 de abril y busca garantizar el acceso a la justicia, la participación ciudadana y el acceso a la información en cuestiones ambientales, con énfasis en la protección de los y las defensoras del territorio.

La movilización del #24 se da a nivel nacional en un contexto electoral, pero también a poco más de un mes antes de que se realice en Glasgow, Escocia, la COP26, la Cumbre de Líderes por el Cambio Climático, en la que Argentina presentará su estrategia para cumplir con lo establecido en el Acuerdo de París: mantener la temperatura media global en no más de 2°C por encima de los niveles preindustriales y, con esfuerzos, de 1,5°C. El reclamo en las calles no lo dicta todo, pero el Gobierno tendrá que afrontar un desafío y en lo que refiere a la cuestión ambiental, hay cada vez más personas alerta. 

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Juana Maldonado

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