“La cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida”

André Malraux

Suele decirse que cultura es lo que queda cuando olvidamos todo lo que nos enseñaron. Quizá esa premisa se base en que la memoria es más una función del olvido que del recuerdo. Pues sólo recordamos muy pocas cosas, luego de memorizarlas. La señal para hacerlas presentes (presentificarlas) es darle un contexto emocional. De lo contrario una información que recibimos en la conciencia inmediata, probablemente nunca más podrá hacerse consciente; por lo menos en forma de recuerdo.

El ser humano se convirtió en una especie con gran capacidad para aprender y transmitir habilidades

El conjunto de memorizaciones de todos los sentidos generará el aprendizaje, que consiste en un proceso que modifica hábitos, la toma de decisiones y las habilidades de una sociedad; a partir la incorporación de los mismos.

Se puede considerar que el aprendizaje cultural del hombre (homo-sapiens) comienza desde el nacimiento de la especie, hace probablemente 200.000 años o más. (Existen hallazgos de piezas óseas que podrían retroceder casi cien mil años esa fecha).

El homo sapiens se convirtió en la especie más invasora del mundo. Es la única que ha ocupado todas sus regiones, en una característica que se puede relacionar con la necesidad de búsqueda. Pero además, la bipedestación, la casi ausencia del pelo corporal y el aumento de sudoración, permitió realizar grandes recorridos a través de largas distancias y así, escaparse del cambio climático que sufrió Africa, que lo llevó de pasar de la selva a la sabana con poca vegetación. Estaba en peligro de extinción: no tenía más árboles donde subir para que los carnívoros no lo coman y escaseaba el alimento. Además se hace carnívoro, comiendo animales vegetarianos.

No ha quedado ajeno a esto el gran desarrollo cerebral (especialmente frontal y occipital-visual), por lo cual una cuarta parte de la energía corporal se consume en el cerebro, y es el único animal que más gasta calorías en este órgano. Se generó así, un gran cerebro social humano, que permitió y produjo la necesidad de búsqueda de nuevos conocimientos y la capacidad de poder transmitirlos.

Mark Pagel, especialista en biología evolutiva de la Universidad de Reading, plantea que hace 60.000 años se produjo una aceleración evolutiva cuando el hombre (en un principio africano) salió del África hacia Europa y Asia. Esto a pesar de que se han descubierto actualmente puntas de lanzas y adornos colgantes, en Sudáfrica y Etiopía miles de años antes de esa fecha. Y mucho antes de los primeros esbozos de actividad simbólica encontradas en Europa y que datan de hace aproximadamente 35.000 años. Es decir que el proceso cultural generado por nuestro cerebro abstracto, comenzó mucho antes de lo pensado y en lugares muy variados.

Así, el ser humano se convirtió en una especie con gran capacidad para aprender y transmitir habilidades y tecnología. Lo que el estudioso de primates Robert Sapolsky, de la Universidad de Stanford propone es que el humano es el único primate que va más allá de los límites de la evolución. Especialmente a través de la cultura, pudiendo superarse día a día. En su esperanza de vida, en la altura corporal y en las metas a alcanzar; desde las deportivas hasta las intelectuales (entre otros progresos). Incluso la medicina es anti-evolutiva, dado que conlleva a sobrevivir a seres no aptos (por ejemplo con vacunas y antibióticos), los quizá hubieran muerto de niños, sin generar descendencia. La ciencia, como factor cultural, es otras de las barreras que ha podido desarrollar nuestra especie. Pues la capacidad abstracta del humano permite quebrar la barrera de lo invisible (creemos en lo átomos), de la evaluación temporal a largo plazo (por ejemplo, sabemos que un día comenzó la Tierra y otro se extinguirá) o preguntarnos cuestiones metafísicas como que existe luego de la muerte.

Al modificar la realidad más allá de la evolución, hemos cambiado también nuestros hábitos cazadores-recolectores a sedentarios, haciéndonos seres urbanos que modifican su medio ambiente. Eso nos lleva a la problemática de tener que adaptarnos muy rápidamente al nuevos estatus de sociedades gigantes.

Cambios que hubieran llevado miles o millones de años se han modificado en los últimos cien. No volamos naturalmente, ni estamos preparados para ver tantas personas en un solo día, ni vivir en departamentos a más de 50 metros del piso; entre otras cuestiones.

Esto representa grandes problemas adaptativos, que llevan a aumentar la susceptibilidad psicológica y física; además de padecer nuevas enfermedades por contaminación del medio ambiente o la exposición rápida a nuevos gérmenes.

La transmisión de la información conlleva también procesos grupales y gregarios, claves para la evolución de la cultura del humano. Entender lo que le pasa al otro (teoría de la mente) y así desarrollar la intersubjetividad que trasmite conocimiento. En esta compleja relación entre humanos primitivos se construyó el altruismo, aunque también procesos de retención de información por miedo a la copia. Se necesita un delgado equilibrio por el cual pueda transmitirse la información de generación en generación, sin sospechar siempre que otros robarán la información.

Fueron procesos imprescindibles para que se genere un ser supersociable como es el humano. Pero necesitando cierto altruismo en la transmisión de la información a los congéneres, lo cual probablemente comenzó en la demostración de virtudes personales dentro del grupo humano paleolítico, que distinguían a quien mostraba nueva información, mientras además generaba nuevos aprendizajes.

Saposky plantea un teoría que propone que a cerebro más grande se corresponden sociedades de mayor número de integrantes. Lo cual puede tener que ver con que somos los únicos animales que han generado comunidades gigantes y organizadas como las ciudades.

Pero el gran desarrollo no siempre conlleva finales felices. Explosiones culturales-tecnológicas como la de la antigua Roma terminó prácticamente en la extinción de esa ciudad (pasando de más de un millón de habitantes a doce mil en muy poco tiempo). Luego de haber alcanzado un desarrollo impactante, finalizó con más de 1000 años de oscuridad cultural.

Traspasar los límites evolutivos, desarrolla la cultura y la ciencia. Pero puede ser también peligroso, si no se toma conciencia de los riesgos que representa traspasar ciertas barreras, no siempre tan claras. Debiendo tener conocimiento que lo que nos evoluciona tan abruptamente, puede tornarse inmanejable.

*Neurólogo cognitivo y doctor en Filosofía.
Prof. Titular UBA. Conicet