"La actividad creativa es un tipo de proceso de aprendizaje en el que el maestro y el alumno se encuentran en la misma persona"
Arthur Koestler

Se han generado grandes descubrimientos antropológicos en las últimas décadas. Uno de ellos hace pensar que los procesos de creatividad del humano se han desarrollado mucho tiempo antes de lo que se suponía.

Habría que dividir arbitrariamente en dos momentos evolutivos estos avances cognitivos, el primero en el comienzo de nuestro linaje evolutivo que empezó hace seis millones de años; en los que nos dividimos de los chimpancés y otros monos.

El segundo del comienzo el comienzo del Homo Sapiens con un impactante desarrollo cerebral y cultural, generado desde hace más de 200.000 años.

En ese último periodo cuando ya nos constituimos en el mundo como humanos; con bipedestación, menos pelos y gran desarrollo cognitivo-motor; asociados a un cerebro de 1300 a 1400 gramos. Francamente más grande que nuestros primeros antecesores que tenían un cerebro aproximadamente de un tercio del nuestro.

Las primeras actividades tecnológicas corresponden al tallado de huesos hace más de tres millones de años, descriptas en Dikika, en Etiopía o lacas de piedra trabajadas en Gona, también en Etiopía datadas en 2.6 millones de años.

Uno de nuestros primeros antecesores bípedos y sociales fue el Australopithecus Afarensis (Lucy) que tenía un cerebro de alrededor de 400 gramos, que sin embargo posibilitó el desarrollo de los primeros avances en aprendizaje. Por cierto, por la línea evolutiva de los monos, con un cerebro de tamaño semejante, como el de los chimpancés, también utilizan herramientas, como piedras para cascar nueces o ramas para extraer agua de lluvia de huecos de los árboles o cazan hormigas con un palito en la entrada del hormiguero por donde suben los insectos y luego se los comen. Esta última conducta fue observada en un chimpancé hembra que además les enseñaba el procedimiento a otros componentes de su grupo.

Sin embargo, nunca desarrollaron más que esta función, ni incrementaron su tamaño cerebral. A diferencia del humano que si lo consiguió. A medida que creció el cerebro y el tamaño de grupos, nuestros antecesores pudieron dominar el fuego, hace un millón de años. Posteriormente manipular puntas líticas fijadas a mangos de madera en un yacimiento de Kathu Pan en Sudáfrica, hace aproximadamente 500.000 años.

Todos estos períodos son muy anteriores a los hallazgos de creatividad cultural y simbólica encontrados en África, datados de hace 90.00 años y de Europa hace apenas 40.000 años.

Se considera que no sólo el tamaño cerebral, sino el espacio intersticial neuronal en donde se desarrollan las redes neuronales ayudó como proceso de incremento cognitivo. Este sistema nervioso no sólo se estimula y aprende, sino que produce innovación creativa generando el Impulso Cultural según descripto por Allan Willson de la Universidad de California en Berkeley. Planteó la hipótesis sobre una relación directa entre tasa de innovación y el tamaño cerebral.

En el homo sapiens, este impulso habría generado un cerebro que asocia y además genera analogías, a partir de los millones de estímulos percibidos. Así desarrollamos la corteza prefrontal, que ocupa casi un tercio de todas las cortezas; base de la capacidad de síntesis y abstracción (prefrontal dorsolateral), asociación analógica (polo prefrontal); y procesamiento de metáforas (giro prefrontal lateral inferior). También se complejizan las áreas de planificación motoras y el cerebelo, necesarias para la gran coordinación motora-cognitiva y el lenguaje.

El crecimiento cerebral, el lenguaje y la alimentación son esenciales para el desarrollo de esta función

Esta corteza tan compleja no puede ser pensada fisiológicamente en forma general, pues diferentes zonas pueden generar diferentes procesos. Incluso existen zonas que activan la creatividad y otras que la disminuyen, actividades contrarias que se presentan en partes específicas de lóbulo. Por ejemplo, el orbitario prefrontal inhibe y la zona ventro-medial estimula la voluntad.

No se considera actualmente de relevancia un hemisferio contra el otro. Ambos contribuyen a los procesos de creatividad. Que de por sí es muy variada; como las artes, la ciencia, áreas empresariales y políticas entre otras. El proceso creativo así es muy variado y puede ser tan complejo como plantea la neurocientífica cogntiva Anna Abraham de la Universidad de Beckett de Leeds, describiendo la diferencia de lo que podría ser parecer similar; como escuchar música, ejecutarla, componerla o improvisarla, pero que sin embargo implican funciones cognitivas diferentes. El aumento de volumen cerebral se asoció con el desarrollo de la funcionalidad de la neurotransmisión dopaminérgica; tanto a nivel frontal como extrapiramidal, lo que madura el desarrollo intelectual y motor. Este neurotransmisor se encuentra relacionado con la actividad creativa, que requiere de ambas funciones.

Lo que sí puede saberse es que el proceso creativo es muy poco manejable, es difícil manejar o generar actividades que lo mejoren. Pero la epifanía puede ocurrir en el momento menos esperado. Se necesita sin embargo momentos de reposo, llamados de "fluidez" para que concurran las mejores ideas creativas y entonces capturarlas.

Junto a este proceso cerebral fue clave el crecimiento demográfico del humano, lo cual parte del instinto gregario primitivo que complejiza y genera grandes grupos que comparten ideas y que tal posibilidad innovadora junto a la copia y el aprendizaje generan la acumulación de información.

También fue clave para el desarrollo cerebral la incorporación de una alimentación con diversidad con gran cantidad de calorías y proteínas; que sirvieron base para un gran cerebro. Con un alto consumo energético y de gran volumen en comparación al cuerpo.

La posibilidad del trabajo grupal entre congéneres de la misma especie está muy descripto, aún en animales con un cerebro muy primitivos como las hormigas y termitas. Para realizar los hormigueros o termiteros, que son estructuras de alta complejidad se necesita del conjunto del grupo. Esto sucede por supuesto también en los primates, aunque en forma mucho más compleja aún.

Cuando se estudian en test cognitivos de niveles de complejidad progresivos a chimpancés versus niños, éstos últimos tienen mucha mayor performance y una clara tendencia a al diálogo y de resolver en forma cooperativa los problemas. El lenguaje y el diálogo sirven como proceso instintivo e instrumental de comunicación intersubjetiva pero además para la enseñanza del aprendizaje, a través de la transmisión muy perfeccionada de los procesos de innovación.

El proceso de creatividad es un instrumento clave sobre el desarrollo evolutivo y el impacto cultural del humano, como plantea actualmente la antropología y la neurociencia cognitiva, que habría comenzado mucho antes de lo que se pensaba.

El crecimiento cerebral, las redes neuronales, la conducta gregaria, el lenguaje, la fluidez y los cambios la alimentarios, parecen haber sido esenciales para el desarrollo de esta función sustancial.

*Neurólogo, Psiquiatra y Doctor en Filosofía.
Prof. Tit. UBA. Fundación Humanas. Conicet