Ignacio Brusco
@brusco_N
Especial para BAE Negocios

“Todo nuestro conocimiento nos viene de las sensaciones”
Leonardo Da Vinci

Pocas cuestiones son tan abstractas y a la vez más presentes en lo cotidiano de la vida como los estímulos sensoriales. Si bien existen consensos generales sobre lo que sentimos, es difícil precisar con exactitud que son las sensaciones. Así, sería difícil coincidir entre personas, sobre qué ven realmente cuando describen un color, un perfume o que sienten exactamente ante un pinchazo.

Por ejemplo: el dolor es un mecanismo normal (fisiológico), que nos defiende de todas las agresiones que recibe nuestro cuerpo. Ya sea internas como externas al mismo. Entonces, si se agrede por ejemplo a un pie; se genera a través del sistema de dolor, un mecanismo de defensa corporal, retirándolo del suelo. En caso de no sentirlo, podemos sufrir una lesión en el mismo. Como sucede en muchas personas diabéticas; que al no sentir dolor por una trastorno de su sensibilidad periférica pueden lastimarse.

Los sentidos son la expresión de un idioma neurológico muy complejo

Esta complejidad y subjetividad genera un contexto muchas veces desconcertante a la hora de expresar un problema sensorial o de cómo tratarlo, si la persona padece un problema del mismo. Si bien se conocen que intervienen varios moduladores neurobiológicos de las sensaciones, (constituyendo un real idioma neurológico) en donde participan neurotransmisores y diferentes zonas del sistema nervioso.

Todavía sería difícil definir exactamente cada una de las sensaciones, mucho menos las variantes cualitativas de las mismas. Pues los sentidos son la expresión de un idioma neurológico muy complejo. Integrado por unos pocos neurotransmisores y receptores, pero multiplicados millones de veces.

Creándose así una instancia muy individual. Proceso comparable con el ADN, en el cual con cuatro sustancias se pueden generar los procesos más complejos de transmisión de la información. A partir del sistema neuronal cerebral con casi cien mil millones de neuronas, conectadas miles de veces, se va produciendo un enmarañado sistema interno pero comunicado con el exterior.

Generando procesos complicados sobre cualquier sensación, pero siendo cuestiones tan abstractas; que tiene a la subjetividad en su máxima expresión. Por ejemplo: Muchas veces no creemos en el dolor que expresan pacientes que no padecen de una patología concreta, pero que sin embargo lo expresan y seguramente lo sientan.

Los dolores somáticos podrían ser explicados por un doble juego psicológico y biológico

Así, existe un dolor concreto ante la agresión a piel (dolor nociceptivo), un dolor que producen nuestros nervios en forma directa y que puede afectarse en las patologías de los nervios periféricos (polineuropatías) y un dolor somático que es profundo y difícil de localizar asociados a dolores mediales, en general pélvicos o abdominales. Pero muchas veces es como si se disparan factores de dolor sin explicación. Pudiendo ser neurológicos o psicológicos.

Pero por suerte existen, mecanismos de control de sensorial cerebrales; es decir un control interno de sistemas que descienden desde el encéfalo; que regulan al sistema perceptivo. Inhibiendo sensaciones erróneas, como las alucinaciones. En el caso del dolor se describen sistemas analgésicos internos, similares a los medicamentos analgésicos opioides.

Es decir que recibimos información sensorial, que es filtrada por un gran sistema controlador de las cuestiones conscientes de realidad. Pudiendo fallar; descontrolando la información que ingresa. Sea porque se produce información excesiva o porque no es filtrada correctamente (por el tálamo y la corteza cerebral). Muchas veces los dolores somáticos podrían ser explicados por un doble juego en el que trabajan dos factores: los psicológicos y los biológicos, muchas veces no pasibles de diferenciar.

Así, o el tacto o el agua pueden enmascarar dolores desde el punto de vista funcional. Dado que estimulan vías en paralelo, que compiten y de esa manera anulan al dolor. Aunque al mismo tiempo la ansiedad psicológica puede aumentarlo. También existen casos de pacientes psicóticos en los que descontrola la sensopercepción auditiva, visual o corporal dando alucinaciones (incluso dolorosas).

Es decir una percepción inexistente de la realidad. Poco podríamos decir sobre la veracidad de estas sensaciones; sabiendo que en aunque en realidad estas sensaciones son inexistentes externamente, el paciente las vive como reales. Esto puede producirse cuando este sistema de control sensorial se desequilibra. Sea en la Esquizofrenia, en etapas del Alzheimer, en los retrasos madurativos, o en el consumo de sustancias y algunos medicamentos, entre otros problemas.

Muchos trabajos plantean que en estos pacientes se están produciendo actividad en la zona de su cerebro relacionada a esas funciones. Son cuestiones claramente subjetivas y abstractas pero con bases neurológicas. Siendo el origen de un síntoma tan personal como incomprobable