Científicos y personal de salud cuestionaron el uso del tapabocas al aire libre, poniendo en duda su protección en el exterior.  En esta línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda utilizarlo al aire libre en el caso de que no pueda respetarse una distancia de al menos un metro. 

En Argentina, a través de la Resolución 95/2020, se dispuso su uso obligatorio en lugares públicos como supermercados, farmacias, bancos y  transporte público.

Desde el Gobierno nacional, recomiendan utilizar barbijos caseros y no así de uso quirúrgico o reglamentario ya que éstos son los que "necesitan las personas que trabajan en los equipos de salud para estar protegidas". Recientemente, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) lanzó los barbijos de uso social Atom Protect  que resisten hasta 15 lavados. Pero, ¿es su uso realmente necesario para actividades al aire libre?

En una nota que se publicó este jueves en El País de España, se detalla la opinión de varias personalidades reconocidas del ambiente de la salud, sobre el uso del tapabocas.  

Contagios de Covid y tapabocas al aire libre

La médica Trish Greenhalgh, de la Universidad de Oxford del Reino Unido sostiene que el coronavirus se transmite de manera predominante por el aire, a través de aerosoles que se acumulan como un humo invisible al hablar o toser, según expuso junto a un equipo de científicos en la revista médica The Lancet. En este sentido, y con el fin de brindar una solución al problema, proponen evitar los interiores compartidos con personas no convivientes, aumentar la ventilación, utilizar mascarillas bien ajustadas dentro de los locales y reducir los aforos.

Al aire libre solo es necesario ponerse la mascarilla cuando hacemos ejercicio extenuante, por ejemplo al correr, si pasamos muy cerca de otras personas, por ejemplo en una acera”, indicó la investigadora quien además aconsejó: “No es necesario llevar mascarilla al aire libre, porque el virus en el aire se disipa rápidamente. Pero si inhalo el aire que acabas de exhalar, estoy en riesgo”, sostuvo.

En igual sintonía, el ingeniero químico Martin Bazant, autor de una herramienta interactiva para calcular el riesgo de infectarse, insistió en que la transmisión aérea del virus en interiores es la principal culpable de la pandemia.  A su vez, entiende que todos los contagios multitudinarios conocidos se han producido en interiores y fue producto de ambientes cerrados y mal ventilados. En esos casos, sí considera el uso imprescindible de la mascarilla.

Los contagios al aire libre han sido extremadamente infrecuentes, incluso al principio de la pandemia, cuando nadie llevaba mascarillas”, sostuvo el Ingeniero del Instituto Tecnológico de Massachusetts que además explicó que, en exteriores, el aire exhalado por la boca suele estar más caliente que el del entorno, por lo que tiende a elevarse rápidamente y es arrastrado por las corrientes. 

En tanto, la investigadora Lidia Morawska lideró durante el último año el movimiento científico que ha convencido a las principales autoridades sanitarias de la importancia de la transmisión aérea del coronavirus.

Morawska, es la codirectora del Centro para la Investigación de la Calidad del Aire de Australia-China, también es contundente: “Siempre he dicho que al aire libre, cuando uno se está moviendo y puede mantener una distancia razonable, las mascarillas no son necesarias. Por ejemplo, al caminar por un parque, al correr o al montar en bicicleta. Sin embargo, necesitamos mascarillas al aire libre si estamos en una multitud y muy cerca de otras personas”.

Por su parte, la OMS publicó un documento, en el que contribuyó Morawska,  en donde recomendó una tasa de ventilación mínima de 6 a 12 cambios de aire, en los que se reemplaza todo el volumen de aire de la habitación, por hora para evitar la transmisión de patógenos por el aire en los centros de salud, pero una tasa más baja de cambios de aire para otros lugares. 

En este sentido, la Sociedad estadounidense de Ingenieros de Calefacción, Refrigeración y Aire Acondicionado (ASHRAE) establece estándares mínimos para la calidad del aire interior. Los objetivos recomendados son tan solo 0,35 cambios de aire por hora para los hogares, 2 a 3 para las oficinas, 5 a 6 para las escuelas y 6 a 12 para los hospitales.

“A medida que se implementan las vacunas y disminuye el riesgo de infección, se cierra la ventana de oportunidad para reparar la mala calidad del aire interior”, sostiene Morawska. “Esto no ha pasado todavía. Pero el año que viene, puede que sea demasiado tarde”, finaliza.