Peligro diario de perder las muestras de laboratorio, falta constante de internet, filas interminables en los pocos ascensores que quedan en funcionamiento, cableado instalado ad hoc por todas partes. Estos son algunos de los problemas que desde hace al menos siete años se presentan verano tras verano en la Facultad de Medicina de la UBA por las fallas en el suministro eléctrico. La estadía para quienes pasan allí estos meses se vuelve frecuentemente insoportable. Mientras, la gestión reconoce la cuestión pero no la aborda de forma definitiva.

Los cortes por la sobrecarga del sistema eléctrico aparecen invariablemente entre diciembre y marzo. Belén Favarolo, de ATE Conicet e investigadora en la facultad, cuenta que en esos meses “los ascensores no funcionan, a veces uno o dos con suerte. Los estudiantes lo sufren porque en febrero se empieza a cursar y hay 17 pisos que subir a pie. Los ves corriendo porque llegan tarde”.

Los problemas con los elevadores que no andan se agrandan en las fechas de finales, como sucedió “en los últimos exámenes de diciembre”, detalla Andrea Randi, secretaria de Asociación Gremial Docente (AGD), investigadora de Conicet y docente en la facultad desde hace más de 20 años. “Cada vez entran más alumnos y las filas se vuelven infinitas”, agrega.

El último censo disponible, de hace nueve años, arrojó un total de 24.198 alumnos, pero hoy se calcula que son más de 30.000, a lo que hay que sumar profesores, investigadores, no docentes y autoridades. En un día de corte y con circulación de gente promedio, la espera frente al único ascensor que a veces se habilita es de más de 40 minutos.

Sin embargo, el mayor perjuicio por la falta de luz se lo llevan precisamente los cerca de 500 investigadores de los seis institutos de la UBA y el Conicet que funcionan en las instalaciones del edificio ubicado en Paraguay al 2100, dado que las muestras de sus laboratorios pueden dañarse fácilmente.

“Trabajamos con muestras para guardar en freezers a -70 Cº. Nuestro Instituto cuenta con un generador pero a veces no da abasto y los freezers se rompen. Valen 80.000 dólares, no estamos en condiciones de comprar otro”, relata Favarolo. “A veces cuando hay corte tenemos que correr al instituto y elegir que freezers enchufar porque no se puede conectar todo porque se recarga y se corta la luz”, añade la investigadora.

Randi comenta que los laboratorios afectados “pueden perder todas las muestras y reactivos que salen miles de dólares, en proyectos bancados por Conicet y la Agencia de Promoción Científica de la UBA que paga toda la población”. A los proyectos de investigación truncos y a becarios que no pueden dar las tesis se suman inconvenientes y peligros prácticos: “Al haber cortes por sectores, los laboratorios se traen cables de 50 metros que conectan a uno que sí tiene luz, y empezamos a conectar con zapatillas. Estás una hora poniendo los cables y al hacer conexiones truchas te podés quedar pegado”, describe la profesora.

La incertidumbre sobre el plan de acción no quita que la gestión reconozca el problema. En noviembre, emitió un comunicado culpando a Edesur de las fallas “de las últimas semanas” y anunciando la aprobación de un “pliego para la instalación y puesta en marcha de un grupo electrógeno” que permitiría alimentar las bombas de agua, un montacargas, la telefonía e informática y los freezers de los laboratorios. Sin embargo, nada de esto se hizo hasta ahora.

Recién para esta semana las autoridades se comprometieron a conectar un grupo electrógeno de 80 kva que tienen desde 2018 y que ni siquiera contempla darle electricidad a los laboratorios; para los que afirman haber llamado a la licitación de un generador de 300 kva, que recién estaría disponible en diciembre. La solución definitiva de mediano o largo plazo brilla por su ausencia y ninguna autoridad menciona siquiera la posibilidad de realizar un nuevo cableado para el edificio. BAE Negocios intentó hablar con el decanato, a cargo de Ricardo Gelpi, pero no obtuvo respuesta.

Por su parte, Edesur afirmó a este diario que el suministro brindado a la facultad es normal y confirmó que, pese a haberla responsabilizado, la facultad no realizó este verano ningún reclamo formal ante la empresa distribuidora.

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