"No es natural", es la justificación que las personas todavía utilizan para no aceptar la homosexualidad en la sociedad. Sin embargo, cada vez hay más evidencia científica de que en la naturaleza existen animales "queer", es decir que pertenecen al especto que no es de la normativa heterosexual y cisgénero. ¿Se derriba el argumento?

Los pingüinos son un caso de ello. Se conoce que si bien adoptan una pareja para toda la vida, la monogamia sexual no es lo suyo. En 1911 se registró por primera vez el apareamiento entre dos de esos animales del mismo sexo, hecho que se catalogó como "depravado" por el explorador George Murray Levick en Adelias salvajes. En el 2000, dos pingüinos macho criaron un huevo de polluejo juntos en el Central Park de Nueva York. 

En un pasado cargado de tabúes y prejuicios, el director del zoológico T. H. Gillespie se animó a ironizar en 1932 que los animales podían "disfrutan de privilegios que aún no se permiten a la humanidad civilizada", según describe el autor Eliot Schrefer en su columna en el Washington Post donde aborda la homosexualidad en el reino animal. 

Sin embargo, los pingüinos no son los únicos. Hay evidencia de al menos 1.500 especies de animales que no se comportan de manera heterosexual, desde escarabajos hasta gorilas. Si bien no son exclusivamente "gays" o "lesbianas", sí se relacionan con animales del mismo sexo. Pero, como la sociedad, la ciencia avanza; este descubrimiento se asocia a que las nuevas generaciones de personas en la ciencia están más abiertas a explorar este tipo de posibilidades. 

Estereotipos sociales en la ciencia

"Durante cientos de años, resulta que hemos estado mirando el sexo animal a través de una lente demasiado estrecha, con consecuencias significativas para nuestras creencias sobre lo que cuenta como natural en nuestra propia especie", aseguró Eliot Schrefer, quien es el autor de "Patos queer (y otros animales: el mundo natural de la sexualidad animal". 

El rechazo a la población LGBTIQ+ en la sociedad se tradujo también en las investigaciones científicas. El entomólogo August Kelch descubrió a dos escarabajos macho teniendo relaciones sexuales y lo catalogó en una revista alemana como una "violación" porque consideraba que "el más grande y fuerte de los dos se había impuesto sobre el más pequeño y débil, lo había agotado y solo por este dominio lo había conquistado".

La religión también se ha basado en los animales para rechazar la homosexualidad. El sacerdote Tomás de Aquino consideró en el siglo XIII que si los animales del mismo sexo no tenían relaciones, entonces los humanos tampoco debían hacerlo. 

Incluso en 2009 en los Archivos de la Historia Natural, en un artículo llamado "Demasiado humano: respuestas a la cópula del mismo sexo en el gallo común" investigadores consideraron que existía el sexo entre dos animales macho porque se confundían a los receptores con hembras

El mamólogo, Valerius Geist, confesó que no se animó a informar sobre sexo homosexual que frecuentemente registraba en su sitio de campo en la década de 1960. Años más tarde, aseguró que era un descubrimiento que lo hacía "temblar" de tan solo "concebir a esas magníficas bestias como 'queers'". 

Pero siempre hubo afirmaciones al respecto: uno de los primeros acercamientos a la homosexualidad animal vino de la mano de Henri Gadeau de Kerville, un destacado entomólogo francés, quien sugirió en 1896 que algunos animales "simplemente preferían" tener encuentros con su mismo sexo. Por supuesto, este enunciado generó el rechazo de gran parte de sus colegas.