"No hallé como quien ser, en ninguno. Y me quedé, así: como ninguno" 

Voces (1943), Antonio Porchia

Existen muchas definiciones de personalidad. Se podría integrar una idea global que indica que ésta abarca la emoción, la reacción y las actitudes de la persona en forma estable a lo largo de la vida. Obviamente, con cambios producidos por la situación ambiental y los ciclos vitales, mostrando características individuales más o menos constantes a lo largo del tiempo; en las tomas decisiones a corto y largo plazo, acto final de la conducta como sugiere el neurocientífico Michael Gazzaniga.

La mayoría de los investigadores coinciden en que no se puede hablar de personalidad hasta la adultez; en general se hace un corte arbitrario a los dieciocho años. Es decir, cuando el cerebro alcanzó un alto grado de maduración, aunque no el definitivo, lo que sucede a los treinta años, cuando se mieliniza totalmente el lóbulo prefrontal, base del pensamiento abstracto.

Un estudio publicado recientemente realizado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) evaluó con resonancia magnética nuclear funcional del cerebro de una madre (la neurocientífica Rebecca Saxe) con su bebé recién nacida despierta y en forma conjunta a ambas. Lo llamativo es que a pesar de lo que se pensaba, la bebé presentaba una activación similar a la madre a pesar de su inmadurez, observándose un funcionamiento bastante más parecido entre ambas, lo que lleva a pensar que muchos patrones puedan ser innatos.

Existen instancias constitutivas de la personalidad, llamadas por muchos autores como «rasgos»: conjunto de características que se suman e imbrican en diferentes grados, consumando un tipo de personalidad, sea normal o patológica.

Uno de los principales referentes del estudio de la conformación psíquica de la personalidad fue el psicólogo alemán que desarrolló sus trabajos en la Universidad de Londres Hans Eysenck, quien plantó tres rasgos básicos constitutivos y mensurables de la personalidad: el neuroticismo, la extraversión y el psicoticismo; siendo la extroversión un rasgo de la personalidad que marca sociabilidad y creatividad, el neuroticismo un rasgo implica ansiedad e inseguridad y el psicoticismo una conducta de agresión y desconfianza.

Hay que entender que estos rasgos descriptos por Eysenck pueden tener diferente intensidad, como dos polos (por ejemplo, extraversion/introversion), estando engramados en la personalidad normal siendo que probablemente la mezcla de estos marcará la idiosincrasia e individualidad de cada sujeto. Es decir, son rasgos presentes y estables en el tiempo de personalidades pertinentes pero que podrían desbocarse, para transformarse en un trastorno: sujetos que padecerán probablemente gran parte de su vida dificultades para adaptarse a la estructura socio-cultural.

Este investigador le asignaba una base biológica a cada una de estas funciones básicas de la personalidad. Por ejemplo, la extraversión se la atribuyó al sistema activador del cerebro (SARA: sistema activador reticular ascendente), o el neuroticismo al sistema interno de respuesta emocional y de homeostasis llamado «sistema autonómico». Sin embargo, no obviaba ni la influencia ambiental que produciría modificaciones ni el sustrato genético de este fenotipo conductual.

Este sustento cerebral, con el avance de la neurociencia se ha complejizado enérgicamente, pero sin dejar de tener cierta verdad sobre la conducta humana. Así, Eysenck fue uno de los investigadores que dio sustento a la psicología cognitiva, siendo pionero en el estudio de estos procesos. Estas características son normales y su alteración puede llevar a trastornos de las mismas, llamados «trastornos de personalidad». Es decir, son la base conductual y estable en el tiempo que nos lleva a ser quienes somos, lo cual muchas veces se acompaña de problemas sociales, constituyendo las bases patológicas de la personalidad como son los trastornos de ella, que alimentan la prevalencia de padecer enfermedades psiquiátricas asociadas como depresión, ansiedad grave o adicciones, entre otros. La personalidad finalmente es lo que somos y sobre ella se puede generar patología.

Estos tres rasgos luego sufren modificaciones por diferentes escuelas como la de Golberg y se le agregan dos rasgos más. En realidad, divide al psicoticismo entre hostilidad y responsabilidad y se le suma la «capacidad de apertura a las experiencias». Estos rasgos son llamados los cinco grandes rasgos de personalidad establecidos por Robert MaCrae y Paul Costa: extraversión, estabilidad emocional (neuroticismo), hostilidad/amabilidad, responsabilidad y búsqueda de experiencias. Este modelo de cinco grandes rasgos («Big Five») también es llamado «pentafactorial».

Luego varios estudios incorporaron lo social, existe así en trastornos antisociales de la personalidad una falla en la respuesta emocional a situaciones graves. En una especie de desconexión entre el sistema amigdalino emocional con el lóbulo prefrontal, que termina afectando la toma de decisiones. La alteración de este circuito operacional y la amígdala disminuyendo fuertemente la empatía. Así, las personas con trastornos antisociales no sufren cuando toman decisiones, donde se afectan los otros, pero sí cuando son puestos en riesgo.

Algunos autores agregan otras características a la personalidad, especialmente en el comportamiento deshonesto conocida como la tríada oscura, caracterizada por una personalidad en la que poco importa el otro, caracterizado por insensibilidad del manipulador.

Delroy Paulhus y Kevin Williams incorporan el narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía. Los caracteriza rasgos vinculados con muy poca empatía intersubjetiva y con grandes riesgos para la sociedad, desde altos conflictos, hasta la posibilidad de cometer crímenes con un claro componente antisocial. El narcisista presenta una fuerte sobrevaloración y frustración ante las críticas y trata de agradar, pero sin importarle el otro. El maquiavelismo es el manipulador de los otros para su propio beneficio y la psicopatía que se caracteriza la conducta antisocial, amoral e impulsiva y sin interés por los demás; con ausencia de remordimiento.

En 1998, McCoskey, Worzel, y Sarto plantearon que estos rasgos narcisismo, maquiavelismo y psicopatía son más o menos intercambiables. Actualmente un grupo de investigadores de la conducta de Canadá agregó un sexto rasgo de personalidad constituyendo lo han dado a llamar «hexaco». Le agrega la honradez-humildad, que podría corresponder a la evaluación de esta tríada oscura de la personalidad.

A pesar de esta gran complejidad de rasgos, existe una posibilidad de simplificar este estudio evaluando circunstancias intersubjetivas o intrapersonales, basándose en la teoría de los dos grandes rasgos básicos cuando nos enfrentamos en situaciones primarias, como al entrar a una reunión o en una entrevista: la determinación (agencia) o la amabilidad (comunión). Ambos rasgos serán los más descriptos por las personas cuando tengan que autodefinirse. En general el primero será el elegido ante la evaluación social, aunque el segundo será lo que más se considerara en pruebas laborales.

*Neurólogo cognitivo. Doctor en medicina y doctor en filosofía