El 40 por ciento de los jefes de hogar no tiene un empleo formal, jubilación ni plan social en las villas porte- ñas, donde además el número de menores de 17 años duplica al del resto de la población, según un informe elaborado por la Defensoría del Pueblo y la UCA con datos censales y propios difundido ayer.

Durante la presentación del “Informe de Trabajo sobre las Villas Porteñas 31, 31 Bis, 20 y Piletones” (que representan el 31 por ciento de la población que vive en asentamientos urbanos), sus autores reclamaron que los programas de urbanización tengan en cuenta esas diferencias sociodemográficas a la hora de decidir qué políticas públicas deben acompañar las mejoras habitacionales y de infraestructura.

Además, hicieron hincapié en la importancia de considerar esa “heterogeneidad no siempre visibilizada” entre las partes a ser integradas -villas y resto de la Ciudad-, porque “los procesos de urbanización no son sólo físicos”.

“El actual Gobierno de la Ciudad emprendió acciones importantes en materia de urbanización (de villas) que apuntan a la integración. Es bueno que eso ocurra, pero ¿es correcto el diagnóstico? ¿Es un problema exclusivamente de construcción de infraestructura o es más complejo?”, se preguntó Agustín Salvia, director de investigación del Observatorio de la Deuda Social de la UCA.

El estudio reveló que cuatro de cada 10 jefes de hogar no tienen ingresos provenientes de un empleo asalariado o asociado a algún programa de asistencia social, mientras que en los barrios urbanos formales ese porcentaje alcanza sólo al 15 por ciento.

“Esta situación se debe a muchos factores: falta de documentación o información, requisitos incumplibles o la condición de migrante internacional, todas situaciones que también se asocian a la marginalidad”, explicó Salvia.

Además, el informe mostró que apenas dos de cada 10 jefes de hogar tienen un empleo formal en la villa, porcentaje que se ve cuadruplicado entre sus pares del espacio urbano formal. El 43% de la población de las villas son chicos de hasta 17 años.

“Es una población con pocos aportantes de ingresos, muchas bocas que alimentar y muchas demandas que satisfacer desde el punto de vista de salud, educación, recreación y socialización”, enfatizó el investigador.