"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos"
Arthur Schopenhauer 

Existe una permanente discusión, desde la filosofía, el derecho, la neurociencia y la psicología, sobre el libre albedrío.

En neurología cognitiva esto podría denominarse como la capacidad y libertad cognitiva de tomar decisiones.

Estas últimas pueden ser de corto plazo, como cuando elegimos rápidamente una salida en la rotonda de una ruta. A mediano plazo, como cuando decidimos una comida en un restaurante; o a largo plazo, cuando determinamos, por ejemplo, casarnos o comprar una propiedad.

Estos diferentes tiempos incluyen procesos cerebrales diferentes. Siendo el corto plazo mucho más reflejo y motor (Corteza premotora) y el largo plazo mucho más planificado y consciente (prefrontal).

Sin embargo, en todos los casos se plantea que las personas sin patologías mentales, sostienen la capacidad de conciencia, aún en las decisiones más breves. En consecuencia mantienen el conocimiento, la libertad y la responsabilidad de sus decisiones. Tanto en su autoría (capacidad de elección), como en la autonomía (ausencia de coerción).

Algunos autores plantaron una especie de determinismo en la conducta humana; como secuencia de neuronas reaccionando, lo que llevaría a una planificación y/o una conducta predeterminada. Esta idea puede ser peligrosa; dado que quitaría responsabilidad ante cualquier acto, incluso punible. Pero además, se caería en el error de obviar la miles de variables que direccionan una elección.

Un conocido estudio, de los años ochenta del siglo pasado, generó una gran discusión en sectores filosóficos y neurocientíficos.

El neurofisiólogo de la Universidad de California Benjamin Libet, estudió la conciencia estimulando el cerebro de pacientes operados del cerebro, estando conscientes y sin dolor.

Observó que al estimular la corteza sensorial de estas personas, estas tardaban más de medio segundo (500 milisegundos) en hacer consciente el estímulo.

Es decir, demoraban más en tener conciencia del estímulo, que sí se generaba desde un lugar periférico y real, como la piel; que devenía consciente en aproximadamente 200 milisegundos.

Observó, que existiría una actividad eléctrica preparatoria, que se anticipa antes de la llegada a la conciencia. Esto sucedería tanto en el acto motor, como en el sensorial que se harían posteriormente conscientes. Existiendo primero esta instancia subconsciente, que planteaba como anticipatoria

Sin embargo, Libet descarta que esta fase preparatoria anule los factores conscientes. Pues, a pesar que la conciencia se enteraría después de actos predeterminados, parte de la toma de decisión sería controlada por la capacidad inhibitoria del humano. Planteada como la posibilidad de inhibir y direccionar los instintos, que en un principio se ha generado inconscientemente.

Esto no es para nada ilógico y va de la mano de estudios posteriores, como el realizado por Christoph Herrmann de la Universidad Carl von Ossietzky de Alemania, que con estudios más nuevos (electromagnetómetro) volvió a observar estos milisegundos preparatorios subconscientes similares; antes que llegue a la conciencia un acto motor.

Este último autor plantea que el libre albedrío se mantiene, en estos casos estudiados. Dado a que se sostiene la autonomía y la falta de coerción. A pesar de cierto determinismo nerológico, como una especie de funcionalidad preexistente. Así, no se invalida la posibilidad de controlar la decisión; sea rápida, intermedia o lenta.

Actualmente se sabe que emocionamos antes que llegue la información del conocimiento a la corteza consciente (por ejemplo, la visión se emociona antes que se perciba).

Además, actividades como la motora se activa antes de ejecutar los movimientos. Pues se prenden las cortezas cerebrales, que planifican el movimiento, que los fisiólogos consideran una función necesaria para arrancar pero sin determinar la conducta final.

Esto sucede tanto al pensar el movimiento como al observarlo. En este último caso través de la actividad de las neuronas en espejo, que copian al otro.

Nos encontramos en la época de la inteligencia artificial y de las redes neuronales. Se sabe que existen claros componentes electroquímicos que corresponden a leyes físicas estándares. Pero las neuronas y sus redes funcionan en forma mucho más compleja. Además, actualmente la física no se anima a predecir cuestiones predeterminadas. Especialmente en cuanto se estudian cuestiones más novedosas e impredecibles como la física cuántica.

Mucho menos se puede afirmar cuestiones no modificables en el sistema nervioso, dada su complejidad. Donde primeramente se aplica la física-química, para luego complejizarse muchos más su funcionamiento en la cartografía neuronal.

Es decir, que existirían mecanismos nerviosos preparatorios que intervienen en lo que sentimos o lo que movernos; aún antes de darnos cuenta. Pero luego queda tiempo consciente, que permite mantener la autodeterminación. Situación clave para sustentar el libre albedrío, así poder elegir entre opciones y tener autonomía para decidir.

*Doctor en filosofía. Neurólogo y psiquiatra.
Prof. titular UBA. Conicet