"El final es el lugar del que partimos"
Thomas S. Eliot

Quizá el hombre sea el ser biológico que más se modifica durante su ciclo vital. Es decir desde que nace hasta que termina su existencia. Pues llega al mundo mucho más inmaduro que casi todas las demás especies (por ejemplo el chimpancé o el perro pueden deambular al nacer), tanto desde el punto de vista corporal como cerebral.

Sin embargo, ese ser indefenso con el tiempo alcanza la máxima expresión cognitiva a la que ha llegado un ser viviente y se convierte en el conquistador del mundo. Siendo la única especie que ha conquistado los cinco continentes, por su gran capacidad migratoria, que incluye grandes posibilidades motoras y corporales (sudoración, pérdida del pelo, bipedestación).

Es así, que pueden dividirse arbitrariamente momentos específicos de la vida: Infancia, niñez, adolescencia, adultez y ancianidad (adulto mayor). Aunque actualmente se ha modificado con el cambio tecnológico, médico y el aumento de la esperanza de vidas.

Especialmente por la extensión de la esperanza de vida, como la adolescencia que actualmente se extiende hasta pasados los 20 años. O la ancianidad, hoy llamada adultez mayor; dado que se ha extendido tanto la supervivencia del hombre que ha dado lugar a una subdivisión de la misma: temprana, intermedia y tardía. Es que claramente no puede compararse con un adulto de 60 años (quizá más parecida a etapas anteriores que a uno de noventa).

El cerebro del bebé a término nace con casi cien mil millones de neuronas pero muy poco conectadas entre ellas, que se encuentran muriendo desde ese momento.Nacemos con la expresión de genes que se constituyeron hasta el nacimiento, pero durante toda la existencia se irán expresando otros que silenciosos, nos van conformando (epigenética). Es decir que existe una plasticidad genética y neurológica que va expresando proteínas y sinapsis que constituyen quienes somos.

Hasta los 2 años de vida poseemos menos palabras que los chimpancés a esa misma edad

El niño nace con 2500 sinapsis aumentando a 18.000 a los 6 meses. Esta arborización es clave para constituir las redes que conforman la función cerebral y se generan durante los primeros meses de vida. En la desnutrición estas comunicaciones se observan claramente afectadas.

Entonces, durante la niñez el cerebro tiene más neuronas, pero menos conectadas. Además existe mucha más anarquía funcional. Un grupo de Harvard liderado Takao Hensch, descubrió un sistema manejado y controlado a través de neurotransmisores inhibitorios (GABA), que auditan cuales neuronas se activan y cuáles no. Sin este manejo sería anárquica la llegada de la información a nuestro cerebro.

Es un sistema que controla a las neuronas, habilitando que terminen los periodos críticos para recibir información con alta potencialidad. Pues no podríamos incorporar estímulos permanentemente de esa manera.

Nacemos aprácticos y sin lenguaje, para rápidamente aprender los fonemas de los seres cercanos, función que se incorpora especialmente en el segundo semestre de vida. Con un sistema nervioso que se abre a la búsqueda; especialmente con las manos, la boca y los ojos sobre el mundo exterior. Así, captura y toma información del mundo exterior con los sentidos y con las neuronas en espejo que se activan con lo que hacen los otros.

Mientras tanto sostenemos la cabeza a los tres meses, nos sentamos a los seis y pasamos de cuadrúpedos a bípedos en el primer año de vida.

Hasta los dos años de vida poseemos menos palabras que los chimpancés a esa edad. No solo para expresarlas, sino los nodos de ideas que constituyen las mismas son menores. En 1967 Allen y Beatrix Gardner en la Universidad de Nevada mostraron que, comparativamente, los chimpancés al año y medio pueden llegar a saber más palabras (a través de un idioma de señas) que cualquier ser humano de ese mismo tiempo de vida.

Recién a los 30 años, el cerebro humano termina de completar su etapa de maduración total

Sin embargo a los 25 meses de vida se produce una explosión semántica, cuando se supera con creces a cualquier otro animal, produciendo miles de ideas, que luego se componen en palabras y oraciones.

El lenguaje se acompaña del desarrollo de las prácticas complejas (praxias) que permiten expresarse con dibujos y convertir esos dibujos en escritura que expresen la ideación. También en movimientos de nuestra boca que los sonidos se conviertan en palabras. Y además en el reconocimiento de nosotros mismos (metacognición).

Nos convertimos en importantes seres sociales. Pasamos a la adolescencia cuando continuamos con la actividad exploratoria, pero en este caso consiste en la búsqueda de nueva experiencia social; conociendo además lo que le pasa al otro (cognición social).

Probablemente esta búsqueda haya servido en forma evolutiva para despegarse del resto de la familia y combinar con nuevos genes de otros grupos. Agregándose a otros sectores sociales, mezclando su carga genética y así evitar enfermedades endogámicas.

El adolescente desarrolla en ese momento su sistema emocional (sistema límbico) antes que su corteza cerebral. Convirtiéndose en más impulsivo y emocional que el adulto. Generando mayor búsqueda de opciones pero también con mayor riesgo de accidentes y enfermedades psíquicas (casi el 50 por ciento de las enfermedades mentales ya se expresaron en la adolescencia).

Se considera actualmente que la adolescencia comienza antes, en relación a lo que se planteaba hasta hace unos años, por el aumento de estímulos. Además se prolongaría más tardíamente, pasados los veinte años, como consecuencia de la mayor expectativa de vida e interdependencia con su familia primaria.

Recién a los treinta años el cerebro humano termina de madurar totalmente. Su corteza más compleja, que es la prefrontal, constituye la capacidad de abstracción y de controlar las emociones e instintos. Llegando a esa edad a su máxima capacidad cognitiva.

A partir de ese momento entraremos en la adultez media desde los 40 a los 60. Tiempo de gran madurez, ya que a un cerebro desarrollado se le agrega mayor experiencia. A pesar que ya se empieza a perder neuronas, capacidades motrices y cognitivas. Algunas como las funciones intelectuales, pueden ser compensadas con el aprendizaje adquirido. Sin embargo las funciones motoras como velocidad o tiempo de reacción pierden performance.

Pero llegará un momento que esa compensación no se podrá realizar en ninguna de las áreas. Entraremos en la vejez, llamada hoy adultez mayor, dada la prolongación de la esperanza de vida. En la actualidad no es igual la expectativa ni la calidad de vida a los 60 años, comparado a lo que sucedía hace apenas 30 años.

Sin embargo en ese tiempo de la vida comenzarán a expresarse genes silenciosos del envejecimiento, que generan muerte celular programada (apoptosis) y por supuesto la neuronal. Si este proceso se acelera se convertirá en la Enfermedad de Alzheimer. Afectando a partir de los 60 años al cinco por ciento de las personas, más allá del género. Incrementándose su prevalencia hasta los 80 años de la persona, momento en el cual más de la mitad de las personas presentan su cerebro afectado por esta enfermedad. Luego, los que pasaron ese momento, ya serán difícil de verse afectados y sufrirán un proceso de envejecimiento lento, de deterioro fisiológico cerebral generado por los años.

Quizá la vida se prolongue aún más y sigan cambiando ciertos paradigmas. Se sabe que a diferencia de otros animales el humano se encontraba programado para envejecer (existen momias ancianas de hace miles de años), sólo que las enfermedades tempranas evitaban la supervivencia.

Entonces el descubrimiento de los procesos cerebrales irá cambiando, modificando recomendaciones en el cuidado preventivo y los tratamientos.

Neurólogo. Doctor en medicina y doctor en Filosofía.
Investigador del Conicet.

@brusco_N
Especial para BAE Negocios