La conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente nos encuentra sorprendidos por la mejora en las aguas y el aire de muchas grandes e icónicas ciudades que se han podido ver en las últimas semanas. Estas mejoras están vinculadas con las cuarentenas establecidas que han reducido todas las actividades industriales en el planeta como nunca antes había pasado.  ¿No es obvio, entonces, que la contaminación de origen antrópica (esto es, producida por el mismo hombre) está deteriorando gravemente nuestro planeta?

Los argumentos antagónicos entre economía y protección del ambiente plantean una falsa
dicotomía.
Es la misma base del pretendido dilema de le economía o salud que tuvimos
oportunidad presenciar en nuestro país, así como en otros, a raíz de la paralización de la actividad económica como consecuencia de las cuarentenas.

No puede haber economía sin salud. El último objetivo de la economía es que la población pueda desarrollarse con felicidad hacia los logros personales individuales de sus integrantes que definirán su misma existencia.

¿Qué sentido tendría tenerla si no estamos sanos (o vivos) para lograrlo? ¿Cómo podría una
economía desarrollarse sin nosotros, los individuos? Del mismo modo, una economía que no se sustenta de una manera viable es una contradicción en sí misma.

La actividad humana, genera residuos. La actividad industrial, naturalmente también. Ello impacta el aire, el agua, el suelo. O sea, nos impacta a todos. ¿Cuántas veces escuchamos el argumento, falaz, por el cual se justifica no tratar los residuos para poder pagar los sueldos? Ya sabemos que el costo ocurre, independientemente de quien lo pague.

La industria (y en general, la actividad) que no sustenta su funcionamiento mitigando los efectos que causa, delega en la sociedad el costo del mismo. Una disposición de residuos (sean sólidos urbanos o industriales, sean peligrosos o no) inadecuada impactará en el ambiente sin ninguna duda. Pero ese ambiente es en el que nosotros desarrollamos nuestra vida.

En la Argentina hay, según el Ministerio de Producción, alrededor de 600.000 empresas de la
cuales un tercio, es decir, unas 200.000, son generadoras de residuos industriales y peligrosos.

Sólo un 10% de las empresas en cuestión realizan el tratamiento de los residuos en forma
adecuada,
ya que hacerlo genera un “alto costo” que no pueden o no quieren afrontar. El otro
90% lo hace no sólo rozando la ilegalidad sino zambulléndose en ella.

El tratamiento de los residuos generados a nivel industrial no puede ser contabilizado como un costo adicional, sino como parte de los costos de todo el proceso de producción. Es inadmisible que se contemple otra alternativa. A nadie se le ocurre sostener una industria sin pagar por la electricidad o los salarios de su gente.


El detalle es que los residuos igual se generan, aunque no se pague por su tratamiento. Esos
residuos terminan en zonas marginales, contaminando suelo, napas, ríos y arroyos. En general, cerca de poblaciones asentadas irregularmente.


Por el contrario, tener que afrontar el costo de tratamiento hará que las empresas busquen
producir con menor impacto con el objeto de reducir sus costos.
Ahora que hemos podido comprobar lo rápido que mejora el ambiente cotidiano cuando dejamos de contaminarlo, en este nuevo Día del Ambiente, hago votos para llamar a las empresas, los individuos y a las agencias de control para que todos nos ocupemos de impulsar una economía con salud y con ambiente sano. 


No hay economía sin salud así como no hay salud sin ambiente.


* presidenta de Catries, gestión de residuos industriales