"Un rostro silencioso con frecuencia expresa más que las palabras"
Ovidio

Es muy importante para la relaciones sociales el reconocimiento de las caras, tanto para establecer empatía como para tomar conductas preventivas. Por ejemplo, quién es la persona con la que nos relacionamos y como para intuir lo que pueda llegar a hacer.

Es decir, sirve para evaluar un evento interpersonal como bueno o malo, con cierto prejuzgamiento probabilístico. Esta función puede considerarse como un procedimiento evolutivo sustancial, que facilita la posibilidad de convertirnos en gregarios.

Actualmente muchos neurocientíficos plantean que a mayor masa encefálica (quizá sería mejor: a cuanto más cognición) mayor capacidad social. Habiendo llegado el humano a generar urbes gigantescas. Las que requiere de una gran preparación empática y social para poder sobrevivirla. El homo sapiens puede reconocer caras dentro de difíciles contextos y así aumentar la posibilidad intersubjetiva.

En animales inferiores, como las aves, también se ha observado el proceso de reconocimiento; como por ejemplo diferenciar caras. Por ejemplo las primeras facciones observadas, son con las que el animal establece la mayor empatía.

Además las aves pueden diferenciar objetos de caras, y dentro de estas últimas discriminar las conocidas de las desconocidas. Priorizan, además, el contacto con objetos a los que son expuestos al nacer, estableciendo un mayor apego con estos, que son con los que el animal ha tomado primer contacto.

Incluso se han demostrado que mamíferos desarrollados, como los perros, pueden diferenciar especies. Pudiendo discriminar reptiles de otros animales y de los humanos.

Muchos animales domésticos como el perro o el gato y algunas aves, han desarrollado esa capacidad de comunicarse visual y empáticamente con sus dueños. Aunque con una funcionalidad más precaria pero sin embargo muy llamativa.

Varios grupos de científicos ya han descrito la importancia del formato de la cara para ser reconocida como tal. El esquema triangular, con dos ojos y una nariz cercanas; parece ser el estímulo más útil para que se active el sector cortical de reconocimiento de las mismas.

Nuevos estudios no sólo confirman esta situación, sino que demuestran una organización de la información visual, en la que el arribo a la corteza visual y cómo en especial la información visual de las caras utiliza un sistema específico.

Se conoce desde hace mucho que el sistema nervioso lleva organizada hacia el cerebro la mayoría de la información sensorial. Existe entonces, un mapa organizado del sonido (tonotopía), de la información corporal (somatotopía) y de la visión (retinotopía).

En las vías nerviosas corren los sonidos estructurados, como si fuera un arpa, y la visión con una estructura que reconoce los espacios en forma organizada.

La sensorialidad facial cumple con un propósito organizador similar, que economiza y facilita la función cerebral de reconocer rostros. Por ejemplo, el reconocimiento de los ojos se encuentra cerca de la nariz y esta ultima de la boca en la corteza cerebral.

La corteza visual es una estructura muy desarrollada en el humano, haciendo a este sentido esencial, transformando al hombre como una especie macro-óptica, donde la visión cobra la mayor importancia; a diferencia de los mamíferos inferiores donde se priorizó el olfato.

Actualmente se han localizado zonas más específicas aún. Especialmente para la visión, estructurando una función para reconocer rostros, con cortezas cerebrales dedicadas a esto, función que lleva el nombre de faciotopía, que se expresa en el viaje estructurado de las caras dentro del sistema nervioso.

Esta parece ser un proceso esencial para diferenciar caras conocidas de desconocidas, y probablemente haber ayudado a la evolución con una conducta inconsciente preventiva.

En este sentido es pionero el trabajo del neurocientífico Joseph Ledoux, de la Universidad de New York; que muestra como la amígdala cerebral emociona en forma inconsciente, antes que una imagen se haga consciente en la corteza visual. Mostrando que emocionamos visualmente, antes de conocer lo que percibimos.

La científica Nancy Kanwusher y su grupo del MIT (instituto Tecnológico de Massachusetts) demostró que tres áreas de la corteza cerebral son claves en la funcionalidad para captación y el reconocimiento facial. Una especie de identificador cerebral de caras.

Existen tres zonas corticales específicas para esta función: dos temporales (fusiforme y temporal superior) y una Occipital (facial occipital) que permiten al humano reconocer caras conocidas y desconocidas.

Este grupo de investigadores permitió suponer, que en algún momento esa estructura visual organizada que lleva la visión; discrimina las caras, separándose de la información visual general y diferenciando en la corteza occipital fusiforme los rostros conocidos. Cuestión que se produce en forma inconsciente en décimas de segundos (primero en la corteza izquierda para luego terminar de reconocerse en el hemisferio derecho).

Basta con pensar cuando nos encontramos con alguien conocido en una calle llena de personas, como nuestro cerebro la reconoce entre miles; para entender la importancia de esta actividad. Esta función, que es adaptativa; es muy compleja desde lo funcional y esencial desde lo evolutivo y gregario.

Esta importancia, se puede verificar en las personas que lo pierden, padeciendo graves problemas cognitivos. Hace mucho tiempo se conocían las dificultades que enfermedades neurológicas producen para reconocer caras conocidas (agnosia visual para las caras).

Situación que se produce luego de lesiones neurológicas, como accidentes cerebro-vasculares o también en etapas intermedias de la enfermedad de Alzheimer.

Como se comprenderá, esto genera grandes problemas médicos, familiares y sociales. Afectando fuertemente la intersubjetividad, la empatía y las relaciones sociales.

Varios autores describen entonces: que emocionamos primero y reconocemos a través del subconsciente; después las caras se hacen conscientes y por último se reconocen correctamente.

Se debe agregar que esta función requiere de la administración sensitiva-visual con la corporalidad. Especialmente con el lóbulo parietal (precúneo)que trabaja en esta función conectora, lo que facilita la capacidad de respuesta, tanto emocional como motora; condicionando la toma de decisiones.

Somos seres muy visuales que nos comunicamos con los ojos. La retina es un sector del sistema nervioso que comunica dos cerebros humanos; casi sin barreras. Esta interrelación quizá, sea la que otorga el valor sincero de mirarse a los ojos.

La visión de caras cumple funciones más complejas de lo que generalmente consideramos; siendo probablemente mucho más inconsciente que lo que se pensaba. Condicionando la conducta a partir de lo que vemos; que es el material de información sensorial con que actuamos en consecuencia.

* Doctor en Filosofía. Neurólogo y Psiquiatra.
 Prof. titular UBA. Conicet