La Enfermedad de Alzheimer es considerada una de las actuales pandemias más problemáticas. Quizá la más grave y costosa. Con fuertes impactos en la persona y su familia, así como costos sociales y económicos, dado que multiplica por diez el gasto en salud de los adultos mayores que, de por sí, ya es muy alto considerado uno de los grandes problemas de la mayoría de los países desarrollados y subdesarrollados.

Las medidas sanitarias apuntan en la actualidad a la prevención primaria, es decir tendientes a evitar o retrasar el comienzo de esta enfermedad neurodegenerativa.

Pues si se retrasara el comienzo de la misma en cinco años, bajarían a la mitad la cantidad de pacientes con la mejoría sanitaria e individual que esto significaría. Aún más, algunos científicos plantean si se demorara diez años el inicio de los síntomas bajaría un setenta y cinco por ciento el número de casos.

En ese sentido, toma trascendencia el diagnóstico precoz, aún antes que la enfermedad suceda. En este contexto cobra mucha importancia la visita al XXI Congreso Argentino de Alzheimer, del jefe del Centro de Investigación en Demencias del Hospital Parisino Pitié-Salpêtrière, Prof. Dr. Bruno Dubois. Uno de los pioneros en describir los factores prodrómicos de la Enfermedad de Alzheimer a nivel Mundial y presidente de la Sociedad Francesa de Neurología

En este congreso (realizado el pasado 9 de junio), organizado por el Programa Nacional de Alzheimer (PRONADIAL) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Asociación Alzheimer Argentina; este científico recibió el Doctorado Honoris Causa de esta Universidad por su labor científica. Y presentó su experiencia y los nuevos paradigmas. A lo que se sumó la exposición de médicos e investigadores argentinos referentes en esta patología.

Los estados prodrómicos se demuestran con los marcadores que pueden encontrarse en un periodo prolongado antes de que comience la enfermedad. Estos son los llamados biomarcadores.

Se clasifica así en tres etapas previas sin ningún síntoma. Luego el comienzo de la patología presenta en general un mínimo trastorno de la memoria reciente, síntoma que acontece en el 85 por ciento de los pacientes de los pacientes.

Es decir que muchos años antes (se considera actualmente 40 años previos) ya pueden encontrarse factores mensurables que permiten hacer una presunción diagnóstica de riesgo.

Aunque no es todo tan simple. Se deben conjugar varios de estos marcadores para acercarse a la posibilidad de evaluar una alta predisposición a padecerla o pensar que se está ante esta enfermedad. Aunque, aún con todos estos factores positivos asociados nunca se arriba al cien por ciento de certeza, más aún en los casos atípicos.

La única seguridad sigue siendo la anatomía patológica, cuestión que normalmente no se realiza. Pero que consiguen acercarse porcentualmente a cierta certeza diagnóstica de esta problemática.

Y poder pensarla en los casos atípicos, en los que la enfermedad comienza por un trastorno que no sea la memoria. Como por ejemplo el lenguaje, la conducta o sectores posteriores del cerebro, que por cierto dan síntomas muy complejos e infrecuentes. En los casos más infrecuentes además de conjugar los datos, muchas veces debe esperarse la evolución de la misma para arribar a una presunción diagnóstica. La cual sin embargo siempre será probable o posible, sólo definitiva sería con anatomía patológica (es decir ver el tejido en el microscopio).

Uno de los métodos biomarcadores de mayor certeza en estos casos es observar el depósito de beta amiloide en la tomografía por emisión positrones (PET) el otro es la medición del volumen del hipocampo o la medición de proteínas en líquido cefalorraquídeo, aunque este último es un método más cruento. Se deben conjugar los biomarcadores, pues los mismos generan falsos positivos que pueden confundir.

Sin embargo aún llegando a la presunción diagnóstica no existen métodos actuales que retrasen o detengan la enfermedad.

Lo importante sería actuar mucho antes que se presenten los síntomas. Porque una vez acaecidos comienza una cascada de muerte neuronal. Que las terapias actuales ni detienen.

Con todo, a estos biomarcadores que se utilizan en conjunto, y sumándole la medición de genes. Especialmente la APOE4 u otros conjuntos de genes, sólo posibilitan un acercamiento al diagnóstico presuntivo en un porcentaje alto de certeza. Que sin embargo es mucho más que lo que había hace diez años.

Existen otros casos (sólo el 5 por ciento), que confirman el diagnóstico por ser de herencia autosómica dominante, que corresponden a mutaciones genéticas como se describe en la conocida película "Por siempre Alice".

La enfermedad de Alzheimer conlleva a una progresiva muerte neuronal programada. Una especie de suicidio neuronal rápido, que sigue un camino neuroanatómico que al generar una atrofia cerebral hace que el cerebro envejezca más rápidamente de lo que debería suceder; y más rápido que el cuerpo humano que lo contiene. También da síntomas asociados a las áreas cerebrales disminuidas, los que luego se generalizan a todas las funciones cognitivas al atrofiarse toda la corteza.

Esta enfermedad se dispara en la adultez mayor, a partir de los 60 años incrementándose hasta los ochenta y cinco. Impacta en más de la mitad de las personas de ochenta. A partir de un estudio de la Organización Mundial de la Salud; países con la población envejecida debido a las campañas que obligaban a tener un solo hijo como China, han repensado y reprogramado esta compulsiva planificación familiar, pues en 20 años tendrían un enorme cantidad de pacientes con Alzheimer. Lo que rompería cualquier sistema de salud y economía.

Se plantean que existen causas modificables que influyen en la expresión de múltiples genes que predisponen a la muerte neuronal, muchos de ellos se combinan y así se expresan (epigenética). Entonces, controlando la presión arterial, el tabaquismo, el colesterol, el alcohol, el sedentarismo y la obesidad; además de realizar ejercicio aeróbico programado, controlar el estrés y un dormir correcto (entre otras cuestiones) puede mejorar la performance a futuro de estos posibles pacientes.

El diagnóstico de riesgo precoz, a través de los biomarcadores, promueve actuar sobre múltiples factores de riesgo modificables. Con un retraso del comienzo o un mejor diagnóstico de la enfermedad cerebral y así reducir el número de casos, con el impacto médico, económico y social que esto conlleva.

*Neurólogo.
Doctor en medicina y doctor en filosofía.
Investigador del Conicet