De cara a una nueva gestión de gobierno de la mano del mandatario electo, Alberto Fernández, los movimientos feministas esperan un cambio en la forma de abordar las problemáticas en torno a la violencia y discriminación de género. Mientras que durante la presidencia de Mauricio Macri, el Consejo Nacional de las Mujeres —que tenía rango ministerial y, por lo tanto, la capacidad de administrar su propio presupuesto— fue degradado a Instituto bajo la órbita de Desarrollo Social, Fernández prometió crear un Ministerio de la Mujer (o de la Igualdad), que apuntaría a regular las políticas públicas para fomentar la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres.

Gala Díaz Langou, directora del programa de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), participó de la presentación de la campaña de concientización del Consejo Publicitario Argentino "Cosas como estas", que visibiliza los estereotipos y la brecha salarial.

En su charla, Díaz Langou planteó la necesidad de que el Estado impulse, en red con otros actores de la sociedad, políticas para una mejor distribución de las tareas de cuidados, que generalmente recaen sobre las mujeres. “Si creásemos, por ejemplo, espacios de primera infancia para que puedan ir solamente la mitad de los chicos y chicas de menos de cuatro años, crearíamos 1,3 millones puestos de trabajo. Esto es un tercio de las personas que están desocupadas. El 56% de esa inversión vuelve en dos años a través de impuestos. En la próxima gestión de gobierno, solamente esa inversión podría hacer crecer el PBI en 5,5 puntos”, analizó.

En diálogo con BAE Negocios, analizó cuáles son las políticas públicas que considera deberían implementarse para eliminar los estereotipos en las publicidades, y su perspectiva a futuro de cara al nuevo gobierno.

Para desmontar los estereotipos en las publicidades, ¿deberían crearse políticas públicas concretas que apunten a eso, o las leyes y tratados internacionales existentes son suficientes?
—Claramente, el Estado tiene que tener un rol preponderante en desestereotipar la publicidad. Hay muchos países que lo hicieron en forma bastante interesante. En primer lugar, toda la comunicación pública, que hace el Estado, debería tener lenguaje inclusivo y estar libre de estereotipos, lo cual es básico. En segundo lugar, hay muchos países que vienen avanzando en identificar cuáles son los publicistas, las agencias y los medios que tienen mejores perspectivas. Simplemente es informar eso, y ya tiene un poder de premio y de castigo frente a la opinión pública. En tercer lugar, países como Islandia han avanzado bastante en sancionar la publicidad sexista. En Argentina tenemos herramientas, el Enacom tiene resoluciones específicas, el Instituto Nacional de las Mujeres tiene un observatorio de violencia machista en los medios. Recordemos que la violencia excede lo físico: hay violencia simbólica, violencia patrimonial, y todo eso es representado en los medios. Hay herramientas, pero es necesario que este tema se jerarquice y que esté articulado detrás de una mayor voluntad política para que se traduzca en acciones más concretas, que exceda a lo discursivo.

Desde las instituciones, ¿pensas que debería nombrarse alguna autoridad especializada para dedicarse a fomentar la equidad de género?
—Es necesario entender que el cambio cultural es muy difícil de desarticular desde un solo actor. Requiere un trabajo mancomunado de una multiplicidad de actores. Desde CIPPEC y nuestra visión del potencial de las políticas públicas, creemos que hay un rol relevante del Estado en liderar esto. Pero ese rol no puede ser en soledad. Tiene que estar articulado con el sector privado, con los distintos poderes del Estado --la Justicia también tiene un rol súper importante, más allá de las defensorías, en cómo se determinan algunas cuestiones que se judicializan. La sociedad civil, el sistema educativo, los movimientos sociales; es una red enorme de actores que hay que articular y que creo que estamos en el momento propicio, porque la sociedad está en efervesencia sobre este tema y este límite de ‘hasta dónde se pueden decir ciertas cosas, cuál es el impacto’, está en revisión. Ahí es importante que el Estado tenga un rol de liderazgo en, por lo menos, abrir la discusión en cómo se toman esas definiciones.

¿Cómo ves los avances a futuro, con el cambio de gobierno y la promesa de un Ministerio de la Mujer o de la Igualdad?
—Es una buena noticia que haya un órgano rector en materia de género, de igualdad, para las distintas personas, independientemente de su identidad. Es fundamental entender que no es que hayamos llegado a algo, sino que estamos empezando a recorrer un camino. Este ministerio, que implica la intervención del Ministerio de Trabajo, de Educación, Desarrollo Social, Hacienda, junto a las provincias y distintos actores no estatales, si no tiene voluntad política clara detrás que le permita articular toda la cartera de políticas públicas que hay en género, no va a llegar a eso. También se necesita que esto se traduzca en la más clara muestra de voluntad política, que es la asignación de recursos. Es necesario que este ministerio cuente con un presupuesto, o que por lo menos tenga control de la asignación de los recursos que van a las políticas que implementan otros ministerios para realmente generar una visión integrada de lo que se requiere en términos de género. En particular, el tema de los cuidados es central que esté lo más alto posible. Se habló de direcciones para generar un sistema de cuidados; es imposible generar un sistema a partir de una dirección, porque implicaría que le tenga que decir qué hacer a un ministerio. Ahí es súper relevante tener una visión de Economía Política, y que el próximo gobierno vea cómo jerarquizar algunas de estas cuestiones que son clave para desenmarañar esta red de desigualdad que tenemos hoy en día.

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