Pocos platos resultan tan cosmopolitas como localistas. Las pastas (frescas, secas, rellenas) están presentes en las cartas de los restaturantes de todo el mundo occidental y llegan humeantes a las mesas de cualquier condición social. Aunque por si algo le faltaba, el certificado definitivo se firmó en 1995, con motivo de celebrarse el primer congreso mundial de pasta, que tuvo lugar en Roma y escogió el 25 de octubre como su fecha conmemorativa.

En esa ocasión se reconoció a la pasta como un alimento consumido y “adorado” en todo el mundo. Uno de los productos más completos por su capacidad nutritiva, energética y económica. Aparte de las diversas formas en que es presentada, otra clasificación fundamental de este alimento se establece mediante el modo de producción.

En cualquier caso, la pasta ha recorrido un largo camino. Literalmente. Según la tradición, este manjar fue introducida en Italia por el veneciano Marco Polo en el siglo XIII, de vuelta de uno de sus viajes a China, en 1271. En el capí- tulo CLXXI de su “Libro de Maravillas del mundo”, Marco Polo hace referencia sobre la pasta en China.

Para otros historiadores, se remonta mucho más atrás en el tiempo, a antiguas civilizaciones etruscas, que la elaboraban mediante el machaque o trituración de diversos cereales y granos mezclados con agua, que luego cocían, resultando un alimento sabroso y nutritivo.

Cuando los griegos fundaron Nápoles adoptaron un plato que hacían los nativos y consistía en una pasta de harina de cebada y agua que luego secaban al sol y por extensión lo llamaron “makaria”.

En la antigua Roma, también se encuentran referencias de platos de pasta, que datan del siglo III antes de Cristo. De hecho, el propio Cicerón, habla de su pasión por el “Laganum”, las “laganas”, que eran tiras de pasta largas (en forma de láminas anchas y chatas, elaboradas con harina de trigo). Por esa época los romanos desarrollaron instrumentos para la elaboración de la pasta de lasaña. Fueron la posterior expansión y dominio de Roma los factores que fomentaron el cultivo de los cereales en toda la cuenca mediterránea.

Desde ahí, se exportaron a todo el mundo. Mucho más acá en el tiempo y en la geografía, forman parte de una acervo grastronómico impregnado de influencias inmigratorias peninsulares.

Con todo, no faltan los puristas que consideran que las pastas que se sirven en las mesas argentinas no respetan tiempos de cocción óptimos (“al dente”) y están saturadas de salsas espesas que desvirtúan sus caractertícas.

Las cifras de consumo difundidas por la cámara del sector señala un crecimiento exponencial en los últimos años, de 8 a 9,1 kilos per capita por año.

La oferta más reciente de productos importados Made in Italy en góndolas de supermercados seguramente harán un aporte atractivo a la hora de las comparaciones gourmet (aunque no tenga el mismo efecto en la industria nacional).

De la misma manera, cualquier lista de restós recomendadados para probar sus especialidades en el rubro, quedaría corta, incompleta o injusta. Conviene prestar oído al boca en boca, que tratándose de pastas, siempre reservan un descubrimiento feliz en los viejos y querido bodegones de barrio.

  • Esperando el timbre con la mesa tendida

Según consigna la plataforma Pedidos Ya!, los ravioles se encuentran entre las opciones más elegidas a la hora de pedir platos de pasta on line. Esta pasta rellena ofrece variedades de pollo, verdura, ricota, etc. y se puede acompañar con diferentes salsas, como tuco, pesto o crema. Los clásicos tallarines al huevo, de espinaca, morrón, zanahoria y hasta remolacha no se quedan afuera del podio, junto a los ñoquis. ¡Que no falte el queso rallado!